sábado, 14 de julio de 2018

PAISAJES DE TÚ A TÚ (nueva Serie). Primera entrega.


Hola. Hoy os presento una nueva serie de obras gráficas. Esto quiere decir que, a través de una base de motivos comunes (principalmente, conceptuales y estéticos), un número indeterminado de nuevas imágenes —mías, que las he hecho yo— acabarán, eventualmente, por formar un conjunto cerrado y más o menos cohesionado. Los álbumes de cromos funcionan de forma muy similar. Los achaques de la edad, también. La comida china. 

Pues vale. A ver qué quería yo decir. Una serie. Me gusta eso. Tengo varias. Algunas más numerosas, otras no tanto. Esta es nueva. Acabo de empezar. He decidido titularla "PAISAJES DE TÚ A TÚ". Eso se debe, principalmente, a tres motivos.

Primero. Son paisajes.

Segundo. Son paisajes naturales, próximos, fácilmente reconocibles. Es decir, existe la posibilidad de encontrarse en ellos. De tú a tú.

Tercero. Comercialmente, NO puede fallar. Modestia aparte, creo que como título es INMEJORABLE. Fácil de recordar, rebosante de humanidad, honesto en fondo y forma. Juega en la liga de los eslóganes clásicos de toda la vida. Nata de la hostia. Desde luego, todo un acierto por mi parte.

La razón de que me haya decidido a pintar paisajes ciertamente profundos de mi amada tierra, se fundamenta en una inusitada coyuntura de febril optimismo, renovadísimas ganas de aportar y un sentimiento innovador TREMENDO.  Quiero decir, me gusta pensar que en este bellísimo país todavía quedan por descubrir parajes inhóspitos y maravillosos, de ralo carisma, más o menos practicables y, por qué no, de tú a tú. Volver a mirar los horizontes de ésta España nuestra con ojos nuevos, ¿sí? Quiero decir, metafóricamente hablando. Mis ojos son los de siempre, no me los he cambiado. Pero es una cosa que va por dentro: me he dicho a mí mismo "Riot, anda, pinta paisajes", porque ahora que ya estoy entrando en la edad madura necesito reorientar mis motivaciones. Pensar un poco más EN LOS DEMÁS, no sé si me explico. Me digo "si lo porto a dos carrillos, eh, ¿por qué no compartirlo, caramba?". Y así. Por eso he empezado a pintar paisajes. He hecho cuatro, y luego cuando pueda haré más. Va a ser una experiencia muy bonita, creo.

Bueno. Y ya está. Espero que podamos compartir juntos muchos paseos —sumamente afables, a poder ser— por estos bellos, discretos rinconcitos de uno de los países más meritorios y corajosos del mundo entero. 

Y nunca os olvidéis de prestar PERO QUE MUCHÍSMA atención a vuestro alrededor: siempre, si así se quiere ver, estaréis rodeados de un buen montón de pedacitos de Dios. Gente que merece ser conocida. Un melocotonero de amistades al alcance de la mano, latifundios de maizales humanos listos para ser desgranados a base de amor y compasión. De tú a tú. En el paisaje. 


Hasta la próxima y un abrazo muy grande a todos, todos. DE VERDAD.



La Llamada del Alce (El Bierzo)

Shaggy Iceberg (Melilla Simpar)

Ávila's Dream / Nuestra Rotonda Especial

Santillana del Mar (Merendero "Los Tocayos")





miércoles, 4 de julio de 2018

A propósito del GOPNIK ART (o: la Vanguardia Artística REAL pertenece a la derecha Kinki-gutural, y ésta aún no lo sabe)


El Jarcor No Tiene Parangón

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Gopnik es el término que cataloga a una clase determinada de individuos/as, no mayores de 30 años, aparecidos en la Rusia post-soviética. Muy similares a los canis, calorros, kies o kinkis en España, turros en Argentina, flaites en Chile, chavs en Reino Unido o neds en Escocia.

En Rusia, la palabra urbana Gopnik ha sido acuñada para describir a los jóvenes descontentos propensos a la violencia, el incumplimiento de la ley y el abuso de sustancias.
Fuente: Wikipedia



Que vivimos tiempos aciagos, no es ninguna novedad. Han sido, son y por lo pronto serán los primeros pasos de un (quasi)nuevo siglo que, a pesar de habérselas dado de futurista —o eso se nos dejó entrever, si no mal recuerdo, a través de las películas, series, tebeos y novelas Sci-Fi de nuestra infancia ochentera—, más que futuro nos ha traído una forma macabra de regresión post-cultural(ista) generosamente adobada con tintes sádicos, distópicos y esencialmente vengativos.

No voy a entrar más en ningún análisis fuera de lo que hoy me concierne: lo que véis, justo eso, y cómo lo vivís. Ese ES, ni más ni menos, el contexto. Y ahora, una vez sacudida del lomo la responsabilidad de explicar por enésima vez lo obvio, vamos con lo que me ocupa en esta humilde —a la par que clarividente— disertación. Así que, al lío.



EPIC GOPNIK PERFORMANZ VS LA MEDIOCRE DIALÉCTICA (PSEUDO)POSTCULTURAL 

El "arte" de la "performance" (o "arte en vivo", aplicable a escenarios efímeros fundamentados en la manifestación de expresiones corporales con una voluntad comunicacional presuntamente "creativa" y que no, no necesariamente han de estar —aunque podrían estarlo— vinculadas al ejercicio de la danza y/o similares) siempre ha sido una de las más grandes pedorras del arte moderno y posterior. El porqué, viene a ser lo mismo que con el resto pero aún más: campo abierto para la patochada, el esperpento críptico de ínfulas varias y, sobre todo, caldo de cultivo de las más virulentas vergüenzas ajenas —cuyo único e imbatido equivalente se halla en el culmen diarreico del videoarte Post-Fluxus— que, sin duda alguna, ha hecho las delicias de las personalidades más impostadas y antinaturales que han campado —y aún campan, para mayor desgracia— por los páramos creativos de ésta nuestra paupérrima herencia cultural contemporánea. 
     La falta absoluta de originalidad REAL.
     La asfixia de Egos.  Con mayúscula capital, esos que van con nombre propio y paga papá.
     El solemne, inclemente ABURRIMIENTO. Total ausencia de lo verdaderamente necesario.
    

Eso es Desgaste Pseudopostcultural. Supongo que el término resulta suficientemente elocuente. Pasa en las mejores familias, claro: pintura, escultura, poesía, cine, literatura en general que-no-es-poesía... Ya. Obviedades, obviedades. 

Y ahora, veamos LO NUEVO. 

Antes de entrar de pleno en ello, un par de matices previos que considero esenciales:

1. Las manifestaciones artísticas y/o filosóficas propias del talante derechista —ya sean moderadas, extremas o simplemente circunstanciales dentro de la gravedad—, tradicionalmente siempre han adolecido de una pamplinería apabullante: solo en contadísimas ocasiones —y siempre contextualizadas bajo unos severos parámetros de concrección inimitable—, la ideología fascista y/o reaccionaria ha dado algún que otro fruto de considerable interés. Marinetti, Schopenhauer, Céline... Y poco más. Jose Luís Moreno, si me apuras. 

2. Las manifestaciones artísticas y/o filosóficas propias de las clases populares con cierta tendencia al analfabetismo funcional y a la casi total falta de dotes pertinentes a su escala evolutiva (Sapiens-Sapiens, aprox), suelen no ser demasiado dignas de mención. Siempre sale, de tanto en tanto, algún retrasado mental con dotes pictóricas curiosas o un oligofrénico con cierta manita para los mosaicos; ejemplos aislados y poco significativos, en todo caso, si nos atenemos a la tónica histórica imprerante. 

