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martes, 26 de octubre de 2021
miércoles, 4 de julio de 2018
A propósito del GOPNIK ART (o: la Vanguardia Artística REAL pertenece a la derecha Kinki-gutural, y ésta aún no lo sabe)
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| El Jarcor No Tiene Parangón |
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Gopnik es el término que cataloga a una clase determinada de individuos/as, no mayores de 30 años, aparecidos en la Rusia post-soviética. Muy similares a los canis, calorros, kies o kinkis en España, turros en Argentina, flaites en Chile, chavs en Reino Unido o neds en Escocia.En Rusia, la palabra urbana Gopnik ha sido acuñada para describir a los jóvenes descontentos propensos a la violencia, el incumplimiento de la ley y el abuso de sustancias.
Fuente: Wikipedia
Que vivimos tiempos aciagos, no es ninguna novedad. Han sido, son y por lo pronto serán los primeros pasos de un (quasi)nuevo siglo que, a pesar de habérselas dado de futurista —o eso se nos dejó entrever, si no mal recuerdo, a través de las películas, series, tebeos y novelas Sci-Fi de nuestra infancia ochentera—, más que futuro nos ha traído una forma macabra de regresión post-cultural(ista) generosamente adobada con tintes sádicos, distópicos y esencialmente vengativos.
No voy a entrar más en ningún análisis fuera de lo que hoy me concierne: lo que véis, justo eso, y cómo lo vivís. Ese ES, ni más ni menos, el contexto. Y ahora, una vez sacudida del lomo la responsabilidad de explicar por enésima vez lo obvio, vamos con lo que me ocupa en esta humilde —a la par que clarividente— disertación. Así que, al lío.
EPIC GOPNIK PERFORMANZ VS LA MEDIOCRE DIALÉCTICA (PSEUDO)POSTCULTURAL
El "arte" de la "performance" (o "arte en vivo", aplicable a escenarios efímeros fundamentados en la manifestación de expresiones corporales con una voluntad comunicacional presuntamente "creativa" y que no, no necesariamente han de estar —aunque podrían estarlo— vinculadas al ejercicio de la danza y/o similares) siempre ha sido una de las más grandes pedorras del arte moderno y posterior. El porqué, viene a ser lo mismo que con el resto pero aún más: campo abierto para la patochada, el esperpento críptico de ínfulas varias y, sobre todo, caldo de cultivo de las más virulentas vergüenzas ajenas —cuyo único e imbatido equivalente se halla en el culmen diarreico del videoarte Post-Fluxus— que, sin duda alguna, ha hecho las delicias de las personalidades más impostadas y antinaturales que han campado —y aún campan, para mayor desgracia— por los páramos creativos de ésta nuestra paupérrima herencia cultural contemporánea.
La falta absoluta de originalidad REAL.
La asfixia de Egos. Con mayúscula capital, esos que van con nombre propio y paga papá.
El solemne, inclemente ABURRIMIENTO. Total ausencia de lo verdaderamente necesario.
Eso es Desgaste Pseudopostcultural. Supongo que el término resulta suficientemente elocuente. Pasa en las mejores familias, claro: pintura, escultura, poesía, cine, literatura en general que-no-es-poesía... Ya. Obviedades, obviedades.
Y ahora, veamos LO NUEVO.
Antes de entrar de pleno en ello, un par de matices previos que considero esenciales:
1. Las manifestaciones artísticas y/o filosóficas propias del talante derechista —ya sean moderadas, extremas o simplemente circunstanciales dentro de la gravedad—, tradicionalmente siempre han adolecido de una pamplinería apabullante: solo en contadísimas ocasiones —y siempre contextualizadas bajo unos severos parámetros de concrección inimitable—, la ideología fascista y/o reaccionaria ha dado algún que otro fruto de considerable interés. Marinetti, Schopenhauer, Céline... Y poco más. Jose Luís Moreno, si me apuras.
2. Las manifestaciones artísticas y/o filosóficas propias de las clases populares con cierta tendencia al analfabetismo funcional y a la casi total falta de dotes pertinentes a su escala evolutiva (Sapiens-Sapiens, aprox), suelen no ser demasiado dignas de mención. Siempre sale, de tanto en tanto, algún retrasado mental con dotes pictóricas curiosas o un oligofrénico con cierta manita para los mosaicos; ejemplos aislados y poco significativos, en todo caso, si nos atenemos a la tónica histórica imprerante.
Teniendo en cuenta estos dos aspectos, se hace incluso MÁS urgente hablar de la irrupción de una nueva vanguardia performántica agro-facha que, sin duda, se ha situado de inmediato y por méritos propios —eso pienso yo, faltaría más, que para algo me estoy marcando el presente tordo— en lo más alto de las cotas de innovación creativa: desde las cumbres más celebradas de los movimientos Surrealista y Dadà, nunca se había vuelto a ver un torrente de tal calibre en lo tocante a la agitación social filtrada a través de creatividades rabiosamente nuevas, espontáneas y, ante todo, tremendamente EFECTIVAS. Ni siquiera dignos aspirantes como el Grupo Cobra, los principales accionistas vieneses o apropiacionistas de la talla de Richard Prince o Morimura, jamás llegaron tan alto ni tan fuerte a los nuevos cielos de transgresión artística adelantada a su tiempo. Esto es debido, entre otras cosas, a su mayor o menor pretensión a la hora de llevar a cabo sus historias.
Y he aquí, remarco, un punto CLAVE. Porque esto, de lo que hablo, ha pasado SIN MÁS, como la vida misma. Dicho pronto y mal, su pretensión es comparable a la de un matorral de descampado: sin saber muy bien por qué, nace. Y una vez llega a este mundo, hace lo suyo. Las razones, si es que existen, son irrelevantes. Es algo que PASA, que sucede con entereza propia de la misma Naturaleza. Solo que, en este caso, en vez de tratarse de una conjugación bioquímica de microorganismos que un buen día se organizan y emprenden su gran aventura, estamos ante un puñado de jóvenes filofascistas y semianalfabetos —seguramente en paro, provenientes de familias que redefinen el término desestructuración y de carácteres abiertamente gregarios a la par que violentos— que, igual que arraigan los matojos, han creado sin darse demasiada cuenta una de las más grandiosas manifestaciones artísticas de vanguardia vistas en los últimos 100 años.
Ríete tú del Cabaret Voltaire.
FACHAS EN CHÁNDAL: CÁUCASO, COSMOLOGÍA
Y PORVENIR DE LA TRADICIÓN ORAL
Reconozco que es arriesgado: si bien no puedo (ni debo) negar la inmensa simpatía que me provocan los llamados Gopniks, tampoco es de recibo afirmar en un texto serio —como éste— que dicha horda de iletrados morlocks naturales de la Europa del Este más descompuesta y confundida serán, por así decirlo, eventualmente reconocidos como pioneros de una novísima expresión artística que habrá de marcar un "antes" y un "después" (nótese el uso de comillas sin miramiento ninguno: la cosa, efectivamente, va en serio). Pero, qué cojones, desglosemos un pelín el pifostio manque sea por vicio:
En primer lugar, y eso es innegable, cumplen las premisas de lo que se requiere a la hora de nombrar a una vanguardia artística como tal, en pleno derecho de facultades y corroborada más allá de planos teóricos (de hecho, aquí no creo que haya plano teórico ni de puta coña, por lo que la práctica resultante deviene aún, si cabe, más real). Y, ¿qué premisas son esas?
01. Expresión lúdica y creativa con intenciones de comunicar una idea, sea individual o colectiva. En principio, sin ánimo de lucro: solo desbocados torrentes de pura pasión sociópata.02. Originalidad incuestionable y ausencia —como poco, parcial— de referentes estéticos directos. Iconoclastia. Devenires turbios. Quinta marcha, totalmente.03. Su acción conlleva una reacción real, interactiva y voluntaria por parte del espectador/a: éste/a, a su vez, se muestra VERDADERAMENTE sorprendido: ergo, se genera una pauta insólita en la cognición del sujeto paciente, dando lugar a un nuevo parámetro sociocultural inexplorado. Esto es, creación de nuevas visiones culturales.
Detengámonos un momento en este último punto (03) y, gracias al apoyo de testimonios audiovisuales, veamos como EFECTIVAMENTE el proceder HardBasser de estos jóvenes Gopniks, pioneros de expresión corporal futurista, logran, tan solo siendo ELLOS MISMOS, reacciones mucho más notables que las provocadas por la totalidad de performances —más allá de que sean o no filomaricas— que actualmente pueden darse en cualquier museo, centro cultural o galería de renombre:
Prostejov's Grand Chavaladah, dejando huella
Vamos a ver: un grupo (numeroso) de indocumentados enmascarados —lo de las máscaras y pasamontañas, ya es un tema en sí mismo—, mancillando lo que encuentran a su paso a base de coreografías lunáticas y zapateados imposibles en clave passepartout, portando chandalada militante y sudaderas con motivos abiertamente anti-sociales, todo ello SIN HABLAR. Asimismo, siempre on the move de forma presuntamente aleatoria y con una clara motivación por el faltonismo y la jodienda sistemático-cachonda de capas bienestantes de la sociedad (propietarios, madres, gente en coche...). Todo filtrado a través de parámetros propios de las ruinas post-comunistas, cráter altamente desatendido en ese pánfilo continente que es Europa. A mí, esto me lleva a la esencia del Dadà más puro y rupturista, pero aún mejor: ninguno de ellos, y eso casi que podemos darlo por sentado, puede permitirse dejar su curro —en caso de que lo tenga, tema peliagudo— para pasarse la mayor parte de su vida jugando al ajedrez. Es decir, estamos ante una vanguardia que, aún y basándose en fundamentos eminentemente artísticos (música, danza, performance de la buena, y hasta un puntito de representación Kabuki con regusto a felpudo chabolero), en ningún momento abandona su noción de causa: la reivindicación de su desfavorecimiento social, su querencia por la violencia, las drogas baratas, el alcoholazo de garrafón y una innegable prestancia coyuntural —ya sea en rotondas, restaurantes chinos, centros comerciales, bocas de metro o descampados trufados de chutas—, nada tiene que envidiarle a los movimientos más destacados de la Historia del Arte socialmente incisivo. De hecho, estoy casi seguro que todo esto mola MUCHO MÁS que el Mayo del 68 y que la Universalización del Flamenquito y el Porno-Terrorismo más sobaquero y la irrupción del postmodernismo en la literatura de aquí y los breakdancings sardanistas, todo junto y multiplicado por tres. Vamos, es que ni le llega a la cremallera de la pernera del chandalamen.
No sé si me he explicado. Veamos un poco más de lo que digo, para ir reafirmando el concepto:
FP Madness
Noción de espectáculo
Hardest Novecento
Vale.
Pues eso era. Un poco atropellado quizá, pero la sustancia ahí la llevas.
Pues eso era. Un poco atropellado quizá, pero la sustancia ahí la llevas.
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jueves, 26 de octubre de 2017
Ilustración de portada para "Hacia la Mudez", poemario de Sergio Espinosa.
Deberías trabajar la caída.
Hacerlo así: más allá sería la palabra.
También desconfiar.
Desconfío de la repetición.
No comenzamos una sentencia,
comienza tú
aquí
y así habrá una luz.
(Sergio Espinosa, "Hacia la Mudez", Krilller 71 ed, 2017).
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Gracias, Sergio: primero, por dejarme participar. Y luego, por todo lo demás.
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Sergio Espinosa
viernes, 8 de septiembre de 2017
EN TODO ES TODO (de próxima aparición)
Ilustración digital que, a principios del próximo octubre, acompañará a mi ¿relato? En Todo es Todo, de próxima publicación en la versión web del octavo número de la revista de poesía y riesgo La Galla Ciencia.
Para su edición impresa, el texto será otro.
Esperándolo con muchas, muchas ganas.
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miércoles, 5 de noviembre de 2014
POR NO DARLE DE COMER A LAS PALOMAS
––––––––––––––––––––––––––––––––––––
ICEBERG
Pasa que, aquel que no sabe escribir
–yo, por ejemplo–
casi nunca sabe
cómo debería empezar algo
para los demás.
Cuan triste madrugada, oh hijos
de la grandísima puta
con gatos y muelles y todo eso
aún sabiendo que
así NO, desde luego:
poco queda
más allá de la simplicidad natural del día.
Mas se insiste y
no sé muy bien por qué
las palabras parecen de pronto
algo más
entre ellas y entre ellas y quien las escribe
no importa demasiado así las cosas porque
se sabe que no
se supo
cómo empezar
dejando huecas las muelas de un sorbo al vacío
por lo que mascar –primordial en cualquier acción de este tipo–
se convierte en pantomima de viejo chocho
desconchándose
la baba
en toda regla
una sarta de grandezas de cara a la pared
e igualmente solo
(más crudo:
abandonado)
entregado a la naturaleza
subsidiaria
del apaño en entretiempos
perdiéndose
bajo la herrumbre fláccida
del muy ridículo ademán:
mañana será –digámoslo así–
y una vez más
para variar no solo no se pudo
ahí con
los nudos, el discurso deshuesado a bote pronto;
su follaje de cosa barata y contrapelo a regañadientes
(es) una alimaña recién cocida
que –así va, justo lo que digo–
aún después de todo el hambre
nunca nadie quiere comerse.
––––––––––––––––––––––––––––––––––––
martes, 6 de mayo de 2014
Ilustraciones para el artículo principal de BCNMÉS Mayo
A estas alturas, ya debe ir rulando por ahí, a ver si lo pillo (que es gratis!).
Gracias a Lena y al equipo de BCNMÉSpor todo, me huele que va a quedar fabuloso.
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jueves, 17 de octubre de 2013
CÓMO ROMPER UN COCHE.
Desde que mi esposa murió, me ronda por la cabeza la idea de escribir –a nivel profesional, comercial– un libro sobre cómo romper un coche.
Un día te levantas, tu esposa está muerta y piensas: vale, Juan. Piensa. Piensa piensa piensa y ni así se mueve tu esposa del sitio, ahí como clavada. Muerta. Pero de verdad.
Siempre, desde que era un niño, he querido hacer algo importante. No demasiado importante, solo un poco. Lo suficiente, ¿me explico? Lo justo para que puedas ir por ahí y decirle a la gente "eh". Situarte en el mapa sin demasiados aspavientos, ¿me explico? Con la humildad por delante, pero que se sepa lo tuyo. Que se sepa que es tuyo y, qué coño, con dos pares de principio a fin.
