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jueves, 26 de noviembre de 2015
TRAS ESA PUERTA
Tras esa puerta
un largo pasillo
y voces que casi
podría conocer
y un hueco
con el que se asusta
a los niños
y los niños, algunos
tras otra puerta
a través
o frente a ella:
algo que no importa.
Tras los niños, otros
diferentes
más o menos niños
y así sucesivamente
de todos los tamaños
y formas
hombres y mujeres
en todas direcciones
y tras ellos sus vehículos
y tras ellos, más
y otros
y animales rotos
y lugares que contienen
otros lugares que contienen
otros lugares compuestos
por rincones tan lastimosos
que ni pueden contenerse
a sí mismos
y tras ellos,
tras los vidrios ahumados
y las paredes antaño maestras
y los puntos ciegos de alguna
guerra vieja,
más niños y hombres y mujeres
(palmeras de plástico hacen caminos)
más animales rotos
inacabados como por resarcimiento
sobre en y bajo los vehículos
vehículos conteniendo vehículos
estrujándose por entre blandas
estrecheces limosas
de lugares
dentro de lugares
rebosados de lugares.
Podría ser así siempre.
Hasta que tras lo que parecía
infinito
—y no, no lo es—
tras todas esas formas reconocibles
sólo a causa del mutuo acuerdo
tras todas y cada una de las
alucinaciones en proceso
y los opalescentes parches de luz negra
que a medias tornasolan
holocaustos
y niños, hombres, mujeres, vehículos
etc.
Tras todo
ello
un Paraíso no tipificado
—casi seguro, no existente—
se erige en absoluto
silencio
tras de mí.
martes, 27 de octubre de 2015
Das Wachsfigurenkabinett (Paul Leni, 1924)
Das Wachsfigurenkabinett (Paul Leni, 1924)
Primera parte: El Califa de Cera.
Año equis.
He un Califa.
Detesta la monotonía más que
ninguna otra cosa
una esposa cada primavera, etc.
Pero he Zarah,
esposa del panadero:
su hogar es de barro (idéntico al que tienen
las colonias de termitas)
donde el panadero se empeña en su principal
labor
ser
precioso pobre hombre
y su mujer
víctima de aquellos tiempos
sin más remedio
una superzorra
EXQUISITA,
EXQUISITA.
Más acá de la inmensa barriga del Califa
y sus partidas de ajedrez con el Visir
el panadero amasa
moreno el pan y los caracolillos de
su pelo
en su casa para termitas;
cada vez que el Califa pierde
una partida de ajedrez
la mujer se pinta los labios con jugo de moras
mirando al panadero a través del vidrio
oxidado
el panadero
le soba los pechos en señal de auxilio
su mujer se revuelve en su único vestido decente
recordándole al panadero que el Califa
podría darle aún y con aquel barrigón
una buena lección de galantería.
Porque toda paciencia tiene un límite:
¿Dónde está la cabeza de ese perro panadero?
—La habré extraviado,
dice el Visir
obnubilado entre tanto negroide desnudo
sudando él también dice
Más bella que las rosas de Shiraz
detalle que tampoco ignora el Califa
—ahí el problema—
cuando el Visir pasa revista a sus
responsabilidades de Visir
en un mundo sin palabras
ni ley lógica ni
policromatismo alguno.
De vuelta al termitero
los ojos admirados del gran Califa habían
prendido
un fuego candente
donde la pobre aunque hermosa y zorra mujer de
un panadero con pelo de cupletera
entiende
pocas cosas hay mejores
que una violación consentida
si así el carmín sustituye al jugo de moras,
de construcciones himenópteras
a mosaicos y seda.
El Califa pone esa cara suya y ella conoce
que la ama plenamente
ese Califa de perlada papada y aorta platino
ese es
justo el Infierno del panadero
(gigantesco horno de hierro colado y humo,
mucho humo)
cayendo en visiones de revancha y magnicidio
por culpa de una mujerzuela qué-tiempos-aquellos
empuñando una cimitarra sobre la cama
aún húmeda
de su ultraje y qué fácil
ha sido reptar hasta allí
articula con proceder de artesano
obviando
que el Poder todo lo puede y la Cera
a diferencia del barro
siempre ha sido un artículo para nobles.