Teniendo en cuenta estos dos aspectos, se hace incluso MÁS urgente hablar de la irrupción de una nueva vanguardia performántica agro-facha que, sin duda, se ha situado de inmediato y por méritos propios —eso pienso yo, faltaría más, que para algo me estoy marcando el presente tordo— en lo más alto de las cotas de innovación creativa: desde las cumbres más celebradas de los movimientos Surrealista y Dadà, nunca se había vuelto a ver un torrente de tal calibre en lo tocante a la agitación social filtrada a través de creatividades rabiosamente nuevas, espontáneas y, ante todo, tremendamente EFECTIVAS. Ni siquiera dignos aspirantes como el Grupo Cobra, los principales accionistas vieneses o apropiacionistas de la talla de Richard Prince o Morimura, jamás llegaron tan alto ni tan fuerte a los nuevos cielos de transgresión artística adelantada a su tiempo. Esto es debido, entre otras cosas, a su mayor o menor pretensión a la hora de llevar a cabo sus historias

Y he aquí, remarco, un punto CLAVE. Porque esto, de lo que hablo, ha pasado SIN MÁS, como la vida misma. Dicho pronto y mal, su pretensión es comparable a la de un matorral de descampado: sin saber muy bien por qué, nace. Y una vez llega a este mundo, hace lo suyo. Las razones, si es que existen, son irrelevantes. Es algo que PASA, que sucede con entereza propia de la misma Naturaleza. Solo que, en este caso, en vez de tratarse de una conjugación bioquímica de microorganismos que un buen día se organizan y emprenden su gran aventura, estamos ante un puñado de jóvenes filofascistas y semianalfabetos —seguramente en paro, provenientes de familias que redefinen el término desestructuración y de carácteres abiertamente gregarios a la par que violentos— que, igual que arraigan los matojos, han creado sin darse demasiada cuenta una de las más grandiosas manifestaciones artísticas de vanguardia vistas en los últimos 100 años. 


Ríete tú del Cabaret Voltaire.



FACHAS EN CHÁNDAL: CÁUCASO, COSMOLOGÍA
Y PORVENIR DE LA TRADICIÓN ORAL


Reconozco que es arriesgado: si bien no puedo (ni debo) negar la inmensa simpatía que me provocan los llamados Gopniks, tampoco es de recibo afirmar en un texto serio —como éste— que dicha horda de iletrados morlocks naturales de la Europa del Este más descompuesta y confundida serán, por así decirlo, eventualmente reconocidos como pioneros de una novísima expresión artística que habrá de marcar un "antes" y un "después" (nótese el uso de comillas sin miramiento ninguno: la cosa, efectivamente, va en serio). Pero, qué cojones, desglosemos un pelín el pifostio manque sea por vicio: 

En primer lugar, y eso es innegable, cumplen las premisas de lo que se requiere a la hora de nombrar a una vanguardia artística como tal, en pleno derecho de facultades y corroborada más allá de planos teóricos (de hecho, aquí no creo que haya plano teórico ni de puta coña, por lo que la práctica resultante deviene aún, si cabe, más real). Y, ¿qué premisas son esas?

01. Expresión lúdica y creativa con intenciones de comunicar una idea, sea individual o colectiva. En principio, sin ánimo de lucro: solo desbocados torrentes de pura pasión sociópata.

02. Originalidad incuestionable y ausencia —como poco, parcial— de referentes estéticos directos. Iconoclastia. Devenires turbios. Quinta marcha, totalmente.

03. Su acción conlleva una reacción real, interactiva y voluntaria por parte del espectador/a: éste/a, a su vez, se muestra VERDADERAMENTE sorprendido: ergo, se genera una pauta insólita en la cognición del sujeto paciente, dando lugar a un nuevo parámetro sociocultural inexplorado. Esto es, creación de nuevas visiones culturales.

Detengámonos un momento en este último punto (03) y, gracias al apoyo de testimonios audiovisuales, veamos como EFECTIVAMENTE el proceder HardBasser de estos jóvenes Gopniks, pioneros de expresión corporal futurista, logran, tan solo siendo ELLOS MISMOS, reacciones mucho más notables que las provocadas por la totalidad de performances —más allá de que sean o no filomaricas— que actualmente pueden darse en cualquier museo, centro cultural o galería de renombre: 
Prostejov's Grand Chavaladah, dejando huella

Vamos a ver: un grupo (numeroso) de indocumentados enmascarados —lo de las máscaras y pasamontañas, ya es un tema en sí mismo—, mancillando lo que encuentran a su paso a base de coreografías lunáticas y zapateados imposibles en clave passepartout, portando chandalada militante y sudaderas con motivos abiertamente anti-sociales, todo ello SIN HABLAR. Asimismo, siempre on the move de forma presuntamente aleatoria y con una clara motivación por el faltonismo y la jodienda sistemático-cachonda de capas bienestantes de la sociedad (propietarios, madres, gente en coche...). Todo filtrado a través de parámetros propios de las ruinas post-comunistas, cráter altamente desatendido en ese pánfilo continente que es Europa. A mí, esto me lleva a la esencia del Dadà más puro y rupturista, pero aún mejor: ninguno de ellos, y eso casi que podemos darlo por sentado, puede permitirse dejar su curro —en caso de que lo tenga, tema peliagudo— para pasarse la mayor parte de su vida jugando al ajedrez. Es decir, estamos ante una vanguardia que, aún y basándose en fundamentos eminentemente artísticos (música, danza, performance de la buena, y hasta un puntito de representación Kabuki con regusto a felpudo chabolero), en ningún momento abandona su noción de causa: la reivindicación de su desfavorecimiento social, su querencia por la violencia, las drogas baratas, el alcoholazo de garrafón y una innegable prestancia coyuntural —ya sea en rotondas, restaurantes chinos, centros comerciales, bocas de metro o descampados trufados de chutas—, nada tiene que envidiarle a los movimientos más destacados de la Historia del Arte socialmente incisivo. De hecho, estoy casi seguro que todo esto mola MUCHO MÁS que el Mayo del 68 y que la Universalización del Flamenquito y el Porno-Terrorismo más sobaquero y la irrupción del postmodernismo en la literatura de aquí y los breakdancings sardanistas, todo junto y multiplicado por tres. Vamos, es que ni le llega a la cremallera de la pernera del chandalamen. 

No sé si me he explicado. Veamos un poco más de lo que digo, para ir reafirmando el concepto:

FP Madness

Noción de espectáculo

Hardest Novecento


Vale.
    Pues eso era. Un poco atropellado quizá, pero la sustancia ahí la llevas.


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El Jarcor No Tiene Parangón II (Spleen)

El Jarcor No Tiene Parangón III (Primus Magnificus)






miércoles, 27 de junio de 2018

LA LEYENDA DE YOVERAK Y SU ABUELO


Hace poco descubrí una leyenda popular, al parecer muy antigua, que me habría sido de gran ayuda por aquel entonces. En realidad, es un cuento —y ya sabéis lo que pasa con los cuentos, con lo que nos cuentan—. Pero entiendo que la consideren más una leyenda popular que propiamente un cuento, ya que su valor metafórico tiene un bagaje añadido de liturgia que lo eleva a un nivel ligeramente superior. Situado en plano religioso, si así se quiere ver. Su mensaje no es solo una ficción que incluye una constatada lectura entre líneas: su aplicación, naturalmente más altiva, abarca niveles más propios del Corpus Social Absoluto que de individuos puntuales con ínfulas didácticas y querencia por la —siempre sobrevalorada— tradición oral. 

La leyenda dice lo siguiente:


Cuentan que, hace muchísimo tiempo, cuando las montañas todavía no habían crecido y las nubes eran apenas gasecillos agitados con ganas de recorrer mundo, un abuelo y su nieto salieron a cazar. El abuelo, un hombre sabio y muy respetado dentro de la comunidad, había tomado bajo su responsabilidad la educación de su nieto, que apenas había empezado a experimentar los espasmos hormonales de la pubertad. El chico se llamaba Yoverak, y ante todo quería que su abuelo se sintiera orgulloso de él. Lo obedecía en todo, observaba sus maneras con gran detenimiento y se aplicaba al máximo en todas sus enseñanzas. Algún día, cuando fuera mayor, iba a convertirse en un guerrero sabio y honorable como su abuelo.
     Esa era su vida, en eso pensaban y a eso se dedicaban: el abuelo enseñaba y el nieto aprendía.

Habían partido de su aldea natal con la primera luz de la mañana, con la idea de llegar a los bosques antes del mediodía. En los bosques vivían todos los animales de la creación. Convivían en equilibrio, el ciclo de la vida se completaba satisfactoriamente cada año. Nuevos nacían, viejos morían. Algunos servían de alimento, otros se dedicaban a abonar con sus heces la tierra para que volviera a brotar la vida, y entre todos mantenían un sistema en harmonía y perfecta interacción.