Romper un coche, por lo menos desde mi punto de vista, es algo que a día de hoy nadie –puedes creerlo– ha sido capaz de plasmar en algo legible, de utilidad. Como cuando coges un manual, ¿me explico? Lo coges, buscas lo que te toca... y ahí lo tienes. Como un diccionario de soluciones, eso es. Pues nadie, ¿puedes creerlo? Nadie hasta hoy se ha parado un segundo solo a pensar si el grueso de la población tiene un conocimiento avanzado de algo tan de base como es romper un coche. Romper un coche: yo digo "eh". Me levanto y sí, mi esposa está ahí y es un follón, porque tenemos un buen montón de perros a los que alimentamos de forma irregular, y claro: mi esposa ahí, tirada. Yo, pensando en lo mío. Y ellos... Ellos, qué coño. Pues a lo suyo, ¿me explico? Se pusieron a comer como Pedro por su casa. Yo ahí, pensando en cristalizar hasta el último detalle de cómo romper un coche y los dichosos perros dale que te pego con mi mujer –una santa, ya que me preguntas, pero de carne soluble. Pararon, ¿eh? Vaya que si pararon. Cuatro gritos, contados. Pero bien dados y en su sitio, ¿me explico? "Hasta aquí bien, pero a partir de aquí... tú mismo". Y lo entienden, los muy hijos de puta. Lo entienden porque son más listos que el hambre. Un consejo de amigo: si un día tienes un perro, que sea de madera. Y si es de carne, pues enjaulado. Sin joderlo mucho, ¿me entiendes? Los perros sienten y padecen como nosotros, eso está claro. Pero, eh. Cuando la historia va de o tú o ellos, una de dos: o bien lo ves claro rápido, o como te despistes un poco no tendrás cuerpo al que velar. Hasta los huesos, ¿me explico? Los cogen y los entierran por ahí, como si fueran sus putos ahorros de toda la vida y digo yo, "eh!" Es mi mujer, ¿me explico? Que a las buenas, muy buenas. Como todos.
Pero yo... eh. Si lo pienso, lo hago. Así funciona. Como te decía, un día te levantas (con todo lo demás, ya me entiendes), pero PRINCIPALMENTE piensas: "romper un coche". Bueno, para ser exactos, lo que yo pensé fue: "a ver, Juanito. Si quisieras romper un coche –ahora que tu esposa ha muerto en extrañas circunstancias y ha devenido un espontáneo desayuno de lujo para todos estos cabrones sin humanidad alguna–... ¿Qué harías? Golpearlo con objetos contundentes, tirarlo por una pendiente, estrellarlo contra otro coche a gran velocidad... Eh. De acuerdo. Pero yo QUIERO ALGO MÁS. VER QUE HAY AHÍ FUERA, DAR UN PASO A CIEGAS Y VOLVER PARA CONTARLO". Eso fue lo que pensé, con dos cojones bien puestos.
AQUÍ es donde ESTÁ el punto, ¿me explico? Decir "vale, correcto, todo bien... pero, eh: me sabe a poco". Cristobal Colón, Nostradamus, Dennis Rodman, el señor Nestlé... o ese tipo de los ordenadores que también se murió. Piensa en cualquiera de los Grandes, tienes para dar y tomar. ¿Ves? Eso es lo que más me jode. Que ellos sí, claro. Como ya lo hicieron, venga-vamos-todos a chuparles el pezón. Pero, eh. ¿Tú realmente crees que estos pájaros se levantaron un buen día y, tras encontrarse –o no– a su esposa tirada en el pasillo y en pleno rigor mortis salieron por la puerta y, como por arte de magia, ya estaba todo hecho? Aaaaah. PUES ESO MISMO. Ahí es donde me encuentro yo: con un montón de datos, gráficas, ejemplos veraces que están ahí, ¿me explico? Ponerlo TODO en un papel y listos. "Cómo romper un coche, por Juan Numancia". ¿Creías que sabías romper un coche? Eh. Lee un poco, amigo mío. INFÓRMATE. Porque TE CREES que lo SABES pero no, NO lo SABES.
"La vida, ese continuo salto de mata". Salto de mata, ¿me explico? Es como decir "ir de culo" pero con toque. Mira, ahora que sale el tema: por eso supe que lo mío es escribir. Porque digo las cosas con toque, ¿me explico? Que se entienda, pero que tampoco quede muy del tú a tú. El punto justo de sal, ¿me explico? Pero sin chulerías de universitario. Don de palabra... Eso se nota dentro, te lo aseguro. Porque si no das, no das. Pero algunos sí que tenemos ese punto de poder vestirnos por los pies y al mismo tiempo decir cosas importantes para la gente.
Pues cuando te decía que la vida es "ese continuo salto de mata", quiero decir que la jodienda está ahí, a la vuelta de la esquina y con la polla tiesa. Pero, eh. Ahí es cuando se separa el grano de la paja, ¿me entiendes? Ahí. Ahí es cuando la gente te ve y te dice "tú sí" o "a tomar por saco". Eh: hay MUCHÍSIMO CABRÓN. Pero al final, el tiempo pone a cada uno en su lugar. Vaya que si los pone.
Un coche es como un hermano. Eso lo tengo clarísimo, asumido de la hostia ¿me explico? Por lo que romperlo es un acto que ha de trabajarse bien para no ofender, ¿me explico? Tanto el fondo como la forma. Nada de ir con lo puesto y llevarse por delante lo que se te presente. CUIDAAADO. Como si estuvieras rompiendo a tu hermano, ¿me explico? Eh. Llora si quieres, tú mismo. Lo importante es saber que no es lo mismo romper aguas que romper el silencio que romper un coche y ni aún así lo que vendría a ser tu hermano de sangre, ¿me explico? Puedes romperte una pierna o la cara, tú solo o con ayuda de gente. Y cada vez que vas al cine hay un tío que primero te pide la entrada y luego te la rompe en la cara. EN LA cara, no LA cara A SECAS. Es la entrada la que se jode, no tú. Es todo un mundo, ¿me explico? Que las cosas hay que pensarlas, amigo. Piensas que es blanco o negro y luego es otra movida y entonces, ¿QUÉ? Ah. Pues por eso es que voy a escribirlo. "Cómo romper un coche", así lo voy a llamar. Sencillo pero con gancho, que se suele decir, ¿eh? Cómo-romper-un-c-o-c-h-e. Todas las letras, macho: me gustan todas, ¿puedes creerlo? Y no es porque YO SÍ SEPA y los demás no. Es por cómo suena, ¿me explico?
"Cómo romper un coche, por J.N." Eh: a le gente se le hace el culo polvo cuando ven cosas así, firmadas con solo las iniciales. "Hostia, qué de vuelta de todo debe estar éste", piensan. "¿Será americano?" Te apuesto lo que quieras a que cuando lo publique, la gente se pensará que soy canadiense o algo. Rollo de fuera, ¿me explico? "J.N". "LLí-Ennnn": así es cómo se pronuncia.
La idea fue de mi mujer.
Pero estoy tranquilo, ¿sabes? Los perros, por mucho que coman, no hablan.
Un día te levantas, tu esposa está muerta y piensas: vale, Juan. Piensa. Piensa piensa piensa y ni así se mueve tu esposa del sitio, ahí como clavada. Muerta. Pero de verdad.
Siempre, desde que era un niño, he querido hacer algo importante. No demasiado importante, solo un poco. Lo suficiente, ¿me explico? Lo justo para que puedas ir por ahí y decirle a la gente "eh". Situarte en el mapa sin demasiados aspavientos, ¿me explico? Con la humildad por delante, pero que se sepa lo tuyo. Que se sepa que es tuyo y, qué coño, con dos pares de principio a fin.
Romper un coche, por lo menos desde mi punto de vista, es algo que a día de hoy nadie –puedes creerlo– ha sido capaz de plasmar en algo legible, de utilidad. Como cuando coges un manual, ¿me explico? Lo coges, buscas lo que te toca... y ahí lo tienes. Como un diccionario de soluciones, eso es. Pues nadie, ¿puedes creerlo? Nadie hasta hoy se ha parado un segundo solo a pensar si el grueso de la población tiene un conocimiento avanzado de algo tan de base como es romper un coche. Romper un coche: yo digo "eh". Me levanto y sí, mi esposa está ahí y es un follón, porque tenemos un buen montón de perros a los que alimentamos de forma irregular, y claro: mi esposa ahí, tirada. Yo, pensando en lo mío. Y ellos... Ellos, qué coño. Pues a lo suyo, ¿me explico? Se pusieron a comer como Pedro por su casa. Yo ahí, pensando en cristalizar hasta el último detalle de cómo romper un coche y los dichosos perros dale que te pego con mi mujer –una santa, ya que me preguntas, pero de carne soluble. Pararon, ¿eh? Vaya que si pararon. Cuatro gritos, contados. Pero bien dados y en su sitio, ¿me explico? "Hasta aquí bien, pero a partir de aquí... tú mismo". Y lo entienden, los muy hijos de puta. Lo entienden porque son más listos que el hambre. Un consejo de amigo: si un día tienes un perro, que sea de madera. Y si es de carne, pues enjaulado. Sin joderlo mucho, ¿me entiendes? Los perros sienten y padecen como nosotros, eso está claro. Pero, eh. Cuando la historia va de o tú o ellos, una de dos: o bien lo ves claro rápido, o como te despistes un poco no tendrás cuerpo al que velar. Hasta los huesos, ¿me explico? Los cogen y los entierran por ahí, como si fueran sus putos ahorros de toda la vida y digo yo, "eh!" Es mi mujer, ¿me explico? Que a las buenas, muy buenas. Como todos.
Pero yo... eh. Si lo pienso, lo hago. Así funciona. Como te decía, un día te levantas (con todo lo demás, ya me entiendes), pero PRINCIPALMENTE piensas: "romper un coche". Bueno, para ser exactos, lo que yo pensé fue: "a ver, Juanito. Si quisieras romper un coche –ahora que tu esposa ha muerto en extrañas circunstancias y ha devenido un espontáneo desayuno de lujo para todos estos cabrones sin humanidad alguna–... ¿Qué harías? Golpearlo con objetos contundentes, tirarlo por una pendiente, estrellarlo contra otro coche a gran velocidad... Eh. De acuerdo. Pero yo QUIERO ALGO MÁS. VER QUE HAY AHÍ FUERA, DAR UN PASO A CIEGAS Y VOLVER PARA CONTARLO". Eso fue lo que pensé, con dos cojones bien puestos.
AQUÍ es donde ESTÁ el punto, ¿me explico? Decir "vale, correcto, todo bien... pero, eh: me sabe a poco". Cristobal Colón, Nostradamus, Dennis Rodman, el señor Nestlé... o ese tipo de los ordenadores que también se murió. Piensa en cualquiera de los Grandes, tienes para dar y tomar. ¿Ves? Eso es lo que más me jode. Que ellos sí, claro. Como ya lo hicieron, venga-vamos-todos a chuparles el pezón. Pero, eh. ¿Tú realmente crees que estos pájaros se levantaron un buen día y, tras encontrarse –o no– a su esposa tirada en el pasillo y en pleno rigor mortis salieron por la puerta y, como por arte de magia, ya estaba todo hecho? Aaaaah. PUES ESO MISMO. Ahí es donde me encuentro yo: con un montón de datos, gráficas, ejemplos veraces que están ahí, ¿me explico? Ponerlo TODO en un papel y listos. "Cómo romper un coche, por Juan Numancia". ¿Creías que sabías romper un coche? Eh. Lee un poco, amigo mío. INFÓRMATE. Porque TE CREES que lo SABES pero no, NO lo SABES.
"La vida, ese continuo salto de mata". Salto de mata, ¿me explico? Es como decir "ir de culo" pero con toque. Mira, ahora que sale el tema: por eso supe que lo mío es escribir. Porque digo las cosas con toque, ¿me explico? Que se entienda, pero que tampoco quede muy del tú a tú. El punto justo de sal, ¿me explico? Pero sin chulerías de universitario. Don de palabra... Eso se nota dentro, te lo aseguro. Porque si no das, no das. Pero algunos sí que tenemos ese punto de poder vestirnos por los pies y al mismo tiempo decir cosas importantes para la gente.
Pues cuando te decía que la vida es "ese continuo salto de mata", quiero decir que la jodienda está ahí, a la vuelta de la esquina y con la polla tiesa. Pero, eh. Ahí es cuando se separa el grano de la paja, ¿me entiendes? Ahí. Ahí es cuando la gente te ve y te dice "tú sí" o "a tomar por saco". Eh: hay MUCHÍSIMO CABRÓN. Pero al final, el tiempo pone a cada uno en su lugar. Vaya que si los pone.
Un coche es como un hermano. Eso lo tengo clarísimo, asumido de la hostia ¿me explico? Por lo que romperlo es un acto que ha de trabajarse bien para no ofender, ¿me explico? Tanto el fondo como la forma. Nada de ir con lo puesto y llevarse por delante lo que se te presente. CUIDAAADO. Como si estuvieras rompiendo a tu hermano, ¿me explico? Eh. Llora si quieres, tú mismo. Lo importante es saber que no es lo mismo romper aguas que romper el silencio que romper un coche y ni aún así lo que vendría a ser tu hermano de sangre, ¿me explico? Puedes romperte una pierna o la cara, tú solo o con ayuda de gente. Y cada vez que vas al cine hay un tío que primero te pide la entrada y luego te la rompe en la cara. EN LA cara, no LA cara A SECAS. Es la entrada la que se jode, no tú. Es todo un mundo, ¿me explico? Que las cosas hay que pensarlas, amigo. Piensas que es blanco o negro y luego es otra movida y entonces, ¿QUÉ? Ah. Pues por eso es que voy a escribirlo. "Cómo romper un coche", así lo voy a llamar. Sencillo pero con gancho, que se suele decir, ¿eh? Cómo-romper-un-c-o-c-h-e. Todas las letras, macho: me gustan todas, ¿puedes creerlo? Y no es porque YO SÍ SEPA y los demás no. Es por cómo suena, ¿me explico?