Assad, pobre hombre-panadero
no vivirá lo suficiente como para resarcirse
en las respiraciones entrecortadas de su mujer
bajo las penurias del más obeso de los Califas.
FIN.
Cierto es que sobre
todo esto
hay otra historia
que cuentan
pero no es verdad.
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jueves, 22 de octubre de 2015
DIABEL
DIABEL (ANDRZEJ ZULAWSKI, 1972)
Los criados han huido.
No han sido los primeros.
Tenga usted prisa, las monjas
le mostrarán el camino:
el convento se ha convertido en
un atolladero
retorcido sobre sí mismo
humo beige de hueso brasas vapor de plasma
a través del que los hombres persiguen
balas
sobre una alfombra de carne y trapos
el convento ya no huele a viejo huele
a desastre y el hombre azota las nalgas
de la yegua
sobre la que Ella pierde
por primera vez
la devoción a sus hábitos.
No diga nada o invitará al Mal:
aceptamos a todo el mundo.
En el bosque parece que siempre ha sido
invierno de noche
y Hertz
—propietario de los teatros reales—
dice que no siempre ha vagado por entre
todos y cada uno de sus muchos puntos ciegos.
Que hubo otros Tiempos. Otro bosque.
¿No me crees?
Echa una ojeada
a sus recurrentes alucinaciones que ahora
también son las del hombre
y las de Ella
lo han sido de cualquier fugitivo
educado para ser patriota
solo que más joven y sin caer en el libertinaje.
No obstante ni Hertz ni el bosque ni
las blandengues luminarias que motean estas tierras impías
hacen olvidar al hombre que son aquellos unos tiempos
destinados a otros hombres
distintos a él
atados por las muñecas arrastrados
como fardos a la cola de los caballos al galope
bajo las entrepiernas de eternos enemigos
—portan rostro de cualquiera, pero son ellos
de nuevo, los que siempre fueron—.
Debe comprender que la vida no se ha detenido:
encontró una cruz de troncos y allí juró
salvar Polonia, hacer
todo lo que estuviera en su mano: matar
al rey secuestrar a los embajadores
escribir una nueva
y justa constitución
sobre la nieve
reza
sus asuntos y evita a toda costa
fornicar en los graneros
engañar a sus perseguidores
para finalmente
encontrarse con los suyos al otro lado
de la colina.
Todo bien dentro de lo que cabe y no es
hasta que se cruza en su camino
el pequeño Theodor
—lo que a primera instancia parecía un niño
de alta cuna resultó ser
un enano chillón de alta cuna,
peluca empolvada y polainas a ultranza y toda
la evasión del mundo corriéndole en las venas—:
nadie sabe a ciencia cierta cómo y por qué acabó
el hombre bailando sobre
la nieve como un jabalí entrampado
si la sangre del pequeño Theodor en sus manos
fue tan crucial como cuentan los rumores
ni si fue Ella la que erigió su lenguaje
de solo un solo loco
palabra por palabra
que aún hoy se le van cayendo de la boca
junto a la baba
sobre la escarcha
invierno y noche siempre
—Polonia nunca fue salvada, eso sí lo sabemos—
como si no hubiese nada mejor que hacer.
Como si los Tiempos no fueran a cambiar jamás.
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sábado, 17 de octubre de 2015
Amanti d'Oltretomba
Amanti d'Oltretomba (Mario Caiano, 1965)
No.
No no no
no no no no no:
ya tuviste tu venganza, Stephen.
Pero según tu versión de los hechos
la venganza de verdad llegará
solo tras habernos precipitado más allá de
los umbrales
del dolor
del dolor
del dolor que en sus umbrales respectivos
etc.
Y aquí estamos
otra vez
rogándote por un sorbo de agua sucia
que —bien sabemos—
nunca llegará a la piedra de nuestras bocas
así que te lo repito una vez más, Stephen:
matándome
NO acabarás conmigo.