Cuando el abuelo y el nieto llegaron cerca de la entrada a los bosques, se sentaron al lado de un arroyo y abrieron sus zurrones. El nieto sacó del suyo una mazorca de maíz tostado, un pedazo de carne salada envuelto en pétalos de umalqztlap, y un antifaz dorado. El abuelo sacó del suyo una bota de cuero rebosante de licor dulce,
una navaja, un collar de colmillos, un par de pergaminos enrollados y un carboncillo. 
      Ambos dejaron reposar sus arcos y carcajs sobre la hierba fresca.

El nieto, que no había dicho ni una palabra desde que habían salido, mostraba en el rostro una expresión taciturna. El abuelo, reparando en sus mohines, le preguntó: “¿qué sucede, joven Yoverak?”
 

Sin apenas valor para mirar a los ojos de su abuelo, el muchacho respondió en voz baja: “es que no quiero. Hoy no, abuelo, por favor”.

“Pero, ¿qué me dices, joven Yoverak? ¿A qué se debe tan repentina pereza?”, le inquirió su abuelo, mientras desenrollaba cuidadosamente los pergaminos con ambas manos.
     “Pues eso, abuelo, que no me apetece. Es tan frío el aire de la mañana… ¡Y siempre tengo que estar mucho rato! Si sigo así voy a enfermar, creceré mal y nunca podré llegar a ser un gran guerrero sabio como tú”. Yoverak, que iba vestido con un pañal de cáñamo y un chaleco de piel de lobo, se aferraba a las ropas como si quisiera incrustarlas en su cuerpo y no sacárselas nunca jamás.

El abuelo, que no era ajeno a los temperamentales accesos de carácter de su bienamado nieto, forzó una ligera carcajada. Luego, sin decir nada, colocó frente a él los dos papiros y el carboncillo a su lado. Cuando acabó de situar los elementos en su justo lugar, abrió la bota de licor y se propinó un trago largo. Engulló durante casi un minuto, sin parar, dejando que el ardiente néctar fluyera libremente por su garganta para de inmediato aposentarse en su sedienta tripa. Cuando acabó de beber, sacó de su zurrón un grueso cigarro confeccionado con picaduras de tabaco, escamas de piel seca y cabellos cuidadosamente seleccionados de entre los seis hombres más bellos y vigorosos de la tribu. Lo encendió con una yesca que rascó en la piedra, le propinó una profunda calada. Retuvo el humo durante más de medio minuto. Le lloraban los ojos. Su nieto, que conocía bien el ritual, se sentó de espaldas frente a él. El abuelo, cuando tuvo enfrente de su boca la joven nuca de Yoverak, dejó ir lentamente el humo sobre ella. En un instante, la cabeza del joven Yoverak estaba rodeada de una densa nebulosa blanquecina. Intentó no toser, pero no pudo evitarlo.

“Joven Yoverak… Me decepcionas”. El abuelo, al escuchar la tos ronca de su nieto al verse expuesto a la nube de cigarro, lo agarró del pelo y se lo estiró hacia atrás. El cuello del joven Yoverak se tensó en un arco, al tiempo que sus facciones se contraían por la presión. “Aaah, Yoverak… Así es como tratas los regalos de tu abuelo, despreciando mis enseñanzas más preciadas”.

Yoverak, apenas sin poder mover la cabeza, intentó virar la mirada para encontrarse con la de su abuelo: “abuelo, gran vergüenza me consume, no era mi intención toser el humo usado de tu cigarro… Ruego tu perdón, he sido indigno pero habré de compensar mi falta con creces, cumpliendo tus designios hoy y siempre”.

“Ya veremos, joven Yoverak, si así ha de ser. Entonces, ¿has cambiado de parecer? ¿Ya has vencido a la maligna pereza que ha intentado alejarte de tus sagradas obligaciones?”, preguntó el abuelo, soltándole el pelo como si dejara ir un puñado de espigas después de haberlas desgranado. “Sí, abuelo. He vencido al demonio de la pereza”, contestó su nieto, aliviado por haberse liberado de la presión de aquellos huesudos dedos de Toktamqentzal.

“Pues ya sabes lo que tienes que hacer. Está todo preparado… No perdamos más tiempo, joven Yoverak, porque si no el calor del mediodía nos robará las mejores presas de los bosques”.

Yoverak empezó, pues, a hacer lo que le pertocaba. En primer lugar, se puso el antifaz dorado. Tras quedase completamente desnudo, se mostró por completo frente a la rigurosa mirada de su abuelo. Se puso de cuclillas, dejando sus genitales colgando entre las piernas, y empezó a dar saltitos de rana. El abuelo, que en ese momento ya había empezado a ponerse cómodo y con su collar de colmillos rodeándole el cuello, retomó su cigarro y bebió más licor de su bota, alternando caladas y tragos, mirando fijamente a su hermoso nieto con la mirada atenta del que se sabe al mando de la situación.

“Salta, salta Yoverak. Date la vuelta… Las nalgas. Ábretelas, déjame ver cómo van las cosas por ahí”. Yoverak, haciendo alarde de una obediencia incondicional, se dio la vuelta y se abrió las nalgas con las manos, dejando que la luz del día bañara su esfínter. Movió un poco las caderas, sin soltar las nalgas en ningún momento. Abrió un poco más las piernas.
      “Ah, joven Yoverak… ¡Empiezas a tomar formas de gran guerrero! Cada vez lo tienes todo más oscuro, ¡demos gracias a los dioses de la aldea! ¿Sientes los latidos del corazón en la cabeza de tu pequeña culebra?”

El abuelo, enrojecido por la caricia del agua de fuego, empezó a bocetar sobre el pergamino. “No te muevas ahora, joven Yoverak, porque estoy capturando tu espíritu… Baja un poco más la espalda. Más abierto… Más. Un poco más. No seas perezoso, Yoverak, te lo advierto, o nada de esto servirá para nada”.

Durante un buen rato, el abuelo estuvo retratando a su nieto Yoverak en escorzo. Dado que sus ojos ya no eran lo que fueron en tiempos, el anciano tuvo que acercar su cara hasta prácticamente tocar con la punta de la nariz el ano de su nieto. Tuvo que hacerlo dos veces, quedándose ahí durante el tiempo necesario para captar la esencia deseada. “Joven Yoverak, has de saber que tu fragancia es propia de un espíritu poderoso… El sudor afrutado y acre de los grandes guerreros baña generosamente tu herramienta. Felicidades.”

El joven Yoverak, incapaz de disimular su alegría, lanzó al aire su grito de guerra a pleno pulmón. Luego, abuelo y nieto tomaron un refrescante baño en la parte profunda del arroyo, secaron sus cuerpos desnudos al sol y se dispusieron para la jornada de caza.

Al llegar a la entrada de los bosques, vieron como un cervatillo comía brotes tiernos en campo abierto. Ajeno a cualquier peligro, aquel jovial animalito parecía ser la representación misma de la felicidad en la tierra.

El abuelo, al divisar la pieza, le dijo al joven Yoverak: “ése de ahí. Mátalo”. El joven Yoverak, que conocía bien las leyes de los bosques, se quedó dubitativo ante las indicaciones de su abuelo.
   “Abuelo… ¿No deberíamos dejar que se hiciera adulto? Matar a cervatillos no es bueno para los bosques, pues las crías son las que en un futuro habrán de procrear para mantener el equilibrio de…”

“Que lo mates”. El abuelo cortó en seco el razonamiento de Yoverak, impidiéndole finalizar su argumento. “Mátalo, ya. Dale con una flecha en el muslo. Y luego otra, en el otro muslo. Hay que impedir que escape”. 

Yoverak se quedó patidifuso. No sabía cómo debía reaccionar: su abuelo, sabio mentor y modelo a seguir, estaba pidiéndole que hiciera algo que estaba MAL. Además, ¿en los muslos? ¿Por qué no hacerlo, en todo caso, directamente en la cabeza o en el pecho?