"Cómo romper un coche, por J.N." Eh: a le gente se le hace el culo polvo cuando ven cosas así, firmadas con solo las iniciales. "Hostia, qué de vuelta de todo debe estar éste", piensan. "¿Será americano?" Te apuesto lo que quieras a que cuando lo publique, la gente se pensará que soy canadiense o algo. Rollo de fuera, ¿me explico? "J.N". "LLí-Ennnn": así es cómo se pronuncia.
La idea fue de mi mujer.
Pero estoy tranquilo, ¿sabes? Los perros, por mucho que coman, no hablan.
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domingo, 13 de octubre de 2013
sábado, 12 de octubre de 2013
LA MINI-SAGA ÉPICA DEL JUANFRAN
![]() | |
| "Something's wrong wiz el Juanfran". 50x70 cm. 2013. |
![]() |
| "Something's wrong wiz el Juanfran (and wiz his friend too)". 50x70 cm. 2013. |
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miércoles, 2 de octubre de 2013
EL APUESTO CABALLERO QUE TIENES DELANTE
"Ray-Ban Epic Fail" 2013.
____________________________
EL APUESTO CABALLERO QUE TIENES DELANTE
(introducción al poema)
La cara,
calcinada.
Erguido, eso sí. De pie
como uno de esos trofeos infantiles
que todos reciben por igual,
sea que ninguno se sienta el peor
(de momento).
Los hombros así deshuesados,
hechos para casi hacer gracia
entrando y saliendo de la tierra
propiedad de lo Muerto
y de las cosas sin ojos.
Dice sobre el agua
que ni ahí se le ahoga la sombra
pero lo que sabe y piensa
es que de su forma –tan dudosa–
toda luz hace jirones.
Hasta la saciedad: "no hay
Voz que valga".
No hay ni habrá perdón y así
tendrá que quedarse,
como la carne que el cráneo no quiere
buscando salir
a su paso asfixia lo poco que tiene.
Aunque algo debería quedarle:
un traje imbécil de polvo duro
que a cada golpe se entrega al vuelo
para luego posarse de nuevo
sin otro lugar a dónde ir.
Por supuesto que dinero tampoco:
de todo, ni siquiera a medias.
Importancias escasas y de moral distraída,
filia por toda ausencia
aún sin contar lo que ni sabe que ignora.
(y ahora, el poema)
Dice sobre el agua
que él bien podría ser agua,
si no fuera porque el agua
nunca está sola
y antes o después sirve para algo.
miércoles, 24 de julio de 2013
HUMO RECIENTE
1. Y AHORA, QUÉ
Habló con la pared
no fue gracias a la previsión
ni porque cualquier cosa que pueda imaginarse uno
pero
como fuere
habló con la pared
largo y tendido:
ahí estaba El Otro
–un plátano es de todas formas carbono–
por supuesto frente a frente
amenazándole con sus restos.
––––––––––––––––––––––
2. LO INVASOR
Pruebo a definir lo invasor.
Se me caen los brazos,
me abro como agua
tras el golpe
sigo probando
–como una segunda cabeza
imbécil–.
Para cuando pasa algo
de verdad
ya es tarde
y yo
otra cosa.
––––––––––––––––––––––
3. LO PROPORCIONAL EN LA TRAGEDIA
A Jack Arnold
He vuelto a transformarme
¿
es todo así de masivo
o soy yo incluso más pequeño
?
Dinosaurios en fila
secas portan entre mandíbulas migas
y motas de azúcar
por las que aún secas temo
y tendré que pelear
–mientras–
así la lógica
no vuelva a darme la espalda.
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lunes, 29 de abril de 2013
PIXEL WEED
Ilustración para el growshop GREENDREAM.
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En otro orden de cosas, la caldera está hirviendo.
sábado, 26 de enero de 2013
EVIL BLUR // PROBLEMA
EVIL BLUR. Foto e ilustración digital. 50x70 cm. 2012.
Problema:
si tenemos 4 imbéciles
de los que 3
y de pronto todos
mi cabeza es algo feo a veces
Pregunta:
¿llorarán sus madres al enterarse
-algún día, algún día-
madres como sandías fuera de temporada
cortadas en como mínimo 4 partes
madres que no inocentes
4 imbéciles que no madres
Respuesta:
llegarán al final que
les auguro
y por entonces
y por entonces
ya podrán pasar
a la vez
sin problemas de espacio
por un desagüe cualquiera.
a la vez
sin problemas de espacio
por un desagüe cualquiera.
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sábado, 19 de enero de 2013
jueves, 17 de enero de 2013
ENTREVISTA LABORAL ORDINARIA ENTRE UN EVALUADOR (FUNCIONARIO) Y UN ASPIRANTE (A FUNCIONARIO)
La piel muerta (también conocido como "El ocaso de la copla"). Collage digital 40x60 cm. 2013
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"Hay muchos tipos de piel muerta", dijo mientras se distraía ordenando el formulario por riguroso orden de cumplimentación. "Falta una... Deténgase ahí, en cuanto llegue. Están subiéndola".
Muchos. Quizás hablamos de cientos, de tantos tipos como productores hay. Dicen que casi cada mes tienen que ampliar la base de datos porque el mestizaje y la exposición a la luz solar se han convertido en variables de imprevisibles implicaciones sobre las capas maduras. Incluso hay algo de eso en los niveles más internos. Pero, tal y como ha venido siendo desde siempre, son tan solo doce las que han de tenerse verdaderamente en cuenta. Hay quien opina que, tras estas doce clases principales, el resto de pieles muertas pueden clasificarse en sub-grupos que, por una cosa o por otra, pueden incluirse en alguna de esas doce principales.
- Así que tendrá que dejarme ahora mismo su brazo.
El aspirante reacciona al instante y empieza a subirse la manga de la camisa, apoyando el codo en el canto de la mesa. Una vez ha dejado al aire casi todo, relaja la flexión y posa con suavidad el antebrazo frente al evaluador.
- Gracias. Será solo un momento de dolor, ¿de acuerdo? Intente no tensarlo. Abra la mano. Déjela ir.
Las paredes son las que verdaderamente determinan los puntos importantes al aspirante. Se comprobó que si las paredes contienen todos los datos impresos y debidamente enmarcados, el proceso de asimilación de los imperativos necesarios para acceder al puesto quedan retenidos -de forma más o menos inconsciente- en la memoria visual del aspirante. Por eso, todos los despachos de evaluación sufren de cierto horror vacui: las cuatro paredes, exceptuando la puerta y las ventanas si las hay, están concienzudamente cubiertas por textos de grandes letras que explican, con las mínimas palabras posibles, cosas que importan.
Empieza con el rascador en el brazo del aspirante, hasta que no queda más que un hilo de dermis al rojo sobre la carne viva.
- Relajado. Si no se relaja, tendremos que repetirlo. Suéltese, y ya verá como en seguida estamos.
Cuando el evaluador sumerge el rascador en la cubeta de esterilización en frío, agrupa toda la piel muerta y desprendida en un mismo montículo. Usa una pequeña espátula de vidrio de bordes afilados, asegurándose de recoger la mayor cantidad de muestra posible.
- ¿Le gusta? ¿Cree que es buena? -pregunta el aspirante mientras se ajusta sobre la rascadura una gasa embadurnada de melaza antiséptica.
- Eso no lo podemos saber aún. Todas las pieles parecen buenas cuando acaban de morirse, pero es a partir de las doce horas cuando el proceso de oxidación empieza a revelarnos los datos necesarios. Aunque, si quiere que le diga mi opinión, su piel tiene toda la pinta de ser apta para el puesto.
- Oh. No sabe lo feliz que me hace escuchar eso.
- De todas formas, no nos precipitemos -el tono en el que el evaluador se dirige al aspirante toma cierto cariz de descreimiento, sabiéndose en su obligación de no especular y ceñirse exclusivamente a los resultados de los exámenes oficiales. -No debe usted dar nada por supuesto hasta que no dispongamos de los resultados. Puede ser cualquier cosa.
- Pero mi piel es buena. Muere correctamente, y las escamas no se apelmazan.
- Por eso le digo que la cosa pinta bien. A veces, nada más proceder a la recogida de la muestra ya vemos que las escamas andan demasiado pegadas, o que se licuan nada más desprenderse. Esas señales casi siempre indican que el examen será negativo. Se ve a simple vista.
- ¿Y el color?
- El color, al final, es lo de menos -explica el evaluador con la vehemencia de un experto-. Toda cosecha aprobada pasa a mezclarse, tras determinar su porcentaje óptimo de aplicación, con otras cosechas afines... El tiempo, sobre todo. Las edades de las pieles muertas ha de ser lo más parecidas entre sí para que la mezcla sea buena. Una vez se alcanza el máximo en el contenedor de manipulado, toda la piel muerta se decolora. Se iguala, los tonos desaparecen y se obtiene piel muerta genérica. Igualación, ¿ve usted?
El aspirante sigue con la mirada el dedo índice del evaluador, hasta que da con uno de los paneles informativos encajado en la pared. "Igualación", lee para sus adentros. "La masa específica es lo que nos permite decir que algo puede tocarse. Las cosas sin masa específica no pueden tocarse. Las cosas que sí pueden ser tocadas son tan sensibles como su ser vivo más querido. Iguale siempre que pueda."
"Siempre que pueda", dice el aspirante. Decide pronunciar las últimas palabras de la información indicada por el evaluador como acentuando su interés por el dato. Piensa que es positivo hacerle saber al evaluador que, aunque la mayoría del mensaje lo haya leído para sus adentros, esa máxima concluyente debe ser pronunciada en voz alta. Dejándola en el aire, suspendida entre ambos, levitando a través de su solemne trascendencia y universalidad.
- Así es. Iguale siempre que pueda. Sabemos apreciar ese tipo de colaboraciones. A todos nosotros nos alegra ver actitudes proactivas.
El evaluador acaba de introducir toda la piel muerta en un sobre de plástico translúcido y blando, asegurándose de que todo esté dentro. Hecho esto, retira el precinto de seguridad y cierra el sobre presionando la lengüeta adhesiva. Con un rotulador negro de punta gruesa escribe sobre él los dos códigos identificativos del aspirante.
- Muy bien. Una cosa menos. Continuemos. Ahora, si no le importa, procederemos a una evaluación oral.
- Por supuesto -contesta el aspirante.
- Déjeme aclararle algo... Es una evaluación oral no conclusiva, ¿sabe a lo que me refiero? ¿Ha hecho antes una evaluación de este tipo?
El aspirante niega con la cabeza de una forma casi imperceptible, porque sabe que nunca es bueno descubrirse como inexperto. Aunque tampoco puede permitirse mentir sobre esto: nunca antes había estado en ese ministerio, y reconoce que es inútil y contraproducente adjudicarse conocimientos que no posee. Los evaluadores suelen detectar rápido este tipo de tretas y actúan en consecuencia.
- No se preocupe. Una evaluación oral no conclusiva viene a ser como un primer tanteo, ¿entiende? Yo le pregunto y usted me deja una impronta mayormente superficial, así a bote pronto, para que yo pueda juzgarla de forma no oficial. Dependiendo de mi estado de ánimo y de las precipitadas conclusiones a las que uno puede llegar con un ejercicio de este tipo. Nada especialmente serio. ¿Empezamos? ¿Alguna duda?
- No, adelante. Usted dirá.
El evaluador aprieta el resorte del bolígrafo y deja al descubierto su punta. La posa sobre un folio en blanco. Tras unos segundos de silencio levanta la vista del papel hasta encontrarse con la del aspirante.
- Lo primero. Antes de nada, debo saber qué opina usted de la piel muerta.
- Claro. La piel muerta -declama el aspirante, un tanto encorsetado por los nervios.- Es algo hermoso y necesario para sostener los pilares sobre los que se edifican nuestros principios democráticos. El sistema, sabedor de la cantidad de gente a la que le gusta observar montículos de piel muerta...
- No sea tan académico -inquiere el evaluador-. Espontaneidad, quiero verle opinar por usted mismo. Quiero saber de su yo íntimo, de ese niño interior que no entiende de manierismos. Prosiga, pero hágalo con más desparpajo. Puede administrar su sensualidad sabiamente, si le apetece. Si quiere desnudarse de cintura para arriba...
- Muchas gracias. Así estoy bien. Lo siento, empiezo de nuevo. Veamos. La piel muerta. Es el beso de la novia, las gentiles espuelas que marcan la actividad cardiaca de... No. Perdone. Qué despropósito. Estoy nerviosísimo, la verdad.
- Lo entiendo, lo entiendo. No crea que es el único que se pone nervioso en su primera evaluación oral -mientras dice esto, el evaluador se levanta, rodea su escritorio y se sitúa al lado del aspirante. Baja su cabeza hasta su altura, y cuando ambos se encuentran con las caras a menos de un palmo de distancia, el evaluador acerca lentamente sus labios carnosos a la temblorosa boca del aspirante, propinándole un tierno beso y una insignificante ración de saliva fresca.
- ¿Qué tal? ¿Mejor? -pregunta amablemente el evaluador-. ¿Más tranquilo?
- Y que lo diga, señor -el aspirante se ruboriza al tiempo que su pulso se acelera. Es muy poco frecuente que un evaluador titular del Estado se tome la molestia de violar el espacio vital de un aspirante, y mucho menos frecuente es que le regale un furtivo beso lleno de experiencia y calor humano. El cuerpo de funcionarios suele mantener distancias severas frente a los candidatos, siempre y cuando no se haya acordado un encuentro físico explícito de antemano.
El evaluador, contoneándose de forma burocráticamente coqueta, vuelve a su silla para indicar con un gesto de las manos que es el momento de continuar. Para ese entonces, ya han pasado los segundos necesarios para el aspirante, que afronta la situación con energías renovadas y una actitud mucho más fresca y juvenil.
- Piel muerta. Piel muerta somos todos. La piel muerta es útil, da calor y tarda cierto tiempo en desprender cualquier olor fuerte y/o desagradable. Piel muerta es agua para el sediento y ansiolítico para los acosados por el pánico. De piel muerta surgen grandes estrellas, y yo me siento liberado donando piel muerta.
- Mucho mejor, sí señor. ¿Ha comido alguna vez grandes cantidades de piel muerta proveniente de otra persona?
- Siempre que tengo oportunidad.
- ¿Y de completos desconocidos? ¿Le agrada? ¿Le inquieta? ¿Le es indiferente? Sea totalmente sincero, por favor.
- No suelo venirme abajo, soy muy de disfrutar el momento.