Si pudieras
ver
todo el odio
que te tengo
Stephen
Arrowsmith puedes asesinar
mi cuerpo
pero ah. Toma nota:
NUNCA
te daré
paz.
Muriel y su amante paleto
han muerto pues.
El doctor Joyce piensa para sus adentros que
Jenny es
hermosa y está razonablemente loca y se insinúa
practicable pero él es todo un
profesional
que vive única y exclusivamente para
darse
como un manantial
desbordado a causa de sus muchos juramentos
y Jenny, hermanastra gemela de Muriel
qué decir:
así le van las cosas, Mrs. Arrowsmith
con alucinógenos a hurtadillas prendidos de su champán
lo que nos lleva a Solange
ama de llaves anciana
con cuerpo de fulana milanesa recién salida del horno
nombrado cuello uterino más musculoso de la Villa
y mucho más vil
en brazos de Stephen
una vez barridos sus pellejos bajo la alfombra
mediante los milagros irrebatibles del pulp.
Hace frío.
Esta sangre maldita
volviéndose veneno en mis venas
es mercurio
Stephen
quiero seguir joven de nuevo
beberme a Jenny
justo cuando el doctor Joyce
esté demasiado ocupado
rebuscando verdades entre sótanos y entremuros
porque,
Stephen
—¿Sí, mi amor?
Mátala de una vez.
De habitación en habitación
todo es aceitar los bajos del giallo como si
una mula a punto
de parir
incluyendo trampas del ayer y lápidas de corcho y mayordomos
fallecidos en extrañas circunstancias
y un par de incendios de bolsillo
y varias conversaciones subidas de tono
Stephen chuleando a Jenny la legítima heredera
la cual ronda subliminalmente al doctor Joyce
el cual se siente atenazado por la larga sombra de Solange
justo cuando ésta
empieza a dar por sentada la presencia espectral de Muriel
siempre acompañada de su amante,
aún si cabe
más silvestre de ultratumba.
Dicho esto,
que quede el resto claro.
Los bajorrelieves, a pesar de ser alquilados
pesan lo que se les pide aún
de antemano asumida su falsedad a ojos vista
y los corazones de los difuntos errantes
en (por supuesto) formaldehído
hacen lo imposible:
a día de hoy (__/__/20__)
gestionar intriga alguna
con tal porte
cuando glorioso
el cuarto de hora final
y la naftalina
nos rescatan sin éxito de mañana lunes
donde de verdad sí
todos mueren.
...ET MOURIR DE PLAISIR
Et Mourir de Plaisir (Roger Vadim, 1960)
Solo cambiaré los nombres de los involucrados.
Algunos aún viven.
Podrías encontrártelos mañana
o tal vez
hoy mismo.
A Carmilla no le gusta bailar.
Esta noche, solo ha venido a darme un beso.
No puede ni levantarse
completamente borracha
(vestido yo de forma ridícula,
se me tuerce el gollete bajo su peso)
—Nunca la vi reír así, Carmilla. Nunca sé
qué pensar
Necesitamos atrapar una raposa
para la señorita.
Que esté viva.
Preparar
la trampa
¿Ella cree
que es fácil?
¿Qué te pasa, Moby Dick?
La señorita te enseñará.
Y pasó a través de mí.
Los fantasmas son
así
—te atraviesan como el viento
en los árboles
pero
no hablemos del cementerio,
el ejército lo bombardeará
mañana
¿tu pez espada es ASÍ de grande?
Al menos, la casa es cálida.
De hecho, es negra. Pero eso
no importa
porque comienza una batalla
es un pez espada ENORME.
Me impresionabas con tus motos y tus
rifles de caza:
tenía puesta solo una blusa,
estaba avergonzado.
Lisa era su criada
y hubo que identificarla:
todos concordaron en que solo pudo ser
accidente.
Cayó desde treinta metros y su rosario
se le trabó
en el cuello.
Así comienza una leyenda,
para los aldeanos
la marca de un vampiro.