“Yoverak… A ver si nos entendemos”, profirió el abuelo, con tono marcadamente inquisitorial. “Quiero que cojas esta flechita, que la pongas en este arco tan fabuloso que YO, sí, YO te regalé para tu último día del nacimiento, que apuntes a ese hijoputa y que se la claves en el M-U-S-L-O. ¿Sabes lo que son los muslos, verdad? Tú tienes dos bien preciosos, fíjate”. El abuelo, manoseándole y pellizcándole en el interior de los muslos, se acercó a Yoverak tanto que el joven sentía el aliento de su abuelo abrasándole las mejillas. Era caliente, olía a alcohol y jugo gástrico. Yoverak estaba paralizado, su mente y su corazón nunca antes habían estado tan contrariados.

El abuelo, al ver que su nieto no reaccionaba, prosiguió con su diatriba: “Yoverak, Yoverak, Yoveraaaaaak. Me estoy poniendo de muy mal humor. Sabes… Me da la impresión de que no va a ser posible eso del “gran guerrero”, del “espíritu poderoso”… Porque ahora mismo, Yoverak querido, estoy… Estoy dándome cuenta de que eres PEOR QUE UNA MUJER. Coge el arco, Yoverak. Coge la puta flecha, ahora. Quiero… Te EXIJO, como tu maestro y tu respetable, que le claves a ese desgraciado un buen pinchazo en cada pata. En CADA PATA, Yoverak, y más te vale que le lleguen hasta el hueso. Porque, como no lo hagas y eso sea AHORA MISMO, te voy a convertir en una mujer. ¿Sabes cómo se usa a una mujer? No, claro, tú que coño vas a saber, si te bajaron los huevos antesdeayer. Pero ya te enterarás, vaya que sí. Te vas a enterar cada mañana, tarde y noche. Porque como no hagas lo que te digo, te aseguro que no te vas a poder sentar en una canoa en meses, ¿te queda claro? Voy a dejar que te usen todos como si fueras un joxqlamezqtol de fregar chozas. Y adivina. Vas a tener que llevar doble pañal el resto de tu miserable vida, Yoverak, porque me voy a asegurar de que en la boca de tu cueva te quepa un oso a dos patas”. 

El joven Yoverak, que a duras penas lograba contener las lágrimas, miró a su abuelo con los ojos rotos de un adulto. Por primera vez, en su mirada podía descubrirse el pálido velo que, una vez nos amortaja en vida, nos acompaña hasta la muerte, mostrándonos el camino. Esa mortaja, ausente de toda luz y opaca como agua de pantano, había entrado en él como un desfile de ciegos. El frío tacto de la punta de la flecha entre sus dedos, gomoso el arco bañado en ámbar; sus tintineantes testículos de niño hirviéndole, contraídos por los nervios y la crispación del atolladero. Y su abuelo, esperando a que se decidiera a crecer de una vez, o bien convertirse en mujer.

Yoverak tensó finalmente el arco. Apuntó, disparó la flecha y ésta se clavó con una estocada seca en uno de los muslos traseros del cervatillo. El animal, súbitamente atropellado por el dolor, se dobló sobre sus patas delanteras. Yoverak echó mano de su carcaj y extrajo una segunda flecha, que acabó por clavarse en el nacimiento de una de las patas delanteras. El animal aulló de dolor, y viéndose herido de gravedad intentó revolverse en una fallida maniobra de huida.

“¡Ja! Míralo, ¡valiente cabrón!” Grito el abuelo entre gorgoteos de satisfacción. “Se piensa que va a ir a alguna parte, menudos cojones… ¡Yoverak, ven! Vamos a acercarnos, ¡corre! ¡Antes de que se desangre demasiado!” 

Yoverak y su abuelo se acercaron al trote hasta donde yacía el cervatillo herido. Cuando llegaron a su lado, el abuelo empezó a golpearle el hocico con el mango de la navaja. “Mira Yoverak, mira como le chorrea el hocico… Si les das fuerte y seco en el hocico, es para ellos peor que para nosotros una patada en la entrepierna. No lo soportan, ¿sabes? Mira, mira como se le arruga… Toma, prueba tú”.

Yokerak cogió la navaja por la hoja y, tras unos instantes de indecisión —que rápidamente fueron señalados por el ceño fruncido de su abuelo, a modo de último aviso—, empezó a golpear el hocico del cervatillo. Cada vez que le asestaba un golpe seco en la punta, el cervatillo emitía un sonido gutural profundo, ahogado. Sus ojos se licuaban hasta dejar caer las lágrimas. Yokerak, en algún momento, empezó a golpear con cierta noción musical: ta, ta-tá, tat-ta-tá, ta, ta-ta-tá… El abuelo, que de mientras iba revolviendo la flecha dentro la herida de la pata trasera, estalló en una sonora carcajada.

“¡Muy bien, chico! Así se hace, ¡con ritmo, joder! ¡Dale con la punta afilada, a ver si le gusta! Vamos a ensancharle las fosas al mamonazo, ¿qué te parece?”

Y así fue como pasaron el día, Yoverak y su abuelo, justo en la entrada de los bosques. Estuvieron hasta que la tarde se volvió naranja: el cervatillo había muerto horas antes, pero ellos encontraron variadas formas de aprovechar el material.

De mientras, en su aldea natal, el ejército de colonos ya había acabado de masacrar diligentemente a todos los hombres adultos, disponiéndose a violar a las mujeres y esclavizar a los niños.

Fin.

lunes, 18 de junio de 2018

EXTRACTO 22: EL GRAN SECRETO DE CÁNOVAS DEL CASTILLO (Exclusiva)


Don Cánovas en Frescura (imagen de archivo)

"Desde los históricos criptogramas (originalmente llamados umbrales) de los Sumarios Reales atribuidos a la II Dinastía Ab-Ruiz Montornés (ubicada en algún momento entre los años 1208 y 99 a.C), no se habían detectado literaturas ocultas bajo un sistema tan sofisticado e intrincado como el usado (¿y acaso creado?) por Don Cánovas. Esto es, y valga como prístina asunción teórica oficial y consensuada unánimemente por los especialistas aquí presentes: de la primera a la última página de su obra, las palabras (y, más concretamente, las letras) se extienden a lo ancho y largo de los muchos párrafos que componen su discurso escrito, llenando así la totalidad de páginas comprendidas en cada volumen. Esto, no nos engañemos, pasa casi en todos los libros y obras impresas basadas mayoritariamente en textos. Ahora bien. En el caso de Don Cánovas, si reordenamos un número suficiente de letras incluidas en su obra bajo reglas de riguroso cumplimiento, antes o después obtenemos un mensaje que se va dibujando como una constelación de trazado casi quirúrgico. De la misma forma que el impecable mecanismo de un reloj: una vez éste se pone en marcha, se somete automáticamente a un pulso de parámetros matemáticos de indeleble prestancia, señoriales al máximo, tal y como cabría esperar de una mente tan espectacularmente lubricada como la de Don Cánovas. Tal y como el segundero mueve al minutero y éste mueve a su vez la manecilla más corta (que, por eliminación, es la encargada de apuntar las horas), la impactante excelencia criptográfica de Don Cánovas nos va guiando por entre delicadísimos entresijos a seso y fuego hasta llevarnos, en el mejor de los casos, a la obtención de un mensaje nuevo, completo en fondo y forma."


(Extracto del Extracto 22, documento inédito originalmente hallado
en [clasificado] y expuesto a la luz en este blog por vez primera). 



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EXTRACTO 22 (COMPLETO, REPRODUCCIÓN FOTOGRÁFICA ORIGINAL):





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domingo, 10 de junio de 2018

DA CUCUTRASH // Couché Nightmare 09062018


Amphetamine Refugee

Ángulo Muerto

Esto va a salir F-E-N-O-M-E-N-A-L

Hardest Pitote (Da Cucutrash)

Razorback de Henares

Headshot

La Higiene Amorosa de Antaño

Madre Soltera (Nivel: 3)



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martes, 24 de abril de 2018

EL CONTINENTE BALDÍO (Geopolítico)



EL CONTINENTE BALDÍO (Geopolítico).


Collage y Mixta sobre papel. 34x46,5 cm. Abril 2018.


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apretando nuestros ojos sin párpados, esperando que llamen a la puerta

T.S. Eliot, La Tierra Baldía (II: Una partida de Ajedrez). Fragmento.