- Bien, bien. La siguiente, pues. Del uno al diez, evalúe el disfrute que le ocasiona observar de cerca piel muerta.
- ¿Del uno al diez, dice? -el aspirante contiene el aliento de una forma teatral, mira fijamente al evaluador y, con una sonrisa capaz de desarmar a cualquiera, deja ir su respuesta como un solvente golpe de efecto.- Del uno al diez, sin duda un once.
El evaluador no puede evitar soltar una risa de complicidad, gratamente impresionado por la originalidad de la respuesta. Se desabrocha los tres primeros botones de la camisa mientras apunta en el papel varios signos positivos y la palabra "ultra". Deja de nuevo el bolígrafo sobre la mesa y, con las manos libres, hace la forma simplificada de una pájaro volando.
- ¿Qué ve usted aquí?
- Una pájaro volando, señor -contesta el aspirante.- Pero sobre todo dos preciosas manos que parecen no haber recibido el cariño que sin duda se merecen.
- Correctísimo, muy bien apuntada la respuesta. Hablemos ahora de por qué quiere un puesto en el departamento de búsqueda y selección de posibles pieles muertas. ¿Sabe usted las responsabilidades que esto conlleva?
- Si me permite, señor. No solo las sé al dedillo, sino que también me he preparado física y mentalmente para asumir dichas responsabilidades desde un primerísimo momento.
- Por ejemplo. Diga. Ilústreme sobre esa preparación.
- Para empezar -responde el aspirante, ahora ya del todo seguro de sí mismo- debo decirle que mi simpatía es como un boomerang y a veces he dado amor directamente con la mente.
- ¿Frunce usted el ceño cuando da amor de esa forma que comenta? Con la mente, quiero decir.
- Ni lo pregunte.
- Estupendo. Un momento... Sí. Ya hemos acabado con este bloque. ¿Qué tal, cómo se siente?
- De fábula, permítame la expresión.
- Eso esta bien. Pasamos, pues, al siguiente bloque. Ahora voy a pedirle que me muestre algo que quiera que yo vea. Es una prueba de iniciativa y actitud, por lo que debe decidir usted qué puede interesarme a mí de usted. Le dejo si quiere un minuto para pensar, adelante. Sorpréndame.
Para lo siguiente, el aspirante decide dejar a un lado las palabras y transmitir con su cuerpo. No es la primera vez que lo hace, bien sabe dios que le encanta hacerlo. Tras varios años de duras mañanas practicando en ayunas sobre las cenizas de los allegados que se fueron, logró adquirir tal técnica que ahora es capaz de hacerlo incluso bajo el agua. Es sabido por todos que los evaluadores aprecian los discursos heterogéneos y las cosas un poco confusas. El aspirante se levanta de su silla y empieza a imitarse a sí mismo.
- Hola. Soy yo. Soy yo -el aspirante consigue imitar perfectamente su propia voz, y lo hace tan bien que ni el mismo habla tan como él. También guarda un asombroso parecido consigo mismo. Esto es algo que le facilita las cosas de cara a ganar verosimilitud, al tiempo que le genera un contexto propicio donde reposar su actuación. -Estoy aquí, he venido, buenos días. Buuuueeeenos díaaaaaaaas. Soy yo.
El evaluador sabe que parte de su trabajo consiste en calcificar toda esperanza de futuro de los aspirantes, haciéndoles llegar a través de subterfugios y expresiones faciales muy forzadas que solo los más fuertes alcanzan el tan codiciado puesto fijo. La leyenda de las 14 pagas, rumores sobre vacaciones pagadas y vestigios que ratifican que los lotes de navidad existieron de verdad: corren infinidad de rumores sobre las ventajas del que se conoce como Contrato Indefinido. Para poder ejercer para y por la piel muerta hay que tener algo más que preparación académica y quistes maduros. El evaluador ha de saber cribar al aspirante en función a esos dones que no se aprenden en las aulas.
Cuando el aspirante se imita a sí mismo, el evaluador no puede evitar reflejar en su cara la emoción de hallarse ante tanto talento. Una imitación preciosa, juvenil, incluso aventurera. El aspirante sigue con lo suyo:
- Pues eso, que soy yo y aquí estoy, me gusta la música y de deportes me atrae el volleyball y aguantarle las pesas a dilettantes de la halterofília y a presos de origen latino, siempre y cuando cumplan largas condenas y odien estar solos. Y eso, que ya está. Un beso fuerte para todos y hasta pronto.
Tras unos pocos segundos de silencio, el aspirante parece abandonar el trance en el que lo ha sumido su actuación. Vuelve en sí y deja de imitarse a sí mismo para ser de nuevo él mismo. Mira fijamente al evaluador, el cual le devuelve una mirada llena de compasión y temblor primaveral.
- Ha... Ha sido... Francamente, muy bueno. La verdad. Me ha impresionado. Tengo la espalda totalmente empapada de sudor -confiesa el evaluador mientras juega dentro de su boca con una muela que se le acaba de desprender.
- ¿Es usted sincero? ¿Le ha gustado de verdad?
- Absolutamente. Absolutamente, y se lo digo con el corazón en la mano. Yo no miento nunca.
- Ya lo sabía -replica con dulzura el aspirante-. Lo he leído en su mirada. Sus ojos son transparentes.
- Cataratas.
- Y transparentes, créame.
- Pues... gracias, de verdad. Me ha regalado usted un bello momento, sinceramente se lo digo. Vamos muy bien, permítame que le comente que hemos pasado un punto de inflexión especialmente pernicioso. Me gusta manipular mis recuerdos para enfocarlos hacia lugares que nunca fueron pero me interesan más porque están manipulados por mis intereses. Así que prosigamos con la evaluación. El siguiente bloque es de reflejos y asociaciones de ideas. Responda lo primero que le venga a la cabeza tal y como escuche cada uno de los términos que le propongo. Es esencial la rapidez de reflejos y la contundencia de sus réplicas. ¿Ha comprendido?
- Absolutamente. Cuando guste.
- Genial -el evaluador se cruza de piernas sobre su silla de oficina y da una vuelta sobre sí mismo. Dado que le sobra impulso, se ve obligado a frenarse con la mano sobre la mesa una vez completados los 360 grados. -Aquí va la primera: AZUL.
- Azul.
- Muy bien. Otra: HIDROCEFALIA.
- Eh... Gorda.
- Gorda, correcto. PIEL.
- Abrigo.
- ESCLAVO.
- Ultra.
- ULTRA.
- Una forma muy concreta de amor.
- DIPSOMANÍA.
- Toro de pelo duro.
- Está usted haciéndolo muy bien.
- Gracias, señor. Dios mediante.
- HIENA.
- Menstruación abundante.
- JOVEN DESAMPARADO EN BUSCA DE ALGUIEN A QUIEN PODER ENTREGARSE EN CUERPO Y ALMA.
- Yo.
- RASTRILLO.
- Gasa usada. Un poco húmeda.
- Intente ser lo más conciso posible, por favor. GRASA.
- Eccema.
- CITA.
- Agresión.
- ¿LE GUSTARÍA VENIR ESTA NOCHE A BAÑARSE CONMIGO EN UNA PILA REBOSANTE DE PIEL MUERTA RECIÉN IGUALADA?
- Pensaba que no me lo propondría nunca.
- Bien. Eh... Casi perfecto. Casi. -El evaluador titubea durante unos instantes, se muestra abrumado. Vuelve a empuñar el bolígrafo, esta vez para escribir algo. Con letra esmerada y casi sin torcerse, escribe un nombre, dos apellidos y pone un punto al final. Mira el nombre, mueve los labios como si lo leyera varias veces pero sin emitir sonido alguno. Arruga el papel y lo lanza contra la pared. Hay un regusto eminentemente turbio en el gesto.
- Señor. Si me permite la indiscreción... He notado cierto... resentimiento. Me refiero en la forma de cómo ha arrugado el papel y lo ha lanzado por ahí, justo después de escribir ese nombre. ¿Lágrimas del pasado, quizás?
- Harías bien en no meterte donde no te llaman -le espeta el evaluador con tremenda sequedad, al tiempo que cambia el "usted" por un "tú" que de afable y próximo tiene más bien poco.- Tomo mis distancias, eso es todo.
- ...Ehm. Comprendo, señor. No es de mi incumbencia.
- No, no lo es -responde el evaluador con una incipente turbación colonizándole el rictus. -Y tú no comprendes nada. De hecho, te falta muchísimo para empezar a comprender lo más mínimo. Además, empiezo a sospechar que ejerces la prostitución masculina de forma ocasional. ¿Tengo razón? ¿Eh? ¿Qué, chupas pollas a cambio de pasta, es eso?
- Señor... -interpela el aspirante, tendiendo hacia una disculpa en elipsis.
- Que no. Que no puedes. No puedes entrar en este despacho, como si estuvieras en tu casa, meneándote como si fueras una piruleta clavada en el culo de un caballito de noria. No puedes, y eso es todo.
- Señor. Si me permite, quiero recordarle lo mucho que me importa poder optar al puesto... La piel muerta...
- La piel muerta, la pieeel muerta, la piel mueeeeerta... -el evaluador, a pesar de hacer uso de un proverbial tono burlesco, no puede ocultar que todo esto está afectándole. Algo personal, o por lo menos es lo que parece. Se diría que está predispuesto a llorar de forma escandalosamente inconsolable. -La piel mueeerta. Bah! Hay más cosas en la vida que la piel muerta, que el sacrificio de animales en altares para invocar a la lluvia y que beber quistes maduros en verano. Muchas más cosas que también importan, que están aquí dentro, dentro DE MÍ. Y claro que puedes verme cualquier día bebiéndome los quistes de mis amigos o disfrutando de lo lindo con los últimos pasitos de una gallina recién decapitada. Y me mirarás, y en esta cara verás escrito un "eh, no hay problema". NO PRO-BLE-MA, bien grande, aquí en la frente. Pero luego, todos nos quedamos solos, pequeña buscona ignorante. Todos, ¿te enteras? Inclusive tú.
- Señor! Por favor, escúcheme un momento...
- Eres una buscona, una cupletera que quiere y no puede. ¿Me equivoco? Conozco bien a los de tu clase, que te quede MUY claro. No te escucho, ¿me entiendes? No me da la gana. Asquerosa zorrita ignorante... -el evaluador sobrepone sus palabras a las del aspirante subiendo el tono hasta casi rozar el chillido. Su pérdida de buenas formas es, a los ojos del aspirante, la declaración de principios de un juguete roto. Como una muñeca hinchable plagada de hongos.
- Por favor, no me insulte. No olvide qué y quién es. Creía que había algo aquí, entre nosotros. Algo especial...
- ¿Especial?! ¿Especial, dices? No te equivoques, culofino. Hace meses que no bebo. Estoy saliendo del hoyo, ¿entiendes, marrana de aldea barata? Un hoyo cojonudamente profundo, oscuro y tan lleno de mierda que parece el mismísimo cagadero de Moby Dick. Las paredes del hoyo son mierda, te cubre la mierda, la mierda te dice "eh, vente conmigo a vivir y a charlar de lo nuestro, lo pasaremos fenomenal". Luchas a todas horas por salir de la mierda. Por no ser mierda. Luchas para que la mierda no se case contigo y te de bien por el culo durante la noche de bodas. No tienes ni puta idea. Ni la MÁS PUTA IDEA DE LO QUE ES LUCHAR, DÍA A DÍA, y al final de la jornada ser capaz de nuevo. Besar un espejo, caminar con desparpajo, bucear en pelotas. Pero tú qué vas a saber, buscona ignorante, maldita tragona bebeleches...
Dicho esto, ambos se quedan en silencio.
A veces, los turbulentos caprichos de la vida te giran como si fueras una veleta a la merced de una ventisca. Giras, giras, y mientras sigues girando solo ves un borrón circular abstracto. Estás dentro y a la vez fuera. Y cuando todo acaba, te sientes perdido, como si se hubieran borrado las huellas en las que confiabas para poder volver. Pocas veces te sientes más vulnerable, más presa de la gran broma cósmica que de vez en cuando se excede de los límites.
Entonces, solo te queda preguntar. Y eso en el mejor de los casos, porque por lo menos significa que no estás solo.
El silencio se alarga de tal manera que el lenguaje no verbal, las miradas y lo intangible (que no se ve, pero se sabe) dejan de ser meras herramientas de apoyo para devenir en ejes comunicacionales de primerísimo orden. Y a través de ellos se dicen muchas cosas. Sumidos en un silencio punzante, y entre ellos un abismo. Una caída sin fondo allí donde minutos antes, aunque solo fuera por un segundo, brotó algo muy parecido al AMOR.
El evaluador se sabe culpable: idiota no es. Jugó sus cartas en el póker del sentimiento y le tocó perder. "Y qué ha sido de la piel muerta", se pregunta: todo esto resulta catastróficamente poco profesional. Si en algún momento esta era su fiesta, algo pasó y ya no lo es. Todo lo contrario: el aspirante, antes tan apocado y a la deriva, se muestra ahora orgulloso empuñando el mango de la sartén. ¿Y entonces, qué son pues los sentimientos? ¿Acaso tan solo muñecos trapo con los que uno puede limpiarse el culo? De nuevo, la triste ironía que pesa sobre el funcionario de a pie: todo lo tiene, todo está bajo su control... Todo, menos él mismo.
Durante años había dedicado su vida a diferentes causas mayores, todas íntimamente relacionadas con la ciudadanía: comisariado de turbas nocturnas, concesiones públicas de enanos que bailan mientras agitan las maracas, pelucas para perros. Llegó a documentar todas las caídas graciosas de niños y consiguió que los padres lo grabaran en video, creando un archivo histórico sin precedentes en tiempo récord. Los muebles lo felicitaban y las voces que vivían dentro de su cabeza aprendieron idiomas.
Podía decirse que había llegado a lo más alto, más o menos. Quizá no a lo más alto del todo, pero sí muy arriba. En su llavero tintineaban más de catorce llaves, sin contar las de su casa y las de la celda de la pequeña Rosie. Nombrado evaluador titular hace más de cuatro años, había conseguido ofuscar las pretensiones de cientos de personas; rompió la ilusión de cientos de posibles competidores, gente más joven y preparada, y lo hizo sin quejarse. Los engañó y torturó psicológicamente de forma pulcra y desapasionada, pero sobre todo muy profesional. Su buen hacer era punto de referencia en bodas, bautizos y comuniones. Un hombre, en definitiva, que siempre supo vestirse por los pies.