La campiña parece antigua, pero no lo es:
ayer mismo
riñones de frescos cimientos
lidiaban con todo su trabajo
—Carmilla:
esta es nuestra última noche y cómo crujen
las sábanas
lavadas con almidón de hoteles
la casa luce
desolada cuando llueve
quizás ella se enteró demasiado pronto
no podemos vivir siempre como niños soñando
por eso huyó
a través de la neurosis
tan bella y vencida e inflexible
como una trampa para raposas
y los ojos como codos
las tetas
empotradas sobre alambres de espino
cuando el cementerio
parece una verbena
encuentro yo así su cuerpo en mi memoria
un capricho caro
que me hincha los labios
sometido al prudencial sopor del culpable
atravesado
como el viento
en los árboles.
martes, 6 de octubre de 2015
ILUSTRACIÓN PARA EL POEMA DE NOAH CICERO "GEORGE JONES" en la revista digital KOKORO
George Jones (de Noah Cicero)
Fui a la biblioteca que hay en West Charleston,
junto al centro de formación profesional.
Me fijé en el centro, y
pensé en apuntarme a clases de Excel
y Quickbooks.
Entré en la biblioteca y devolví
los mayores éxitos de Pearl Jam. Estoy
bajo tratamiento de estabilizadores del ánimo, y me tomé
un ansiolítico. Últimamente
he estado llorando, teniendo ataques de ansiedad.
Voy puesto en la Biblioteca de West Charleston.
Nadie en la biblioteca sabe lo solo
que estoy. Doy gracias por ello.
(Extracto de la primera de las tres partes del poema,
traducción de Sergio Espinosa)
Para ver la entrada de la revista al completo, click > AQUÍ.
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riot über alles,
Sergio Espinosa
lunes, 3 de agosto de 2015
UNA RELACIÓN DIRECTA
![]() |
| Sin título, a propósito del poema. |
UNA RELACIÓN DIRECTA
El otro día reconocí públicamente la existencia de la Violencia.
Fue la cosa más hermosa
que recuerdo de todo lo que recuerdo.
Hasta entonces
mi vida había sido —ahora lo sé— una suerte de carcasa hueca
vacía
como vacíos de jugo los nudillos que en lo hueco de mi cráneo
crecieron desde el principio desposeídos de amor y similares
lo que hasta ese momento percibí como
Paz Interior —así creo que lo llamaban—
no era si no
una fístula por la que los desmerecidos peces
recién delegados / cebados eran
de mi memoria pobre —y residual, en su mayoría—
donde junto a flotantes cebos de modus operandi que ni siquiera fue
mamaban con su poquísima fruición la leche
que aguada
entre grumos fingió ser sangre mía.
Otra cosa:
las Revelaciones Auténticas nunca vienen solas.
No fue solo
abrazar el golpe nuevo y flamante el temblor
de la carne
dentro y fuera del ojo
porque estaban conmigo
se contaron varios y no pocos —no paraban de repetirlo—
que junto a mí entraron sencillos como gotas de agua en el océano
—imagen de incomparable belleza,
parafraseando aquí al Sentir Popular—
y fue como —lo juro— entrar de nuevo en el Vientre Primero
como bendecido por una Excepción de lo propiamente Divino
que con justo gesto déjome temblando sobre la Lengua Sin Fin
que verbaliza desde los albores todas las palabras
malsonantes
amenazas
humillaciones
astillas a destiempo —balas ciegas—
bisbiseos de variables eminentemente nocivas
átono rumor de masa
y su correspondiente clímax si procede
onomatopeyas secas / húmedas / mixtas
a veces incluso animales
monosílabos del ácido —antiguos, nuevos—
auténticas barbaridades
y sobre todo
—siempre—
el chasquido
que llegado el punto obsequia
a los dientes cuales junto a ella
celebran
el Deleite
el Orden Natural
y todos los demás órdenes, hasta el último.
El temblor se detuvo solo en mí y no de él ni de la Lengua
—será eso lo que se entiende formalmente por Milagro—
aprendí mi primer buen truco.
Ni de largo es lo tuyo tan emocionante;
aún me queda tanto
—TANTO— por aprehender
pero te amo así —por primera vez y de verdad—
y puedo asegurarte que los que vendrán tras de ti
serán mejores
seguro más completos
restos reconocibles
aberraciones de autor
—veo en ello Grandeza, no lo negaré—
habrán de inspirar a la Lengua Colosales Discursos.