 





PRESENTACIÓN Y RECITAL EN "LA CASA DE ZITAS" (ZGZ)



SÁBADO 28 de abril. Presentación en Zaragoza de mi útimo artefacto publicado, el poemario mixto Noche Relativa / Estereotipos de Permanencia (Zoográfico Ediciones, 2017). Junto a José Malvis y Judith Rico.





domingo, 18 de marzo de 2018

GOLOSOS DE RODAS // Couché Nightmare Series - 18032018.02


CUANDO LA FELICIDAD ES TAN INEVITABLE


PROFESSIONAL JAPANESE 'FLAMENCO' SINGER


TRANSICIÓN (73%)

CUANDO LA FELICIDAD ES TAN INEVITABLE (Crabmouth Remix)




SUNDAE MEGABLAST // Couché Nightmare Series - 18032018


HERE COMES A NEW CHALLENGER

MANDÍBULA DE CRISTAL

MOCKINGBIRD IMPASS 01 - Black Phase

MOCKINGBIRD IMPASS 02 - Red Phase

MOCKINGBIRD NOT - Helmet Phase

ENSAYANDO EL BESO





sábado, 17 de marzo de 2018

Serie 'Demokracia Gjithmonë Fiton' #09: VÉASE EL MUNDO COMO TU ESPEJO


VÉASE EL MUNDO COMO TU ESPEJO. Collage y mixta sobre papel. 50x70cm. 2018.

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Cultivo un piojo en mi corbata
Y sonrío a los imbéciles que bajan de los árboles.

Nicanor Parra, Los Vicios del Mundo Moderno (fragmento)




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BONUSTRACK: De cómo Google entiende mis términos preferentes de búsqueda (en lo que a imágenes se refiere)

Oh yesss Sir. Estoy deseando que lo vea mi madre.


viernes, 23 de febrero de 2018

Serie 'Demokracia Gjithmonë Fiton' #08: GOIN' BANANAS


GOIN' BANANAS. Collage y mixta sobre papel. 50x70 cm. 2018.

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Serie 'Demokracia Gjithmonë Fiton' #07: EL NATURAL DESCONCIERTO


EL NATURAL DESCONCIERTO. Collage y mixta sobre papel. 50x70 cm. 2018.



jueves, 22 de febrero de 2018

WORMOUS!


WORMOUS!. Collage y mixta sobre papel. 32x55 cm. 2018.

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Pero ved, a través de la bulla de los actores
como una forma rampante hace su entrada!
Una cosa roja, color sanguinolento viene retorciéndose
de la parte solitaria de la escena.
¡Cómo se retuerce! Con mortales angustias
los actores constituyen su presa, y los ángeles
sollozan viendo esas mandibulas de gusano
teñirse en sangre humana.

Edgar A. Poe, El Gusano Conquistador (fragmento)



sábado, 17 de febrero de 2018

ENTREPINARESS presenta "TERRITORIO GRAN SABOR"



Hola, amantes de la buena música y la diversión sincera: si me permitís un minutito de vuestro tiempo, estaré encantadísimo de haceros llegar las buenas nuevas. Esto es, he tenido el honor de apadrinar este delicioso debut sonoro de los ENTREPINARESS, un joven grupo lleno de ilusión e ideas frescas. 

Estos tres jóvenes procedentes de una aldea gitana situada cerca de Gengenbach tienen la grandísima suerte de no haberse enterado aún que la Segunda Guerra Mundial acabó hace ya casi diez años. Así las cosas, han permanecido hasta día de hoy bajo una doctrina activa del Tercer Reich (el original, no una de esas imitaciones baratas que corren últimamente por ahí): a diferencia de la gran mayoría de los de su raza, ellos sí han tenido el tiempo y la perspectiva suficiente como para conciliar la inevitabilidad de su entartete genetik con los imperativos morales y filosóficos de la ideología nazi. Gracias a tal emulsión conceptual, los tres han crecido bajo una férrea convicción de los principios nacional-socialistas, al tiempo que han tenido la oportunidad de congeniar tal doctrina con sus sensuales sedimentos ancestrales. 

El resultado: un maxi-single de rumba industrial totalitaria que promete ser una de las sorpresas más sonadas de este año en el mercado de las canciones sueltecitas. Mezclando con desparpajo e insolencia juvenil algunos de los sonidos más característicos del Imperio con los ritmos tribales propios de su colorido bagaje sociocultural, ENTREPINARESS han acuñado este personalísimo e inclasificable "Territorio Gran Sabor", firmando tres temazos de tremendo tonelaje y rebosantes de ritmos cosa fina que se te pegan a la piel como un parásito tropical particularmente agresivo. Moviéndose como pez en el agua entre los ritmos rumberos más exuberantes (fresquísimos) y pasajes claramente influenciados por las cadencias clásicas Nacht und Nebel, dejan claro que su corta y miserable vida —tan llena de estrecheces, semi-analfabetismo, hurtos menores, aromas acres, obligaciones castrenses y chapuceras pseudomodificaciones genéticas— no ha sido impedimento para su desarrollo creativo —y emocional: porque ellos también sienten y padecen— digno del más glorioso Triunfo de la Voluntad.

ENTREPINARESS son:

- HANS VON ÖRTEGA (Organillo, Korg Montoya y sintetizador)
- KAMERADSCHAFT SIMCA-1000 (Programming Payo, palmeos y bailes especializados)
- DAS TOTENPÜYOYO (Botella de anis y cuchara, multiplicación de coros y übermarimba)





miércoles, 31 de enero de 2018

Serie 'Demokracia Gjithmonë Fiton' #06: SOMRIURE DE VERMUT (SIN RESPUESTA)


SOMRIURE DE VERMUT (SIN RESPUESTA). Collage y mixta sobre papel. 50x70 cm. 2018.

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Però,
no em pegui més senyor comissari
que em rebentarà el llavi
i no podré confessar.

Albert Plà, Crim d'amor (fragmento)




miércoles, 24 de enero de 2018

Serie 'Demokracia Gjithmonë Fiton' #05: METAL HEAD ORTHOPEDICS


METAL HEAD ORTHOPEDICS. Collage y mixta sobre papel. 50x70 cm. 2018.

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martes, 23 de enero de 2018

Serie 'Demokracia Gjithmonë Fiton' #04: DEMOKRACIA GJITHMONË FITON


DEMOKRACIA GJITHMONË FITON. Collage y mixta sobre papel. 50x70 cm. 2018.

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Después de echar un vistazo a este planeta, un visitante de otro mundo diría: 
quiero ver al manager. 

—W.S. Burroughs—


jueves, 18 de enero de 2018

miércoles, 17 de enero de 2018

Serie 'Demokracia Gjithmonë Fiton' #02: AM I A UNICORN OR WHAT?!


"AM I A UNICORN OR WHAT?!" Collage y mixta sobre papel. 50x70 cm. 2018.


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"¿Y si no hay un mañana? Hoy no lo ha habido." 

Bill Murray, Groundhog Day (1993)


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(Viene de la entrada anterior)

¿Sabéis cuando, de pronto y sin previo aviso, os descubrís teniendo una mala idea de cojones? Ese momento de espasmódica lucidez, apenas un fogonazo durante el cual lo ves todo con prístina claridad y, aún así, lo niegas y sigues adelante con ella (y con sus casi siempre inevitables consecuencias). Dándole cancha a lo grande, como cuando uno se entrega a un plan fallido de antemano: esa mezcla de esperanza demencial inherente a todas las causas perdidas —tan pegajosa, siempre—, apelmazándose con la polvareda que levantan urgentes trincheras improvisadas por nuestro instinto más animal. Ego de —muy— chusca factura mezclado con los estrabismos de supervivencia pre-programados por nuestra herencia genética más atávica. Un feshtival.

"Eh, no. No, no, noooo. Ánimos de dar por saco, los justos. Es que hago collages, saben ustedes." Ahora que lo pienso, se me escapa la risa. "NO-ES-LO-QUE-PARECE": hay que joderse, ¿no? Por muy marciano que pueda parecer a primera instancia, a veces la Verdad es simplemente inviable. La pena es que, en efecto, tal cosa SÍ ERA CIERTA. Ni más ni menos, cierta como su puta madre. Porque, de no haberlo sido, habría sido la excusa más faltona e impertinente que se me podría haber ocurrido (y de la que, por tanto, me hubiese sentido tremendamente orgulloso, seguramente mucho más que de los propios collages). Todos esos jubilados con anoraks deportivos, mastresses luciendo canosos peinados empoderados, jóvenes de revoluciones moderadas, incluso carcasas intelectuales forzando la postura en pos a un mensaje tácito con tintes presuntamente irónicos: rodeándome como si me fueran a follar la espalda tras abrírmela a cuchilladas, esperando una reacción "coherente" por mi parte.