Y hoy, en lo que parecía ser otra jornada más de evaluación de algunas cosas, irrumpió en su camino la más insalvable de las trabas: necesitaba hacerlo suyo, forzarlo, llamarlo por otro nombre, pintarle los labios y emborronárselos a bofetadas. Hacerle pagar por todos los otros, para finalmente derramarse dentro de él sin haberle consultado antes. Y lo peor es que el aspirante ni siquiera le gusta de verdad: un capricho nomás. Una bengala anal, que tan pronto aclara con su luz festiva hasta la noche más oscura, como que de repente se desvanece como quien tira al río un saco con siete u ocho gatitos recién nacidos que nunca supieron lo que era el sexo libre.
Pero ese capricho vino cargado de justicia poética, blandiendo su mensaje a lo largo y ancho de su campo visual estándar. Una máxima que desatendió aún sabiendo que la cosa apestaba a putada: hoy sabrás lo que significa tener que escoger entre tu fabulosa vida repleta de rutilantes éxitos profesionales y un canalla de imberbe corazón al que tan ricamente meterías en tu bañera mientras un saxofonista semidesnudo descorcha champán y saca fotos picantes.
El aspirante respira muy fuerte, como si estuviera hiperventilando. Dado que ha sido insultado, acosado sexualmente y relegado al status de un juguete erótico de usar y tirar, tiene muy claro que lleva ventaja en el asunto. Su objetivo sigue siendo el mismo: alcanzar un puesto fijo y de cierta responsabilidad en la gestión e igualación de pieles muertas. Lo que pasa es que, ahora, ya no tiene miedo alguno de ese caligulismo arbitrario con el que se ha ido topando desde que salió, diplomatura en mano, de la prisión turca donde cursó sus estudios superiores. Un nido de enfermedades y vidas sin esperanza que separa Valladolid de la Estación Polar Zebra.
El evaluador toma la batuta y da el primer paso para restablecer el orden. Y no, no se siente mal. No se siente mal porque es algo que se debe a sí mismo.
- Ehm... Bien. Uh. Vaya. -Su espalda suda como la de un mexicano, y ha perdido esa tilde inquisitorial con la que gustaba de acentuar sus sondeos de nuevo personal. -Me siento un poco tonta. Vaya.
El aspirante no mueve ficha, pero otorga. Deja que las cosas pasen: cuenta con perspectiva suficiente para verlas venir con tiempo de sobra. El evaluador sigue. Tras unos necesarios balbuceos de cortesía para romper de nuevo el hielo, se esfuerza por resumirlo todo cuanto antes:
- Hasidounatonteria.
- Sí, la verdad.- El aspirante contesta lento, degustando.- Me ha insultado. Yo he venido a ofrecer mis conocimentos en la gestión de pieles muertas y usted me ha insultado, ha agredido mi espacio vital. Me ha acusado de ejercer la prostitución y de ser una sucia cupletera. He podido oler de cerca su depravación. Se ha comportado como un vulgar roquero.
- Comopuedocompensarte?
- Muy fácil. ¿No se lo imagina? Le dejo probar. Ande. Piense qué puede hacer por mí.
El evaluador lo sabe perfectamente. Ahora, el ultraje ya es total. Se ha cerrado el círculo. Como estocada final, va a tener que traicionar todo aquello que juró proteger: su puesto de trabajo.
- ¿Qué? ¿Lo tiene ya? Estoy esperando, evaluador.- El aspirante parece cada vez más grande, el suelo se hunde bajo sus pies. Todo le da vueltas y aparecen luces blancas y amarillas. Está perdido. No logra recordar los detalles de cómo ha empezado, por qué no quiso detenerlo a tiempo. Le sudan las manos. Las pasa por las perneras del pantalón para luego ceñirlas sobre su escritorio. La superficie está suave, fresca y seca. Ese escritorio, piensa, parece condenado a convertirse en la zona 0 de la tragedia. El epicentro de su destierro más allá de que solo quedarán yermos campos de estériles empleos con relaciones de poder mínimas o nulas.
- Vamos a hacer un trato -dice al fin el evaluador.- Te gusta negociar, ¿eh? Seguro que sí, lo veo en tus ojos. Podemos llegar a un lugar plácido para ambos, ¿no te parece?
- A ver qué tiene. Le escucho, evaluador.
- Vale... Aaaah -se presiona los ojos con los dedos índices.- Déjame un segundo. Concentrarme. Buffff. Dios, qué calor. Bien, escucha. Yo tengo poder. Lo sabes. Lo sabes, ¿no?
- Digamos que puedo hacerme una idea, sí -contesta el aspirante, como retándole a que le cuente algo que no sepa.
- Poder. Accesos. Pieles muertas. A todos les gusta tener cerca pieles recién muertas, de primera clase. Escoger, ¿sabes? Es un gran poder. Te pone por delante. Poder escoger es bueno.
- Totalmente de acuerdo. Y entonces, en resumen... ¿Qué?
- Que puedo compartirlo todo contigo. Si colaboras, claro está. Quiero decir que...
- Tarjeta amarilla, evaluador -interrumpe bruscamente el aspirante.- No estás en posición. Las cámaras lo han registrado todo. Solo tengo que decirles dónde tienen que mirar.
- Pero si no hay denuncia, no hay sanción. Todo puede arreglarse aquí, ¿comprendes? Y, además, no ganarías nada. ¿Qué sacas en limpio jodiéndome? Te soy más útil en activo, puedo ponerte donde quieras. ¿Te gustan los quistes? Puedo abrirte el camino hasta los mejores, más grandes y maduros quistes de toda esta ciudad. Quistes grumosos que van a follarse a tu paladar, no te quepa duda. ¿Qué me dices? ¿Te gusta cuando te follan el paladar?
- Um. No es mala idea. Podría ahorrarme mucho tiempo si no me hiciera falta descubrir las cosas por mí mismo...
- Eso es, pequeño -el evaluador modula a la alta su complicidad, sabiéndose dependiente de esa su única salvaguarda.
Es una pena, piensa para sus adentros. Porque todo podría haber sido de otro modo. Haberle invitado por las buenas al palacio de su experiencia. Grabarse mutuamente engullendo pomos de puerta, frotarse las espaldas con desgracias ajenas y la penuria no implicante de alguien que necesite de su condescendencia burocrática. Besarse en secreto, hacer el guarro a todas horas. Hacerle una visita a Rosie. Una buena visita nocturna, los dos juntos. Darle a esa pequeña llorona algo para recordar, una buena dosis de terror y shocks nerviosos mientras ambos beben grasa abdominal de cadáveres no reclamados.
Pero las cosas no siempre se escriben en clave de cuento. Podría haber sido una joven con sida o un subsidiario con quemaduras de primer grado en el 70% del cuerpo. Así es como uno puede centrarse en lo suyo, hacer funcionar el país sin interferencias ni arrebatos emocionales de trágicas consecuencias. Aún así, una pequeña lumbre aún resistía los envistes de las circunstancias, manteniendo un hálito de esperanza en la que volcar toda la responsabilidad. Esa pequeña llama, aunque débil, parecía indicar que el aspirante no se cerraba del todo a esa electricidad que antes los hizo temblar a ambos.
Durante más de dos horas evaluador y aspirante desgranan los pormenores de su acuerdo. Mediante avanza la puesta en común, la solera y la experiencia del evaluador van ganando terreno ante las exigencias, tan efusivas como difusas, del aspirante. Hablan de túneles directos, de celdas privadas, de pieles muertas. Aparecen tentadoras rutas de acceso directo a orfelinatos, chaperos bancarios, abducciones con y sin sonda, negritos disecados y teléfonos de lujo con forma de linchamiento popular bicentenario. Indudablemente, el aspirante sabe reconocer cuándo debe apretar y cuándo dejarse cuidar. El tiempo es dinero. El dinero es calvo. Los calvos son casi todos unos violadores en potencia. Todo el mundo sabe sumar. Y cuando se descorcha un quiste, ese hedor a infección y a mantequilla rancia indica que no todo en la vida es malo. Los funcionarios son los seres más necesarios, útiles y atrayentes de todo sistema democrático surgido después de la ilegalización de los pelirrojos. Los funcionarios tienen dedos largos y culos que normalmente parecen fuentes rebosantes de caviar. Los funcionarios tocan las teclas que solo ellos saben tocar, y la preciosa melodía siempre es del agrado de quien tiene la suerte de estar allí. "Son pocos principios básicos, pero son los que son", repite cada equis tiempo el evaluador. Un buen consejo y presenciar lapidaciones de vez en cuando son dos cosas que excitan el intelecto y afilan la percepción. El aspirante acaba por ceder, y promete que habrá silencio. Ni una palabra al respecto, pues mañana el sol piensa brillar como nunca. Y esa luz poderosa no vendrá sola: la promesa de catorce pagas y una corte secreta de enanos genéticamente manipulados acompañarán con paso firme una nueva victoria de los estados medios. Se pensará sobre todo en las pieles muertas, en igualar todo lo que se pueda, en prodigar nuevos quistes bien repletos a punto de reventar.
Ambos se dan la mano, cerrando así un pacto entre caballeros. El evaluador, tal y como suelta la mano del aspirante, le propina un sonoro bofetón para hacerle saber que es un auténtico golfo. Aún no se ha enfriado la mejilla del aspirante cuando el arrebato se corona con un tenaz beso viscoso en la boca:
- Aspirante, aspirante.
- Evaluador, evaluador. Si hubiéramos empezado por aquí. Por cierto, ¿estás sudando?
-No exactamente. Por cierto. Ahora que vamos a compartir cosas, me gustaría saber por qué te llamas Legión.
- Porque normalmente somos muchos -responde el aspirante-. Aunque hoy he venido solo.
"Hay muchos tipos de piel muerta", dijo mientras se distraía ordenando el formulario por riguroso orden de cumplimentación. "Falta una... Deténgase ahí, en cuanto llegue. Están subiéndola".
Muchos. Quizás hablamos de cientos, de tantos tipos como productores hay. Dicen que casi cada mes tienen que ampliar la base de datos porque el mestizaje y la exposición a la luz solar se han convertido en variables de imprevisibles implicaciones sobre las capas maduras. Incluso hay algo de eso en los niveles más internos. Pero, tal y como ha venido siendo desde siempre, son tan solo doce las que han de tenerse verdaderamente en cuenta. Hay quien opina que, tras estas doce clases principales, el resto de pieles muertas pueden clasificarse en sub-grupos que, por una cosa o por otra, pueden incluirse en alguna de esas doce principales.
- Así que tendrá que dejarme ahora mismo su brazo.
El aspirante reacciona al instante y empieza a subirse la manga de la camisa, apoyando el codo en el canto de la mesa. Una vez ha dejado al aire casi todo, relaja la flexión y posa con suavidad el antebrazo frente al evaluador.
- Gracias. Será solo un momento de dolor, ¿de acuerdo? Intente no tensarlo. Abra la mano. Déjela ir.
Las paredes son las que verdaderamente determinan los puntos importantes al aspirante. Se comprobó que si las paredes contienen todos los datos impresos y debidamente enmarcados, el proceso de asimilación de los imperativos necesarios para acceder al puesto quedan retenidos -de forma más o menos inconsciente- en la memoria visual del aspirante. Por eso, todos los despachos de evaluación sufren de cierto horror vacui: las cuatro paredes, exceptuando la puerta y las ventanas si las hay, están concienzudamente cubiertas por textos de grandes letras que explican, con las mínimas palabras posibles, cosas que importan.
Empieza con el rascador en el brazo del aspirante, hasta que no queda más que un hilo de dermis al rojo sobre la carne viva.
- Relajado. Si no se relaja, tendremos que repetirlo. Suéltese, y ya verá como en seguida estamos.
Cuando el evaluador sumerge el rascador en la cubeta de esterilización en frío, agrupa toda la piel muerta y desprendida en un mismo montículo. Usa una pequeña espátula de vidrio de bordes afilados, asegurándose de recoger la mayor cantidad de muestra posible.
- ¿Le gusta? ¿Cree que es buena? -pregunta el aspirante mientras se ajusta sobre la rascadura una gasa embadurnada de melaza antiséptica.
- Eso no lo podemos saber aún. Todas las pieles parecen buenas cuando acaban de morirse, pero es a partir de las doce horas cuando el proceso de oxidación empieza a revelarnos los datos necesarios. Aunque, si quiere que le diga mi opinión, su piel tiene toda la pinta de ser apta para el puesto.
- Oh. No sabe lo feliz que me hace escuchar eso.
- De todas formas, no nos precipitemos -el tono en el que el evaluador se dirige al aspirante toma cierto cariz de descreimiento, sabiéndose en su obligación de no especular y ceñirse exclusivamente a los resultados de los exámenes oficiales. -No debe usted dar nada por supuesto hasta que no dispongamos de los resultados. Puede ser cualquier cosa.
- Pero mi piel es buena. Muere correctamente, y las escamas no se apelmazan.
- Por eso le digo que la cosa pinta bien. A veces, nada más proceder a la recogida de la muestra ya vemos que las escamas andan demasiado pegadas, o que se licuan nada más desprenderse. Esas señales casi siempre indican que el examen será negativo. Se ve a simple vista.
- ¿Y el color?
- El color, al final, es lo de menos -explica el evaluador con la vehemencia de un experto-. Toda cosecha aprobada pasa a mezclarse, tras determinar su porcentaje óptimo de aplicación, con otras cosechas afines... El tiempo, sobre todo. Las edades de las pieles muertas ha de ser lo más parecidas entre sí para que la mezcla sea buena. Una vez se alcanza el máximo en el contenedor de manipulado, toda la piel muerta se decolora. Se iguala, los tonos desaparecen y se obtiene piel muerta genérica. Igualación, ¿ve usted?
El aspirante sigue con la mirada el dedo índice del evaluador, hasta que da con uno de los paneles informativos encajado en la pared. "Igualación", lee para sus adentros. "La masa específica es lo que nos permite decir que algo puede tocarse. Las cosas sin masa específica no pueden tocarse. Las cosas que sí pueden ser tocadas son tan sensibles como su ser vivo más querido. Iguale siempre que pueda."