Pudiera ser.
Esperemos.
Quién sabe
si algún día llegaré a ser memorable:
siento mucho si es que eso así fuera
el no haberte podido reservar para la ocasión
ni siquiera era una promesa pero
ahora que empieza
el glorioso resto de mis días
ahora sí te prometo —y prometo recordarlo—
ver tu última cara, la última de todas
—yo sí que me acuerdo, me acuerdo—
en todos y cada uno de mis pasos hacia
esa Plenitud de la que todos tanto hablan
esa
que ya no está
como nada está ya
a tu alcance
mas tan solo lo que te quede ahora es tuyo:
el Silencio
—no cualquiera, digo Verdadero—
novísimo fruto único —llámalo equis—
nacido de la cosa más hermosa
que recuerdo de todo lo que recuerdo.
viernes, 3 de julio de 2015
500 CABEZAS
500 CABEZAS
Tengo 500 cabezas
vivo rodeado de posibilidades
cada día me cuesta más tomar decisiones importantes
500 cabezas
casi todas en perfectas condiciones
aún así las moscas
vístenme de largo y comparto
una extraña relación con los espacios públicos
intento relativizar
estos y otros problemas cotidianos
pensar en todo lo bueno que tengo:
conozco a quién me envidia,
quién planea robarme
mio es un estilo único para sumirme
en estados de confusión innegociables cuando
el pánico poliniza
florituras
infladas a través de tal o cual brecha
y algunas matas de pelo
particularmente conflictivas
tengo 500 cabezas y la vida
sigue
mi ilusión es robusta
pocas cosas no se aprenden tras 500 veces
nuevas vendrán con la soltura de una circunstancia
porque
quién sabrá lo que es sentirse querido
creceré como las uñas
puede que pierda
la cuenta con el tiempo
los ojos impares
o los dientes, que siempre son
lo más difícil de mantener.
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martes, 28 de abril de 2015
EL DÍA EN EL QUE EL MAL DÍA PERMANECE
Ahora supongamos que
de pronto
sin previo aviso
entran y tú
(todo tan bien y suave; las parábolas del descuaje, controladas)
pasas a ser
una verdad repulsiva y peor, tan sincera
como ella misma.
Hay algo de trágico en toda reunión social, en el pavoneo tentacular de
todos esos hijos de mala madre que
comulgan junto a ti sin mayores afrentas
dando así por sentado que
(¿hemos hablado de la Muerte en algún momento?)
ehm
(...)
por dónde íbamos
ah, sí:
dando por sentado
el perro
en el plato
vivo, por así decirlo
(ya verás,
es de esas cosas que
se entienden rápido una vez
que e-n-t-r-a).
domingo, 26 de abril de 2015
LO QUE SEA NECESARIO (título provisional)
Veo en ti una presa.
Eres como las cosas que se dejan atrás con la relativa pena de un incendio,
paganos todos tus movimientos, roto hasta el último de los postes
eres
algo más que a donde me alcanza la vista
al desmayarme eres
basura
con todo el respeto
digo que permaneces entre las pulmonías de la cueva
pero no creo que sea ni momento ni yo la persona
siendo tú
yo
como si fuera mi única oportunidad el librarme de tú mi bulto
sin nada mejor a lo que dejar en ridículo
bien sea el resto de ayer
la amenaza de mañana
veneno o
lo que sea necesario
cristal a través la vigilia de una lesión
que como el resto de sus soldados
quedó entre tus manos de ninguno
porque oh si nada fueras
promesa que por tan retorcida entre mentiras inmuniza
cualquier resarcimiento
solo seas
en ti una presa
porque ya es demasiado respirar por y para ti
sabiéndolo
respirar por y para ti
es odiarse
y un motivo abierto a la espera
siendo tú
un por qué
dejado de la mano de dios
justo antes que de todo lo demás.
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sábado, 16 de noviembre de 2013
LO QUE TRAEMOS
Traemos muertos.
Traemos ciegos.
Traemos asimétricos, dandys,
gente incompleta.