Antes hablaba de la "coherencia". De honestidad. Ergo entiendo que, ya que lo de la enfermedad mental compulsiva había quedado definitivamente descartada como opción, por eliminación esperaran de mí algún... no sé. Quizás un grosero aspaviento a la romana. Una retahíla enajenada de chillidos histéricos a propósito de la ruptura del Imperio. Exhibicionismo de baja estofa, un precario justificante médico en forma de picha deforme tamaño tronco navarro. Resumiendo, algo de eso que hacen los fascistas —los de verdad— en tales ocasiones. Algo que, de alguna forma, completara su propio proceso (o como se le quiera llamar). Que lograra cerrar el diálogo unilateral en el que, al parecer, basaban su afrenta. Diálogo. Palabra curiosa. 

"Cooo-llaaaa-ges. En papel y tal, ¿saben? Pegamento, trocitos sueltos que voy montando... Y luego los cuelgo por ahí. Enmarcados y eso, con sus nombrecitos debajo". Os recomiendo encarecidamente que lo probéis en algún momento de vuestra vida, aunque sea sólo una vez: intentar explicarle algo a alguien —si es cierto, mucho mejor—, sabiendo positivamente de antemano que no sólo NO lo va a entender, sino que además va a empeorar de manera notable la situación de confusión. Afianzando dicha confusión. Es más: revirtiendo la confusión en certeza. Es una sublimación de alto voltaje, como subirse a un estrado de la Falange por la parte de atrás, travestido y gritando muy fuerte "Hoooola Marineroooous" con los morretes fully carmín du biach. Como intentar lamer los tirabuzones de un judío ortodoxo. Como ver más de diez minutos de una película de Albert Serra. Qué es acaso la vida, digo, sin esos saltos al abismo de los que desconocemos absolutamente las consecuencias.

Entre pulla y pulla, claro, hice lo que estuvo en mi mano para defenderme. De verdad que no era mi intención tener problemas con ellos, ni con nadie: simplemente, les hice saber —tras insistir, una vez más, que no era un patibulario españolito de pulsiones totalitarias, ni ninguna perversión semejante— que, bajo mi punto de vista, tampoco era para tanto. Vamos a ver: un cartel electoral. De quien sea, pero, en este caso, pongamos que representa a ERC. Por ejemplo. Bien: ¿qué les dice ese cartel de nuevo? ¿Algo que no sepan? Entendiendo, claro está, que la situación en la que me encontraba venía fomentada por una presupuesta conciencia política de nutridísimos contrafuertes y un bagaje de criterio férreamente asentado. Ahora, miremos el cartel: en él, ¿qué vemos? Vemos, ni más ni menos, una cara gigantesca a todo color. Y un eslogan ridículamente simplificado. ¿Es esto útil, definitorio en relación a su concienciación y/o militancia política? ¿Necesitan acaso de esa manifestación bidimensional de un funcionario mirando al infinito para decidirse en las urnas? "Oh, me encanta la corbata de ése. No, ése no, ése. Um, creo que le voy a votar porque me seducen sus proporciones fisionómicas".

Comprendo la importancia de los símbolos. Entiendo que haya quien necesite de ellos. Tolero que confíen en ello y que se revuelquen gozosamente por entre los barrizales de este Ultra Corral de la Pacheca. Incluso diré que no, no me importa que estén tan ridiculísimamente convencidos de llevar la razón. Que hagan lo que quieran, faltaría más, votar o irse de putas o bañarse en ácido si así lo desean. Pero, ¿tanto cuesta reconocer que la propaganda electoral no es más que BASURA? Literalmente lo digo, un malgasto de papel y de recursos humanos completamente evitable. ¿Acaso alguien que va a votar, lo hace por los carteles? Si es así, que tenga LOS HUEVOS de decirlo en público, que le aplaudiré a manos llenas. ¿No? ¿Nadie? ¿Y entonces, para qué sirven?! Si en vez de imprimir en ellos sus caras de políticos, no sé, hubieran puesto en ellos imágenes de paisajes... Unos gatos vestidos de forma graciosa, por ejemplo: entonces, yo mismo sería el primero en decir que ahí hay algo que puede alegrarte el día. O, por qué no, unos crucigramas guapos. Incluso un cipote in full effect de caballo percherón me parecería más lógico y razonable. Pero no, ¿verdad? Ellos y ellas y sus fondos neutros y sus atuendos azafatiles y sus lagrimales del tamaño de un puto garbanzo cocido.
Yo, aquí donde me tenéis, intento darle una auténtica utilidad a toda esa montaña de desperdicios (mientras estoy entretenido en casa con mis collages de mierda, ni robo ni voy por ahí gritándole a la gente ni arrimando la cebolleta en las Ramblas: si eso no es un claro y rotundo beneficio social comunitario, que baje dios y lo vea).

Así intenté explicárselo a esa buena gente. Antes de poder acabar, ellos volvían con lo mismo: "¿Però per què ho has de tocar, eh?!" Jooooooooooder. Y vuelta a empezar.


De ahí salí indemne, aprox: me insultaron a media voz, me hicieron saber lo muy canalla de mis acciones, alguno hizo el amago de dar un pasito al frente... pero de ahí no pasó. La violencia activa —carnal, mayormente— es el don —propio, legítimo y esponsorizado— del fascismo recalcitrante con sede mesetaria (véase Ciudadanos, PP, las cofradías de la Legión, hooligans católico-apostólicos, true believers celtíberos, etc). El estilo de los autodenominados republicans catalans se basa más en el proceder pasivo-agresivo de un marido que, recientemente paralítico, le pregunta con trágica sorna a su mujer si "hoy también va a quedar con las amigas después del trabajo".  Cuidado, que no se me malentienda: siempre agradezco una buena agresión física basada en puddings político-morales mal digeridos. Pero debo reconocer que la perfección del victimismo ha alcanzado con ellos cotas de maestría. Cómo vasculan las miradas, esa justa caída de hombros combinada con una verticalidad marcial digna de los más lujosos postes telefónicos (los de las avenidas grandes, zonas de negocios... esos), la forma en la que combinan sus rictus eminentemente aburguesados con los recientes discursos aprendidos: en definitiva, hematomas de un sistema circulatorio deficitario, para cuya creación no siempre ha sido necesaria la intervención de los Mossos de Escuadra (tan alabados últimamente, y eso que ostentan récords de violencia policial nunca vistos, incluyendo mutilaciones y muertes a base de hostias por turnos: sou la millor pulisía del món, yeah? Twitter dixit).   

Camino a casa, resobando mis trofeos —algunos aún húmedos de cola líquida— en el bolsillo de mi parka, no se me escapó el nuevo dato que acababa de adquirir: estas piezas, cuando las exponga, tengo que venderlas más caras de lo habitual. 

Quien me conozca, bien lo sabe. Los que no, que lo sepan ya y de primera mano: mi trabajo artístico no vale una MIERDA. Es decir, no es que sea peor, ni mucho menos, que lo que actualmente se expone por ahí. De hecho, aproximadamente un 98% de las exposiciones en galerías y centros de arte son, básicamente, MIERDA. Y esto, por supuesto, no es lo que me molesta: lo que me molesta es que dicha MIERDA no se trate como lo que es, MIERDA. 

Lo sé. Soy consciente de que lo que hago es una MIERDA. A veces —muy raramente—, cuando alguien me ha comprado una pieza (quiero decir, de verdad y sin haber sido previamente sobornado por miembros de mi familia que sólo ansían a toda costa verme feliz y realizado), cuando alguien ha pagado por algo mío he estado muchas veces a punto de decirle: por dios, no. Yo no lo haría, así de claro.