"Siempre que pueda", dice el aspirante. Decide pronunciar las últimas palabras de la información indicada por el evaluador como acentuando su interés por el dato. Piensa que es positivo hacerle saber al evaluador que, aunque la mayoría del mensaje lo haya leído para sus adentros, esa máxima concluyente debe ser pronunciada en voz alta. Dejándola en el aire, suspendida entre ambos, levitando a través de su solemne trascendencia y universalidad.
- Así es. Iguale siempre que pueda. Sabemos apreciar ese tipo de colaboraciones. A todos nosotros nos alegra ver actitudes proactivas.
El evaluador acaba de introducir toda la piel muerta en un sobre de plástico translúcido y blando, asegurándose de que todo esté dentro. Hecho esto, retira el precinto de seguridad y cierra el sobre presionando la lengüeta adhesiva. Con un rotulador negro de punta gruesa escribe sobre él los dos códigos identificativos del aspirante.
- Muy bien. Una cosa menos. Continuemos. Ahora, si no le importa, procederemos a una evaluación oral.
- Por supuesto -contesta el aspirante.
- Déjeme aclararle algo... Es una evaluación oral no conclusiva, ¿sabe a lo que me refiero? ¿Ha hecho antes una evaluación de este tipo?
El aspirante niega con la cabeza de una forma casi imperceptible, porque sabe que nunca es bueno descubrirse como inexperto. Aunque tampoco puede permitirse mentir sobre esto: nunca antes había estado en ese ministerio, y reconoce que es inútil y contraproducente adjudicarse conocimientos que no posee. Los evaluadores suelen detectar rápido este tipo de tretas y actúan en consecuencia.
- No se preocupe. Una evaluación oral no conclusiva viene a ser como un primer tanteo, ¿entiende? Yo le pregunto y usted me deja una impronta mayormente superficial, así a bote pronto, para que yo pueda juzgarla de forma no oficial. Dependiendo de mi estado de ánimo y de las precipitadas conclusiones a las que uno puede llegar con un ejercicio de este tipo. Nada especialmente serio. ¿Empezamos? ¿Alguna duda?
- No, adelante. Usted dirá.
El evaluador aprieta el resorte del bolígrafo y deja al descubierto su punta. La posa sobre un folio en blanco. Tras unos segundos de silencio levanta la vista del papel hasta encontrarse con la del aspirante.
- Lo primero. Antes de nada, debo saber qué opina usted de la piel muerta.
- Claro. La piel muerta -declama el aspirante, un tanto encorsetado por los nervios.- Es algo hermoso y necesario para sostener los pilares sobre los que se edifican nuestros principios democráticos. El sistema, sabedor de la cantidad de gente a la que le gusta observar montículos de piel muerta...
- No sea tan académico -inquiere el evaluador-. Espontaneidad, quiero verle opinar por usted mismo. Quiero saber de su yo íntimo, de ese niño interior que no entiende de manierismos. Prosiga, pero hágalo con más desparpajo. Puede administrar su sensualidad sabiamente, si le apetece. Si quiere desnudarse de cintura para arriba...
- Muchas gracias. Así estoy bien. Lo siento, empiezo de nuevo. Veamos. La piel muerta. Es el beso de la novia, las gentiles espuelas que marcan la actividad cardiaca de... No. Perdone. Qué despropósito. Estoy nerviosísimo, la verdad.
- Lo entiendo, lo entiendo. No crea que es el único que se pone nervioso en su primera evaluación oral -mientras dice esto, el evaluador se levanta, rodea su escritorio y se sitúa al lado del aspirante. Baja su cabeza hasta su altura, y cuando ambos se encuentran con las caras a menos de un palmo de distancia, el evaluador acerca lentamente sus labios carnosos a la temblorosa boca del aspirante, propinándole un tierno beso y una insignificante ración de saliva fresca.
- ¿Qué tal? ¿Mejor? -pregunta amablemente el evaluador-. ¿Más tranquilo?
- Y que lo diga, señor -el aspirante se ruboriza al tiempo que su pulso se acelera. Es muy poco frecuente que un evaluador titular del Estado se tome la molestia de violar el espacio vital de un aspirante, y mucho menos frecuente es que le regale un furtivo beso lleno de experiencia y calor humano. El cuerpo de funcionarios suele mantener distancias severas frente a los candidatos, siempre y cuando no se haya acordado un encuentro físico explícito de antemano.
El evaluador, contoneándose de forma burocráticamente coqueta, vuelve a su silla para indicar con un gesto de las manos que es el momento de continuar. Para ese entonces, ya han pasado los segundos necesarios para el aspirante, que afronta la situación con energías renovadas y una actitud mucho más fresca y juvenil.
- Piel muerta. Piel muerta somos todos. La piel muerta es útil, da calor y tarda cierto tiempo en desprender cualquier olor fuerte y/o desagradable. Piel muerta es agua para el sediento y ansiolítico para los acosados por el pánico. De piel muerta surgen grandes estrellas, y yo me siento liberado donando piel muerta.
- Mucho mejor, sí señor. ¿Ha comido alguna vez grandes cantidades de piel muerta proveniente de otra persona?
- Siempre que tengo oportunidad.
- ¿Y de completos desconocidos? ¿Le agrada? ¿Le inquieta? ¿Le es indiferente? Sea totalmente sincero, por favor.
- No suelo venirme abajo, soy muy de disfrutar el momento.
- Bien, bien. La siguiente, pues. Del uno al diez, evalúe el disfrute que le ocasiona observar de cerca piel muerta.
- ¿Del uno al diez, dice? -el aspirante contiene el aliento de una forma teatral, mira fijamente al evaluador y, con una sonrisa capaz de desarmar a cualquiera, deja ir su respuesta como un solvente golpe de efecto.- Del uno al diez, sin duda un once.
El evaluador no puede evitar soltar una risa de complicidad, gratamente impresionado por la originalidad de la respuesta. Se desabrocha los tres primeros botones de la camisa mientras apunta en el papel varios signos positivos y la palabra "ultra". Deja de nuevo el bolígrafo sobre la mesa y, con las manos libres, hace la forma simplificada de una pájaro volando.
- ¿Qué ve usted aquí?
- Una pájaro volando, señor -contesta el aspirante.- Pero sobre todo dos preciosas manos que parecen no haber recibido el cariño que sin duda se merecen.
- Correctísimo, muy bien apuntada la respuesta. Hablemos ahora de por qué quiere un puesto en el departamento de búsqueda y selección de posibles pieles muertas. ¿Sabe usted las responsabilidades que esto conlleva?
- Si me permite, señor. No solo las sé al dedillo, sino que también me he preparado física y mentalmente para asumir dichas responsabilidades desde un primerísimo momento.
- Por ejemplo. Diga. Ilústreme sobre esa preparación.
- Para empezar -responde el aspirante, ahora ya del todo seguro de sí mismo- debo decirle que mi simpatía es como un boomerang y a veces he dado amor directamente con la mente.
- ¿Frunce usted el ceño cuando da amor de esa forma que comenta? Con la mente, quiero decir.
- Ni lo pregunte.
- Estupendo. Un momento... Sí. Ya hemos acabado con este bloque. ¿Qué tal, cómo se siente?
- De fábula, permítame la expresión.
- Eso esta bien. Pasamos, pues, al siguiente bloque. Ahora voy a pedirle que me muestre algo que quiera que yo vea. Es una prueba de iniciativa y actitud, por lo que debe decidir usted qué puede interesarme a mí de usted. Le dejo si quiere un minuto para pensar, adelante. Sorpréndame.
Para lo siguiente, el aspirante decide dejar a un lado las palabras y transmitir con su cuerpo. No es la primera vez que lo hace, bien sabe dios que le encanta hacerlo. Tras varios años de duras mañanas practicando en ayunas sobre las cenizas de los allegados que se fueron, logró adquirir tal técnica que ahora es capaz de hacerlo incluso bajo el agua. Es sabido por todos que los evaluadores aprecian los discursos heterogéneos y las cosas un poco confusas. El aspirante se levanta de su silla y empieza a imitarse a sí mismo.
- Hola. Soy yo. Soy yo -el aspirante consigue imitar perfectamente su propia voz, y lo hace tan bien que ni el mismo habla tan como él. También guarda un asombroso parecido consigo mismo. Esto es algo que le facilita las cosas de cara a ganar verosimilitud, al tiempo que le genera un contexto propicio donde reposar su actuación. -Estoy aquí, he venido, buenos días. Buuuueeeenos díaaaaaaaas. Soy yo.
El evaluador sabe que parte de su trabajo consiste en calcificar toda esperanza de futuro de los aspirantes, haciéndoles llegar a través de subterfugios y expresiones faciales muy forzadas que solo los más fuertes alcanzan el tan codiciado puesto fijo. La leyenda de las 14 pagas, rumores sobre vacaciones pagadas y vestigios que ratifican que los lotes de navidad existieron de verdad: corren infinidad de rumores sobre las ventajas del que se conoce como Contrato Indefinido. Para poder ejercer para y por la piel muerta hay que tener algo más que preparación académica y quistes maduros. El evaluador ha de saber cribar al aspirante en función a esos dones que no se aprenden en las aulas.
Cuando el aspirante se imita a sí mismo, el evaluador no puede evitar reflejar en su cara la emoción de hallarse ante tanto talento. Una imitación preciosa, juvenil, incluso aventurera. El aspirante sigue con lo suyo:
- Pues eso, que soy yo y aquí estoy, me gusta la música y de deportes me atrae el volleyball y aguantarle las pesas a dilettantes de la halterofília y a presos de origen latino, siempre y cuando cumplan largas condenas y odien estar solos. Y eso, que ya está. Un beso fuerte para todos y hasta pronto.
Tras unos pocos segundos de silencio, el aspirante parece abandonar el trance en el que lo ha sumido su actuación. Vuelve en sí y deja de imitarse a sí mismo para ser de nuevo él mismo. Mira fijamente al evaluador, el cual le devuelve una mirada llena de compasión y temblor primaveral.
- Ha... Ha sido... Francamente, muy bueno. La verdad. Me ha impresionado. Tengo la espalda totalmente empapada de sudor -confiesa el evaluador mientras juega dentro de su boca con una muela que se le acaba de desprender.
- ¿Es usted sincero? ¿Le ha gustado de verdad?
- Absolutamente. Absolutamente, y se lo digo con el corazón en la mano. Yo no miento nunca.
- Ya lo sabía -replica con dulzura el aspirante-. Lo he leído en su mirada. Sus ojos son transparentes.
- Cataratas.
- Y transparentes, créame.
- Pues... gracias, de verdad. Me ha regalado usted un bello momento, sinceramente se lo digo. Vamos muy bien, permítame que le comente que hemos pasado un punto de inflexión especialmente pernicioso. Me gusta manipular mis recuerdos para enfocarlos hacia lugares que nunca fueron pero me interesan más porque están manipulados por mis intereses. Así que prosigamos con la evaluación. El siguiente bloque es de reflejos y asociaciones de ideas. Responda lo primero que le venga a la cabeza tal y como escuche cada uno de los términos que le propongo. Es esencial la rapidez de reflejos y la contundencia de sus réplicas. ¿Ha comprendido?
- Absolutamente. Cuando guste.
- Genial -el evaluador se cruza de piernas sobre su silla de oficina y da una vuelta sobre sí mismo. Dado que le sobra impulso, se ve obligado a frenarse con la mano sobre la mesa una vez completados los 360 grados. -Aquí va la primera: AZUL.
- Azul.
- Muy bien. Otra: HIDROCEFALIA.
- Eh... Gorda.
- Gorda, correcto. PIEL.
- Abrigo.
- ESCLAVO.
- Ultra.
- ULTRA.
- Una forma muy concreta de amor.
- DIPSOMANÍA.
- Toro de pelo duro.
- Está usted haciéndolo muy bien.
- Gracias, señor. Dios mediante.
- HIENA.
- Menstruación abundante.
- JOVEN DESAMPARADO EN BUSCA DE ALGUIEN A QUIEN PODER ENTREGARSE EN CUERPO Y ALMA.
- Yo.
- RASTRILLO.
- Gasa usada. Un poco húmeda.
- Intente ser lo más conciso posible, por favor. GRASA.
- Eccema.
- CITA.
- Agresión.
- ¿LE GUSTARÍA VENIR ESTA NOCHE A BAÑARSE CONMIGO EN UNA PILA REBOSANTE DE PIEL MUERTA RECIÉN IGUALADA?
- Pensaba que no me lo propondría nunca.
- Bien. Eh... Casi perfecto. Casi. -El evaluador titubea durante unos instantes, se muestra abrumado. Vuelve a empuñar el bolígrafo, esta vez para escribir algo. Con letra esmerada y casi sin torcerse, escribe un nombre, dos apellidos y pone un punto al final. Mira el nombre, mueve los labios como si lo leyera varias veces pero sin emitir sonido alguno. Arruga el papel y lo lanza contra la pared. Hay un regusto eminentemente turbio en el gesto.
- Señor. Si me permite la indiscreción... He notado cierto... resentimiento. Me refiero en la forma de cómo ha arrugado el papel y lo ha lanzado por ahí, justo después de escribir ese nombre. ¿Lágrimas del pasado, quizás?
- Harías bien en no meterte donde no te llaman -le espeta el evaluador con tremenda sequedad, al tiempo que cambia el "usted" por un "tú" que de afable y próximo tiene más bien poco.- Tomo mis distancias, eso es todo.
- ...Ehm. Comprendo, señor. No es de mi incumbencia.
- No, no lo es -responde el evaluador con una incipente turbación colonizándole el rictus. -Y tú no comprendes nada. De hecho, te falta muchísimo para empezar a comprender lo más mínimo. Además, empiezo a sospechar que ejerces la prostitución masculina de forma ocasional. ¿Tengo razón? ¿Eh? ¿Qué, chupas pollas a cambio de pasta, es eso?
- Señor... -interpela el aspirante, tendiendo hacia una disculpa en elipsis.
- Que no. Que no puedes. No puedes entrar en este despacho, como si estuvieras en tu casa, meneándote como si fueras una piruleta clavada en el culo de un caballito de noria. No puedes, y eso es todo.
- Señor. Si me permite, quiero recordarle lo mucho que me importa poder optar al puesto... La piel muerta...