Traemos sacos.
Y en ellos
senos impares, pómulos sueltos
y un puñado de cosas
que van por dentro:
intestinos gruesos rellenos de capricho,
lonchas de grasa fresca,
docenas de pulmones bañados en alquitrán.
Traemos regalos, más o menos:
traemos cepos, plásticos y alambres.
Traemos musgo sobre los cráneos más viejos.
Traemos pelo seco y buches para quien los quiera,
lo traemos todo y es vuestro
como vuestros son esos virus
que os deben la vida y justo por esa razón
os matarán a la vuelta de la esquina.
Traemos polvo de aire, aire en polvo.
Traemos nubarrones de hueso y cemento del desierto.
Traemos lo que estabas esperando,
sin piernas y semidesnudo
un mendigo camboyano
del que te separaron nada más nacer.
Traemos agujas para sembrar
y semillas de expectativas
solo subterráneas.
Traemos la tierra más dura, escamas en abundancia
y otras muchas cosas de las que ni siquiera nosotros sabemos.
Traemos nuestros cuerpos –faltaría más–
reblandecidos por la humedad
y el uso indebido.
Traemos cepas, simientes, caldos de cultivo.
Traemos plagas individuales
y tras nuestros pasos
un rastro de dientes de leche
para que no se nos pierda
la Muerte por el camino.
También zumo de plomo, piedras peludas,
ovillos de lánugo
y las más insólitas formas de ignorancia:
lo traemos todo, no hemos olvidado
esencialmente
nada.
Traemos el último tramo del camino
–que hemos reservado para el final–.
Traemos al último, a los ausentes.
Traemos el no saber qué hacer.
Traemos esponjas empapadas en magma,
varias excusas (por si acaso)
y un pequeño sobre cerrado
que contiene de una vez por todas
los Tres Nombres Verdaderos.
Justo esto es lo que traemos,
ni más ni menos:
estamos llegando.
A partir de ahí
ya nada será asunto nuestro.
Tan solo nos dejaremos sorprender.
Y cuando haya pasado
todo lo que tenga que pasar,
usaremos los ojos que aún sigan en pie
para una vez más volver
docenas de pulmones bañados en alquitrán.
Traemos regalos, más o menos:
traemos cepos, plásticos y alambres.
Traemos musgo sobre los cráneos más viejos.
Traemos pelo seco y buches para quien los quiera,
lo traemos todo y es vuestro
como vuestros son esos virus
que os deben la vida y justo por esa razón
os matarán a la vuelta de la esquina.
Traemos polvo de aire, aire en polvo.
Traemos nubarrones de hueso y cemento del desierto.
Traemos lo que estabas esperando,
sin piernas y semidesnudo
un mendigo camboyano
del que te separaron nada más nacer.
Traemos agujas para sembrar
y semillas de expectativas
solo subterráneas.
Traemos la tierra más dura, escamas en abundancia
y otras muchas cosas de las que ni siquiera nosotros sabemos.
Traemos nuestros cuerpos –faltaría más–
reblandecidos por la humedad
y el uso indebido.
Traemos cepas, simientes, caldos de cultivo.
Traemos plagas individuales
y tras nuestros pasos
un rastro de dientes de leche
para que no se nos pierda
la Muerte por el camino.
También zumo de plomo, piedras peludas,
ovillos de lánugo
y las más insólitas formas de ignorancia:
lo traemos todo, no hemos olvidado
esencialmente
nada.
Traemos el último tramo del camino
–que hemos reservado para el final–.
Traemos al último, a los ausentes.
Traemos el no saber qué hacer.
Traemos esponjas empapadas en magma,
varias excusas (por si acaso)
y un pequeño sobre cerrado
que contiene de una vez por todas
los Tres Nombres Verdaderos.
Justo esto es lo que traemos,
ni más ni menos:
estamos llegando.
A partir de ahí
ya nada será asunto nuestro.
Tan solo nos dejaremos sorprender.
Y cuando haya pasado
todo lo que tenga que pasar,
usaremos los ojos que aún sigan en pie
para una vez más volver
por donde hemos venido.
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