Pero justo después de ese pensamiento, siempre me ha asaltado otro (siempre el mismo): joder, lo estoy vendiendo cinco veces más barato de lo que, según los raseros de mis contemporáneos, debiera. Y encima, deshaciéndome en agradecimientos de tuberculoso. Como si el hecho de auto-humillarme fuera incluido en el 100% de mi ganancia, esto es, el 50% del valor de compra (el otro 50%, como se conoce, es ya de por sí la vejación profesional de-estar-ahí, gracias al imperante sistema de galerías y salas de arte. Y eso, en el mejor de los casos). 

Pero, de camino a casa, aquel miércoles por la mañana. Ahí vi claro que, dadas las cirsunstancias concretas: lo que viniera debería, necesariamente, asumir y compensar el valor material del riesgo. Vamos, monetizar el filo de la navaja ¿no? Como quien se dedica a explotar a los recolectores de anacardos o percebes frescos. Un trabajo borrascoso ha de ser remunerado en función del grado de exposición al peligro, ¿cierto? Como desactivar bombas, traficar con drogas transatlánticas o prostituirse en rotondas de Murcia. 


Esto es, de base, la historia (real) de esta serie que actualmente presento aquí. Pero no es toda la historia. Si llego a físicamente exponer estas obras algún día en algún lugar, desde luego que mi miseria personal imperará sobre el principio económico —sobre cualquier principio, para qué engañarme— previamente impuesto por los hechos mencionados (de nuevo, me venderé baratísimo —en el caso de que alguien quiera comprar, se entiende— y daré las muchas-muchas gracias como un subnormal cuando lo pajean las monjas). Pero, por lo menos, sabré que ha quedado dicho. Aunque nadie lo haya leído. 

Putaputaputaputaputaputaputaputaputaputaputaputaputaputaputaputaputaputaputaputaputaputaputaputa
putaputaputaputaputaputaputa


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PD: un último dato pertinente, a propósito del nombre propio de la presente serie. Demokracia Gjithmonë Fiton es una traducción literal (directa de Google Translator) del eslogan de ERC "La Democràcia Sempre Guanya", tal cual del catalán al albanés. Esto se debe a una especie de anti-homenaje al dictador comunista —y genocida amateurEnver Hoxha. Aunque pudiera parecerlo de entrada, esto no tiene ningún sentido: no pretendo lanzar un mensaje —ni más ni menos— cifrado con ello. Mi elección NO presupone conciencia alguna (sea política o de ninguna otra índole). Por lo tanto, ES SÓLO POR JÖDER. Que quede claro. 










miércoles, 10 de enero de 2018

Serie 'Demokracia Gjithmonë Fiton' #01: SHYSTEROO(S)


"SHYSTEROO(S)". Collage y mixta sobre papel. 50x70 cm. 2018.
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INSCRIPCIÓN GRABADA 
SOBRE LA GRAN PUERTA DEL THÉLÈME (fragmento)

No entréis aquí, torpísimos mastines,
de noche ni a maitines, recelosos,
no provoquéis sediciosos motines
larvas ruines, de Dangier paladines,
Griegos, Latines, más que lobos dañosos;
no entréis aquí, galicosos sarnosos,
los lobanillos llevad a otra guarida,
idos, costrosos, con vuestra honra perdida.
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François Rebelais, Gargantúa y Pantagruel


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Es asombroso que cuando alguien suelta los disparates en los que uno cree, 
es posible percibirlos como tales." (Philip K. Dick)


Nota a propósito de la Serie 'Demokracia Gjithmonë Fiton' y, por ende, de todas las obras que incluiré en la misma: 


El material empleado para estos collages proviene exclusivamente de carteles electorales de las elecciones del pasado 21-D. Todos ellos —cómo no— arrancados directamente de la calle, lo que en algunos casos ha implicado llevarme conmigo intervenciones previas de desconocidxs, todas ellas de lo más variopinto (desde poliomelíticas esvásticas perpetradas con plastidecor en la frente de Marta Rovira hasta seminales goterones gualdas salpicando las mejillas de la Arrimadas). No es la primera vez que baso una serie completa en este concepto (usurpación de propaganda electoral, con doble ganancia: por un lado, puñados de material gratuito de gran formato y cierta calidad para usar en mis piezas. Por otro, la consecuente erosión —física, in situ— de lo que considero la manifestación de un tipo de social-pornografía particularmente aburrida a la par que demencial: esto es, lxs supuestxs representantes del actual modelo democrático resumiendo su razón de poder en el propio rostro, normalmente reproducido a tamaño insultante, acompañado de una frase de menos de 7 palabras).  

Lo que me interesa destacar de esta serie respecto a la anterior de 2015 es lo siguiente. A diferencia de otras ocasiones, esta vez el proceso de obtención de materiales —repito: arrancar las caritas de los carteles, de todos, independientemente del partido político en cuestión— ha sido particularmente colorful

El por qué de esto, entiendo que se debe a lo acontecido en las calles de Catalunya durante la jornada del 1-Oct. Por partes.

Primero está lo de los mal llamados "presos políticos" (cuando, en realidad, son políticos presos): y si no, que se lo pregunten a los centenares de anarquistas presxs que han permanecido y permanecen hoy día en prisión por no comulgar con la "democracia" impuesta precisamente por las clases políticas —recientemente, en el barrio de Sant Andreu, Barcelona, le aplicaron la ley antiterrorista a un chico por un libro y un acta de asamblea rutinaria—; ¿sensibilización con los presos políticos, o con ciertos políticos presos? Me temo —intuyo— que muy pocos, de los muchos que se muestran tan implicados con los políticos detenidos a raíz del referéndum del 1-Oct, en la vida se les hubiera ocurrido ni mover un dedito de esas manitas suaaaves, tan propias de las profesiones liberales, por la causa de un/a anarquista encarcelada "por defecto" (precaución, dirán algunos). Cientos de chavales inocentes en régimen de aislamiento, FIES, prisión incondicional, sólo —SÓLO— por profesar ideas anarquistas de carácter pacífico —que no pacifista, ojo—, por los que, siendo francos, no me imagino a todas esas almas de cacerolada movilizándose en masa a comprar bufandas color amarillo parchís —qué suerte que el asunto haya caído en invierno, porque si no ya me estaría imaginando un apocalípsis de foulards, pamelas y bermudas—. Concebirlos reunidos en alguna neo-vermutería de Gràcia, llenándose la boca, textual y literalmente, me hace pensar en cosas feas. Encontrándose casualmente en el Decathlon —seguramente comprando mallas de ciclista o unas muñequeras de CrossFit—, aprovechando la feliz coyuntura para echarse las manos a la cabeza por este insólito hecho en tiempos de democracia participativa. Proselitizando en los límites del cantautismo mientras esperan a que sus hijos salgan de extraescolares. Eso mismo: cosas feas.

Y luego, está la consecuente canonización de los susodichos, de los políticos presos (que, insisto, NO es lo mismo que presos políticos). Es decir, que de pronto un par de ultra-pijos catalanes adictos al lino blanco y un católico-apostólico-romano convencido y militante se convierten, por obra y gracia de un gobierno central en fase avanzada de leprosería —cosa que ya sabíamos, pero cierto es que siempre impresiona cuando a alguien se le cae la nariz en el plato de sopa— en lo que deberíamos entender como "un ejemplo de libertad, compromiso y lucha". ¿Free Jordis? REALLY??? Me gustaría saber a quién coño se le ocurrió el eslogan. Debería formar equipo con el que acuñó el nombre de España 2000 y con el departamento responsable de la imagen corporativa de los Testigos de Jehová.

(Inciso: hablando de Jordi Sánchez, me reí mucho muchísimo con esto. No por nada, de verdad: es que, simplemente, me parece MUY gracioso). 