- La piel muerta, la pieeel muerta, la piel mueeeeerta... -el evaluador, a pesar de hacer uso de un proverbial tono burlesco, no puede ocultar que todo esto está afectándole. Algo personal, o por lo menos es lo que parece. Se diría que está predispuesto a llorar de forma escandalosamente inconsolable. -La piel mueeerta. Bah! Hay más cosas en la vida que la piel muerta, que el sacrificio de animales en altares para invocar a la lluvia y que beber quistes maduros en verano. Muchas más cosas que también importan, que están aquí dentro, dentro DE MÍ. Y claro que puedes verme cualquier día bebiéndome los quistes de mis amigos o disfrutando de lo lindo con los últimos pasitos de una gallina recién decapitada. Y me mirarás, y en esta cara verás escrito un "eh, no hay problema". NO PRO-BLE-MA, bien grande, aquí en la frente. Pero luego, todos nos quedamos solos, pequeña buscona ignorante. Todos, ¿te enteras? Inclusive tú.
- Señor! Por favor, escúcheme un momento...
- Eres una buscona, una cupletera que quiere y no puede. ¿Me equivoco? Conozco bien a los de tu clase, que te quede MUY claro. No te escucho, ¿me entiendes? No me da la gana. Asquerosa zorrita ignorante... -el evaluador sobrepone sus palabras a las del aspirante subiendo el tono hasta casi rozar el chillido. Su pérdida de buenas formas es, a los ojos del aspirante, la declaración de principios de un juguete roto. Como una muñeca hinchable plagada de hongos.
- Por favor, no me insulte. No olvide qué y quién es. Creía que había algo aquí, entre nosotros. Algo especial...
- ¿Especial?! ¿Especial, dices? No te equivoques, culofino. Hace meses que no bebo. Estoy saliendo del hoyo, ¿entiendes, marrana de aldea barata? Un hoyo cojonudamente profundo, oscuro y tan lleno de mierda que parece el mismísimo cagadero de Moby Dick. Las paredes del hoyo son mierda, te cubre la mierda, la mierda te dice "eh, vente conmigo a vivir y a charlar de lo nuestro, lo pasaremos fenomenal". Luchas a todas horas por salir de la mierda. Por no ser mierda. Luchas para que la mierda no se case contigo y te de bien por el culo durante la noche de bodas. No tienes ni puta idea. Ni la MÁS PUTA IDEA DE LO QUE ES LUCHAR, DÍA A DÍA, y al final de la jornada ser capaz de nuevo. Besar un espejo, caminar con desparpajo, bucear en pelotas. Pero tú qué vas a saber, buscona ignorante, maldita tragona bebeleches...
Dicho esto, ambos se quedan en silencio.
A veces, los turbulentos caprichos de la vida te giran como si fueras una veleta a la merced de una ventisca. Giras, giras, y mientras sigues girando solo ves un borrón circular abstracto. Estás dentro y a la vez fuera. Y cuando todo acaba, te sientes perdido, como si se hubieran borrado las huellas en las que confiabas para poder volver. Pocas veces te sientes más vulnerable, más presa de la gran broma cósmica que de vez en cuando se excede de los límites.
Entonces, solo te queda preguntar. Y eso en el mejor de los casos, porque por lo menos significa que no estás solo.
El silencio se alarga de tal manera que el lenguaje no verbal, las miradas y lo intangible (que no se ve, pero se sabe) dejan de ser meras herramientas de apoyo para devenir en ejes comunicacionales de primerísimo orden. Y a través de ellos se dicen muchas cosas. Sumidos en un silencio punzante, y entre ellos un abismo. Una caída sin fondo allí donde minutos antes, aunque solo fuera por un segundo, brotó algo muy parecido al AMOR.
El evaluador se sabe culpable: idiota no es. Jugó sus cartas en el póker del sentimiento y le tocó perder. "Y qué ha sido de la piel muerta", se pregunta: todo esto resulta catastróficamente poco profesional. Si en algún momento esta era su fiesta, algo pasó y ya no lo es. Todo lo contrario: el aspirante, antes tan apocado y a la deriva, se muestra ahora orgulloso empuñando el mango de la sartén. ¿Y entonces, qué son pues los sentimientos? ¿Acaso tan solo muñecos trapo con los que uno puede limpiarse el culo? De nuevo, la triste ironía que pesa sobre el funcionario de a pie: todo lo tiene, todo está bajo su control... Todo, menos él mismo.
Durante años había dedicado su vida a diferentes causas mayores, todas íntimamente relacionadas con la ciudadanía: comisariado de turbas nocturnas, concesiones públicas de enanos que bailan mientras agitan las maracas, pelucas para perros. Llegó a documentar todas las caídas graciosas de niños y consiguió que los padres lo grabaran en video, creando un archivo histórico sin precedentes en tiempo récord. Los muebles lo felicitaban y las voces que vivían dentro de su cabeza aprendieron idiomas.
Podía decirse que había llegado a lo más alto, más o menos. Quizá no a lo más alto del todo, pero sí muy arriba. En su llavero tintineaban más de catorce llaves, sin contar las de su casa y las de la celda de la pequeña Rosie. Nombrado evaluador titular hace más de cuatro años, había conseguido ofuscar las pretensiones de cientos de personas; rompió la ilusión de cientos de posibles competidores, gente más joven y preparada, y lo hizo sin quejarse. Los engañó y torturó psicológicamente de forma pulcra y desapasionada, pero sobre todo muy profesional. Su buen hacer era punto de referencia en bodas, bautizos y comuniones. Un hombre, en definitiva, que siempre supo vestirse por los pies.
Y hoy, en lo que parecía ser otra jornada más de evaluación de algunas cosas, irrumpió en su camino la más insalvable de las trabas: necesitaba hacerlo suyo, forzarlo, llamarlo por otro nombre, pintarle los labios y emborronárselos a bofetadas. Hacerle pagar por todos los otros, para finalmente derramarse dentro de él sin haberle consultado antes. Y lo peor es que el aspirante ni siquiera le gusta de verdad: un capricho nomás. Una bengala anal, que tan pronto aclara con su luz festiva hasta la noche más oscura, como que de repente se desvanece como quien tira al río un saco con siete u ocho gatitos recién nacidos que nunca supieron lo que era el sexo libre.
Pero ese capricho vino cargado de justicia poética, blandiendo su mensaje a lo largo y ancho de su campo visual estándar. Una máxima que desatendió aún sabiendo que la cosa apestaba a putada: hoy sabrás lo que significa tener que escoger entre tu fabulosa vida repleta de rutilantes éxitos profesionales y un canalla de imberbe corazón al que tan ricamente meterías en tu bañera mientras un saxofonista semidesnudo descorcha champán y saca fotos picantes.
El aspirante respira muy fuerte, como si estuviera hiperventilando. Dado que ha sido insultado, acosado sexualmente y relegado al status de un juguete erótico de usar y tirar, tiene muy claro que lleva ventaja en el asunto. Su objetivo sigue siendo el mismo: alcanzar un puesto fijo y de cierta responsabilidad en la gestión e igualación de pieles muertas. Lo que pasa es que, ahora, ya no tiene miedo alguno de ese caligulismo arbitrario con el que se ha ido topando desde que salió, diplomatura en mano, de la prisión turca donde cursó sus estudios superiores. Un nido de enfermedades y vidas sin esperanza que separa Valladolid de la Estación Polar Zebra.
El evaluador toma la batuta y da el primer paso para restablecer el orden. Y no, no se siente mal. No se siente mal porque es algo que se debe a sí mismo.
- Ehm... Bien. Uh. Vaya. -Su espalda suda como la de un mexicano, y ha perdido esa tilde inquisitorial con la que gustaba de acentuar sus sondeos de nuevo personal. -Me siento un poco tonta. Vaya.
El aspirante no mueve ficha, pero otorga. Deja que las cosas pasen: cuenta con perspectiva suficiente para verlas venir con tiempo de sobra. El evaluador sigue. Tras unos necesarios balbuceos de cortesía para romper de nuevo el hielo, se esfuerza por resumirlo todo cuanto antes:
- Hasidounatonteria.
- Sí, la verdad.- El aspirante contesta lento, degustando.- Me ha insultado. Yo he venido a ofrecer mis conocimentos en la gestión de pieles muertas y usted me ha insultado, ha agredido mi espacio vital. Me ha acusado de ejercer la prostitución y de ser una sucia cupletera. He podido oler de cerca su depravación. Se ha comportado como un vulgar roquero.
- Comopuedocompensarte?
- Muy fácil. ¿No se lo imagina? Le dejo probar. Ande. Piense qué puede hacer por mí.
El evaluador lo sabe perfectamente. Ahora, el ultraje ya es total. Se ha cerrado el círculo. Como estocada final, va a tener que traicionar todo aquello que juró proteger: su puesto de trabajo.
- ¿Qué? ¿Lo tiene ya? Estoy esperando, evaluador.- El aspirante parece cada vez más grande, el suelo se hunde bajo sus pies. Todo le da vueltas y aparecen luces blancas y amarillas. Está perdido. No logra recordar los detalles de cómo ha empezado, por qué no quiso detenerlo a tiempo. Le sudan las manos. Las pasa por las perneras del pantalón para luego ceñirlas sobre su escritorio. La superficie está suave, fresca y seca. Ese escritorio, piensa, parece condenado a convertirse en la zona 0 de la tragedia. El epicentro de su destierro más allá de que solo quedarán yermos campos de estériles empleos con relaciones de poder mínimas o nulas.
- Vamos a hacer un trato -dice al fin el evaluador.- Te gusta negociar, ¿eh? Seguro que sí, lo veo en tus ojos. Podemos llegar a un lugar plácido para ambos, ¿no te parece?
- A ver qué tiene. Le escucho, evaluador.
- Vale... Aaaah -se presiona los ojos con los dedos índices.- Déjame un segundo. Concentrarme. Buffff. Dios, qué calor. Bien, escucha. Yo tengo poder. Lo sabes. Lo sabes, ¿no?
- Digamos que puedo hacerme una idea, sí -contesta el aspirante, como retándole a que le cuente algo que no sepa.
- Poder. Accesos. Pieles muertas. A todos les gusta tener cerca pieles recién muertas, de primera clase. Escoger, ¿sabes? Es un gran poder. Te pone por delante. Poder escoger es bueno.
- Totalmente de acuerdo. Y entonces, en resumen... ¿Qué?
- Que puedo compartirlo todo contigo. Si colaboras, claro está. Quiero decir que...
- Tarjeta amarilla, evaluador -interrumpe bruscamente el aspirante.- No estás en posición. Las cámaras lo han registrado todo. Solo tengo que decirles dónde tienen que mirar.
- Pero si no hay denuncia, no hay sanción. Todo puede arreglarse aquí, ¿comprendes? Y, además, no ganarías nada. ¿Qué sacas en limpio jodiéndome? Te soy más útil en activo, puedo ponerte donde quieras. ¿Te gustan los quistes? Puedo abrirte el camino hasta los mejores, más grandes y maduros quistes de toda esta ciudad. Quistes grumosos que van a follarse a tu paladar, no te quepa duda. ¿Qué me dices? ¿Te gusta cuando te follan el paladar?
- Um. No es mala idea. Podría ahorrarme mucho tiempo si no me hiciera falta descubrir las cosas por mí mismo...
- Eso es, pequeño -el evaluador modula a la alta su complicidad, sabiéndose dependiente de esa su única salvaguarda.
Es una pena, piensa para sus adentros. Porque todo podría haber sido de otro modo. Haberle invitado por las buenas al palacio de su experiencia. Grabarse mutuamente engullendo pomos de puerta, frotarse las espaldas con desgracias ajenas y la penuria no implicante de alguien que necesite de su condescendencia burocrática. Besarse en secreto, hacer el guarro a todas horas. Hacerle una visita a Rosie. Una buena visita nocturna, los dos juntos. Darle a esa pequeña llorona algo para recordar, una buena dosis de terror y shocks nerviosos mientras ambos beben grasa abdominal de cadáveres no reclamados.
Pero las cosas no siempre se escriben en clave de cuento. Podría haber sido una joven con sida o un subsidiario con quemaduras de primer grado en el 70% del cuerpo. Así es como uno puede centrarse en lo suyo, hacer funcionar el país sin interferencias ni arrebatos emocionales de trágicas consecuencias. Aún así, una pequeña lumbre aún resistía los envistes de las circunstancias, manteniendo un hálito de esperanza en la que volcar toda la responsabilidad. Esa pequeña llama, aunque débil, parecía indicar que el aspirante no se cerraba del todo a esa electricidad que antes los hizo temblar a ambos.
Durante más de dos horas evaluador y aspirante desgranan los pormenores de su acuerdo. Mediante avanza la puesta en común, la solera y la experiencia del evaluador van ganando terreno ante las exigencias, tan efusivas como difusas, del aspirante. Hablan de túneles directos, de celdas privadas, de pieles muertas. Aparecen tentadoras rutas de acceso directo a orfelinatos, chaperos bancarios, abducciones con y sin sonda, negritos disecados y teléfonos de lujo con forma de linchamiento popular bicentenario. Indudablemente, el aspirante sabe reconocer cuándo debe apretar y cuándo dejarse cuidar. El tiempo es dinero. El dinero es calvo. Los calvos son casi todos unos violadores en potencia. Todo el mundo sabe sumar. Y cuando se descorcha un quiste, ese hedor a infección y a mantequilla rancia indica que no todo en la vida es malo. Los funcionarios son los seres más necesarios, útiles y atrayentes de todo sistema democrático surgido después de la ilegalización de los pelirrojos. Los funcionarios tienen dedos largos y culos que normalmente parecen fuentes rebosantes de caviar. Los funcionarios tocan las teclas que solo ellos saben tocar, y la preciosa melodía siempre es del agrado de quien tiene la suerte de estar allí. "Son pocos principios básicos, pero son los que son", repite cada equis tiempo el evaluador. Un buen consejo y presenciar lapidaciones de vez en cuando son dos cosas que excitan el intelecto y afilan la percepción. El aspirante acaba por ceder, y promete que habrá silencio. Ni una palabra al respecto, pues mañana el sol piensa brillar como nunca. Y esa luz poderosa no vendrá sola: la promesa de catorce pagas y una corte secreta de enanos genéticamente manipulados acompañarán con paso firme una nueva victoria de los estados medios. Se pensará sobre todo en las pieles muertas, en igualar todo lo que se pueda, en prodigar nuevos quistes bien repletos a punto de reventar.
Ambos se dan la mano, cerrando así un pacto entre caballeros. El evaluador, tal y como suelta la mano del aspirante, le propina un sonoro bofetón para hacerle saber que es un auténtico golfo. Aún no se ha enfriado la mejilla del aspirante cuando el arrebato se corona con un tenaz beso viscoso en la boca:
- Aspirante, aspirante.
- Evaluador, evaluador. Si hubiéramos empezado por aquí. Por cierto, ¿estás sudando?
-No exactamente. Por cierto. Ahora que vamos a compartir cosas, me gustaría saber por qué te llamas Legión.
- Porque normalmente somos muchos -responde el aspirante-. Aunque hoy he venido solo.
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miércoles, 26 de diciembre de 2012
VIDAD! FELIZ NA
"Look up for g(o)od!" Ilustración digital, 24x39 cm. 2012.
_______________________________________________
1.
No haré la digestión nunca más. Es decir, esto es estructural y estricto, para siempre. Por lo que me planteo si escogí bien el sector de mi condena: de la duda parte la duda que de interrogarte/me se nutre y así durante un rato largo.
He dicho. Nunca más. Voy a mostrarme firme. Incluso con los gases.
La digestión puede olvidarse de mí.
Por lo que os recomiendo: armadme, ya que os seré muy útil.
Pronto -pensad en el proceso que tan bien conocéis- estaré tan sumamente loco y tendré tan poco que perder en esta vida (que se me presentará inexorablemente miserable e irrecuperable) que dará hasta gusto ver con qué poco criterio estropeo los fines de semana de por vida a esos pobres solomillos de padres divorciados.
No haré la digestión nunca más. Es decir, esto es estructural y estricto, para siempre. Por lo que me planteo si escogí bien el sector de mi condena: de la duda parte la duda que de interrogarte/me se nutre y así durante un rato largo.
He dicho. Nunca más. Voy a mostrarme firme. Incluso con los gases.
La digestión puede olvidarse de mí.
Por lo que os recomiendo: armadme, ya que os seré muy útil.
Pronto -pensad en el proceso que tan bien conocéis- estaré tan sumamente loco y tendré tan poco que perder en esta vida (que se me presentará inexorablemente miserable e irrecuperable) que dará hasta gusto ver con qué poco criterio estropeo los fines de semana de por vida a esos pobres solomillos de padres divorciados.
2.
No haré jamás la digestión, digas lo que digas. Ni antes ni durante ni mucho menos después de todo eso. Disparar NO es cagar: se dejan ir cosas diferentes. Y hoy, que de tanto juicio y silencio legal se me está cortando la última de puro tedio, aquí me quedo esperando. Aquí es donde me dejasteis y por mi parte digo que aparto desde ya el estar mentalmente desnudo.
Y el vientre, sí. El vientre. Todo eso del vientre.
El vientre, si me permitís, está sobrevalorado. Dormir está sobrevalorado. Vivir sin que las infecciones del alma hagan de tu vida la peor cagada de mono que jamás haya visto la luz del sol, eso también: todo sobrevalorado. Pena me da.
Y qué he de decir. Si tanto te molesta ver cómo me hincho de mi propio cemento, hazme sentir de verdad. Hazlo, eso sí, donde debes; y prepárate para lo que vendrá, una vez liberada la voz del pueblo.
3.
Todo el mundo espera que el poema sea del tipo "y ahora le rompemos el alma a la silla del abuelo y tal". Yo, en esto, veo lo nervioso que se ha puesto el hermano cuando te ha pujado a la alza -haz el favor de tenerlo en cuenta- frente a unos desconsiderados que, al parecer, no suelen leer poesía. Asesinos, gente que disfruta abriendo la carne de los demás. Asuntos de los que ya no se habla en la mesa. Pero no hay forma de echarle el telón a esto, pues ya lo dice muy claramente la canción: "Sobre las piernas / Pepperoni / gorda desagradable / vamos hasta allí como los negros de la serie "Raíces" / no debe saberte mal fenecer / fumar crack y comer sandía es opcional".
Traviesa, traviesa, travieeeesa. Esperas ser tema de poema, una puta al margen de su condición de puta. Tampoco te hemos dado tan fuerte, y ni uno en la cara. Levanta, y a cambio
te versifico
la historia:
que no nos pueda tu hedor
pues tu inmovilidad es falsaria
por eso nadie
va a llamar a nadie.
Nosotros
nos
vamos
ya,
¿vale?
4.
Poco me queda si meto la mano en el saco de lo que me pasó.
Me pasó, meto la mano y pienso "hombre, tampoco te engañes. No esperes tocar algo nuevo, porque todo esto del saco -tan mórbido, cierto- es un todo que ya te pasó."
Porque precisamente me queda poco y ahora -por decir algo- estoy del todo sumido en esto, digo que traigas a esas que conoces. Las traes, mis padres cierran la puerta para siempre, el perro empieza a exhalar gas, los cristales son super-suizos de repente, y para colmo todo esto queda tan absolutamente lejos de cualquier parte y sin norte, ni un poco siquiera. Las traes y lo inútil de mi gesto, el gas. También el perro, pero menos.
Madre, dame mi picha. Hablémosle al mundo de una vez.
5.
De repente, va y es eso: todo empieza a olerte, como si fueras parte del menú. La avalancha muestra unos modales insólitos y tras los barrenos esperan nuevos comensales que, como el eco, prueban de imitar la gracia de un primer golpe.
Están los que humedecen el suelo y los que manchan la pared. Algo se dice y se dice sin rencores, pero de tardío ya no sirve; es más, molesta.
Te huelen, te olfatean como a un coño o como a una mierda fresca. Y quiero pensar que esas caras provienen de su inapetencia. Pero, percátate: date cuenta de que hay quien siempre se reserva para los postres.
6.
De primero, sopa de sudor. El aceite virgen, esa gran incógnita, nos hace reconocer de buenas a primeras que cierto es: ha habido premeditación.
Va a ser imposible despegarse de la doctrina que se impone a través de lo idealizado. Y, siendo franco, dudo que sumergirse en otro pantano desconocido (de fondo aún más desconocido, si cabe) vaya a resolver la parte importante de esto.
Piensas, piensas ante la sopa de sudor y finalmente paseas la cuchara justo por debajo de la primera superficie, esa capa de grasa y de ti, ese tú suave como lo fuiste antes de darte cuenta de quién eras. La cuchara recorre el cuenco como una lancha conducida por imbéciles, llenándose hasta que su cuenca rebosa. Entonces es cuando te flotan los tratos hechos y las mentiras que creíste piadosas.
Tragamos antes de hablar, como es de ley. Y que me parta un rayo si no es cierta la mentira: labios que empiezan a bailar solos, como hacen los locos de pueblo en las esquinas de la verbena.
No haré jamás la digestión, digas lo que digas. Ni antes ni durante ni mucho menos después de todo eso. Disparar NO es cagar: se dejan ir cosas diferentes. Y hoy, que de tanto juicio y silencio legal se me está cortando la última de puro tedio, aquí me quedo esperando. Aquí es donde me dejasteis y por mi parte digo que aparto desde ya el estar mentalmente desnudo.
Y el vientre, sí. El vientre. Todo eso del vientre.
El vientre, si me permitís, está sobrevalorado. Dormir está sobrevalorado. Vivir sin que las infecciones del alma hagan de tu vida la peor cagada de mono que jamás haya visto la luz del sol, eso también: todo sobrevalorado. Pena me da.
Y qué he de decir. Si tanto te molesta ver cómo me hincho de mi propio cemento, hazme sentir de verdad. Hazlo, eso sí, donde debes; y prepárate para lo que vendrá, una vez liberada la voz del pueblo.
3.
Todo el mundo espera que el poema sea del tipo "y ahora le rompemos el alma a la silla del abuelo y tal". Yo, en esto, veo lo nervioso que se ha puesto el hermano cuando te ha pujado a la alza -haz el favor de tenerlo en cuenta- frente a unos desconsiderados que, al parecer, no suelen leer poesía. Asesinos, gente que disfruta abriendo la carne de los demás. Asuntos de los que ya no se habla en la mesa. Pero no hay forma de echarle el telón a esto, pues ya lo dice muy claramente la canción: "Sobre las piernas / Pepperoni / gorda desagradable / vamos hasta allí como los negros de la serie "Raíces" / no debe saberte mal fenecer / fumar crack y comer sandía es opcional".
Traviesa, traviesa, travieeeesa. Esperas ser tema de poema, una puta al margen de su condición de puta. Tampoco te hemos dado tan fuerte, y ni uno en la cara. Levanta, y a cambio
te versifico
la historia:
que no nos pueda tu hedor
pues tu inmovilidad es falsaria
por eso nadie
va a llamar a nadie.
Nosotros
nos
vamos
ya,
¿vale?
4.
Poco me queda si meto la mano en el saco de lo que me pasó.
Me pasó, meto la mano y pienso "hombre, tampoco te engañes. No esperes tocar algo nuevo, porque todo esto del saco -tan mórbido, cierto- es un todo que ya te pasó."
Porque precisamente me queda poco y ahora -por decir algo- estoy del todo sumido en esto, digo que traigas a esas que conoces. Las traes, mis padres cierran la puerta para siempre, el perro empieza a exhalar gas, los cristales son super-suizos de repente, y para colmo todo esto queda tan absolutamente lejos de cualquier parte y sin norte, ni un poco siquiera. Las traes y lo inútil de mi gesto, el gas. También el perro, pero menos.
Madre, dame mi picha. Hablémosle al mundo de una vez.
5.
De repente, va y es eso: todo empieza a olerte, como si fueras parte del menú. La avalancha muestra unos modales insólitos y tras los barrenos esperan nuevos comensales que, como el eco, prueban de imitar la gracia de un primer golpe.
Están los que humedecen el suelo y los que manchan la pared. Algo se dice y se dice sin rencores, pero de tardío ya no sirve; es más, molesta.
Te huelen, te olfatean como a un coño o como a una mierda fresca. Y quiero pensar que esas caras provienen de su inapetencia. Pero, percátate: date cuenta de que hay quien siempre se reserva para los postres.
6.
De primero, sopa de sudor. El aceite virgen, esa gran incógnita, nos hace reconocer de buenas a primeras que cierto es: ha habido premeditación.
Va a ser imposible despegarse de la doctrina que se impone a través de lo idealizado. Y, siendo franco, dudo que sumergirse en otro pantano desconocido (de fondo aún más desconocido, si cabe) vaya a resolver la parte importante de esto.
Piensas, piensas ante la sopa de sudor y finalmente paseas la cuchara justo por debajo de la primera superficie, esa capa de grasa y de ti, ese tú suave como lo fuiste antes de darte cuenta de quién eras. La cuchara recorre el cuenco como una lancha conducida por imbéciles, llenándose hasta que su cuenca rebosa. Entonces es cuando te flotan los tratos hechos y las mentiras que creíste piadosas.
Tragamos antes de hablar, como es de ley. Y que me parta un rayo si no es cierta la mentira: labios que empiezan a bailar solos, como hacen los locos de pueblo en las esquinas de la verbena.
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martes, 4 de diciembre de 2012
EL FABULOSO PUS (MÁS BASURA)
"MEN'S CHOICE (PRE-ABUSE)"
Ilustración digital, 30x43 cm. 2012.
___________________________________
Amigo, coge a la muchacha
y sube presto a la azotea
donde puedan alcanzarte
las balas
y las nubes
y los culos rasantes
de los arcángeles
mira
cuando todo es abajo
eres el hombre más alto del mundo
tus zapatos de catorce pisos
antaño de protección oficial
eso es
demuéstrale a la muchacha
con tu pecho descubierto
girando a la zaga del último minuto
demuéstrale a ella y a todos
te llegan antes los párpados estrellados
(superadlo si podéis)
y pase lo que pase
va a ser precioso
no es que seas pequeño:
estás lejos y eso eso es todo
en lo alto y la muchacha
que sin pena ni gloria te decora
revoloteando como una bacteria
a contraluz
te alcanzarán
pero ya está completo el shock
que te sustituirá con su rutilante
inmediatez
y ni envejecerá
ni podrá ser contenido
porque pagarás su precio
la módica cantidad de Todo
y esos segundos de pánico
que vagarán siempre contigo.
___________________________________
Los invitados van dispersándose
por el jardín
y estoy listo para llevar a cabo
la sorpresa HISTÓRICA
hay que controlar la presión
pero soy optimista
la celebración es ilegítima
no pueden controlarlo todo
no conocen el terreno
llevo meses cortándome
los dedos
pero ahora ya es
simplemente perfecto
"Dormund" o "Gracias"
cada uno en su idioma
(cosa que al fuego le importa nulo)
me pregunto cómo reaccionarán
y mi familia
¿serán tan severos después de todo?
no pueden decir nada
de la rigurosidad angular de los setos
ni de la selecta privación de aromas
llevo meses sin dormir
y casi llegué a darlo por perdido
pero ahora ya es
simplemente perfecto
las fotos no importan
-porque no estarán-
pero como no lo saben hacen fotos de todas formas
en algunas formo con lo queda de mis manos
una antigua forma de invocar el caos
pero es una broma -el caos no es necesario-
y mis pies casi que van solos
bailan sin ser yo del todo consciente
y eso es una de las muchas muestras
hoy la vida me sonríe
y los perros
me sonríen
también los setos geométricos
que durante meses me han mostrado desprecio
hoy me sonríen todos, las mujeres de otros
y los sobrios aledaños
cuando el sol, absolutamente perpendicular
nos deja sin más sombra que las de nuestros vientres
sobre nuestros genitales
y es como si escuchase la voz de la Madre Tierra
contando hacia atrás
de 10 a cero
solo para mí.
___________________________________
El arte de crear
nombres compuestos
y frecuencias codificadas
alguien tiene que encargarse
hasta de lo más inverosímil
y no sé si rezar va a servir de algo
pero algo hay que hacer
para que todos sigamos ahí
convencidos de lo muy necesarios
que resultamos
podar corales ultramarinos
o pintar de blanco toneladas de basura
a punto de ser incinerada
no dirijas hacia mí la ira
al no ser que sea eso lo tuyo
lo mío no podría ser más sencillo
cada día visualizo mi causa
así es lo que somos
desde hace tanto
nadie recuerda
el aspecto del culpable.
___________________________________
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