Me tranquiliza saber que esto no lo va a leer nadie (nop, los bots de spam NO leen, al contrario de lo que se dice / se comenta últimamente por entre los chiringuitos del Báltico). Pero, si por casualidad, alguien leyera lo dicho hasta ahora: absénganse de sacar conclusiones precipitadas. Si bien no simpatizo lo más mínimo con el furor nacionalista catalán, empatizo aún menos —y me pregunto si eso es posible— con el nacionalismo español. Pero, ahora bien, debo concederle a la causa española un punto a su favor: nunca me he sentido engañado por el Ente España. España, alto y claro lo digo, es sumamente honesta con su naturaleza: es incesto aldeano, es monarquía endogámica, es analfabetismo funcional y es ultra-violencia intelectual. Es decir, ¿no es de una lógica demoledora? España son sus pantanos, sus avenidas bautizadas con nombres de genocidas, sus fosas comunes, sus chulos y sus putas. Romanones, Fabra y las hermanas Izquierdo. Cabezas disecadas de animales presidiendo partidas de dominó y torneos de remigio. Curritos en chándal afiliados a movimientos ultraderechistas, rascándose la huevada por dentro del pantalón para luego olerse los dedos con curiosidad infantil. Gremlins con pantalones de pinza y chalecos Coronel Tapioca paseando del brazo de tiparracas barnizadas, de aspecto reptiliano, adictas a los clubs de Hípica mezclados con Diazepam. España, de corazón lo digo, es prístina. Diría que es un libro abierto, pero eso entraría directamente en conflicto con el gran grueso de su población. Porque, que lo sepáis, si en Europa aún nos tienen un minimísimo ápice de respeto como nación, es gracias a que piensan que España es un país de pertubados peligrosos. Gracias a declaraciones de intenciones tan propias como los toros, tirar cabras por campanarios, arrancar cabezas de gansos al galope; las redes de prostitución valencianas (que ya le gustaría a los de Europa del Este, aficionados) o, sin ir más lejos, los acongojantes rostros de nuestra selección de fútbol —si Buñuel estuviera, no os quepa duda que les rodaría un documental tipo Las Hurdes pero en color—; España no engaña, España es como una sarna a la que acabas por coger "cariño". Te acostumbras a que ponga huevos bajo tu piel y te infeste de larvas gorditas y sonrosadas —esto último, debido mayormente a nuestro amable y soleado clima—: las larvas, una vez ya han hecho lo suyo, te lo agradecen con una roncha de medio quilo y hasta mañana si dios quiere. Yo, personalmente, veo honestidad en ello. Entereza, qué diablos.

Por eso, hubiera entendido —es más, lo habría asumido gozosamente— que, siendo yo sorprendido en el momento de arrancar un cartel con el palmito psycho-renacentista de la buena de Inés Arrimadas, un grupo organizado de señoritingos teenagers naturales de las cumbres de Sarrià se hubiese avalanzado sobre mí para obligarme a rendir cuentas con ésta nuestra gran nación. Habría encajado con la mayor diligencia sus patadas —seguramente, con regusto a náuticos piel de melocotón—, abriéndo mi corazón y mis cejas a un acto de coherencia sin precedentes. Esos muchachos, que heredaron de sus hermanos mayores tanto banderines preconstitucionales como la discografía completa de Café Quijano, me hubieran demostrado que sigo teniendo claro a lo que atenerme. Una cuestión de valores absolutos ¿me explico? Y diré más: no descarto que, mientras esos futuros agentes comerciales de El Corte Inglés me hubieran estado midiendo el lomo con grande pasión, quizás me habría yo sumergido en la nostalgia: aquellos tiempos en los que la Cedade, hijos de policías y niños de papá vestidos de riguroso negro paramilitar, brillaban con luz propia apalizando en grupo a melenudos, maricones y rojos de mierda. Cuellos de cisne se han visto sustituidos, cierto es, por sudaderas Tommy Hilfiger; Ray-Ban's de pera que dejaron paso a fantasías galácticas de aspecto eminentemente díptero. A diferencia de sus preceserores, las banderas rojigualdas que embellecen sus balcones han sido fabricadas en China y no en Alicante: los signos de los tiempos no siempre llueven a gusto de todos. Pero, eh: ahí habrían estado ellos, sudando la gomina en mi honor. Honestidad y, lo dicho, coherencia. 

Ahora bien. Llegamos al meollo del asunto. Porque, si bien no fui asaltado por un grupo organizado de premium bros, sí lo fui por parte de los otros. Los de la bufanda y el lacito, ¿sí?

A mí me parece muy bien que, llegado cierto punto en la vida, una persona de mediana edad vea el cielo abierto en estas pequeñas excepciones que trangreden la ciencia exacta de sus rutinas. Es, cómo decirlo: es como vivir una aventura. Eso lo entiendo, asumo la erótica de esa renovación primaveral de sus tiempos de universidad. Lo mismo, gracias a los asaltos policiales y la violencia indiscriminada del estado, han tenido a bien ponerse flamencos con un porrito —mai-fly, que se le decía por aquel entonces— o incluso se han animado a autoregalarse una pajita en la ducha. Todo bien, de verdad. Pero sospecho que ese punto ha quedado inquietantemente rebasado, dando lugar a un estado de euforia translúcida, de dudosa dosificación y efectos imprevisibles.

Volvamos al principio. Entre otras cosas, yo hago collages. Es barato y me divierte. Y además, ensucio poco. Para ello, necesito fotografías. Y normalmente, no suelo tener acceso a maravillas que puedan compararse con un buen cartel electoral. Quiero decir, es algo lovecraftiano: pósters de 50x70 cm (o más), de los cuales, un 80% es LA CARA DE UN TIPO. Sin duda, nada podrá jamás compararse a esos gloriosos close-ups de Junts pel Sí, allá por el 2015: arte urbano con Mayúsculas. Recuerdo que Artur Mas, visto a esa proporción megalítica (y además multiplicado por ene), se me antojaba como una suerte de ser mitológico. Quise imaginármelo así: solo una cabeza de metro y medio de diámetro, sin cuerpo, capaz de levitar y pivotar y flotar en el agua. Siempre mirando con una serenidad más allá de toda incertidumbre humana. Moviendo los ojos como un camaleón. Lengua luminosa. Seguramente versado en el don de la telekinesis y la telepatía —cosa normal y casi lógica, contando con un cerebro de veintidós quilos y del tamaño de una vaquilla reción nacida—. Un mesías psicotrónico.

Volviendo al 21-D: debo reconocer, llegados a este punto, que de todo el abanico de posibilidades que se me presentaba como un vergel de caritas mancillables, mi absoluto favorito fue desde el principio Oriol Jonqueras. Vamos a ver, ¿qué puedo decir? ¿No resulta evidente? Tan solo con esos ojitos, ya tenía media pieza resuelta. No hacía falta ni manipularlo.  Si a eso le añadimos la posibilidad de tener muchos Jonqueras para trabajar, las expectativas se disparaban hasta límites lisérgicos. Supongo que me explico, ¿verdad? Y en todo caso, para muestra un botón: la imagen de ahí arriba es una composición exclusivamente de Arrimadas. Cuatro o cinco Arrimadas. Only Inés. (*) Porque la pureza es un grado.

Tan cerca, tan lejos.
 

Entonces, dispuesto a perseguir mi destino, empecé a detenerme ante cualquier Jonqueras que se topara en mi camino. Siempre que el tiempo y las naturalezas de mis devenires me lo permitieran, no dudé en destinarle esos preciosos minutos a la búsqueda de mi nuevo super-juguete. Pero, desde el principio, la cosa ya se mostró muy poco factible.

En primer lugar, porque por culpa del gobierno español —yo os maldigo, a vosotros y a vuestro nefasto don de la oportunidad—, los carteles de Jonqueras —no así de Marta Rovira— estaban especialmente bien pegados. Al parecer, los encargados de empapelar La mirada más fascinante del Mediterráneo se tomaron muchas y muy efectivas molestias en darle al susodicho un tratamiento de excepción. Quizás usaron algún pegamento industrial, o puede que fuera su misma fuerza de voluntad patriótica la que insuflara a su labor ese sticky-plus mágico que solo puede nacer de la ilusión y las ganas de aportar. Sea como fuere, el tema estaba justito.

Por supuesto, no me rendí. Para compensar un poco mis pérdidas de Jonqueras, me hice con una buena cantidad de Martas Roviras —consuelo de mierda, por cierto, porque la foto es mala de cojones y parece que tiene la piel violeta, como si la hubieran fotografiado en el umbral de una cueva—. Y, por supuesto, los tridimensionalísimos pómulos de Inés de España, cuya sonrisa resucita a los muertos y su pelo una ola de mar pareciera. Albiol ha sido el gran ausente (de verdad, no vi ni uno, y eso que me fijé a conciencia). En lo tocante a Iceta, debo reconocer que me he quedado con ganas de más (algo ha caído, pero desde luego nunca es suficiente). Puigdemont, descartado: al parecer, como han tenido que tirar de fotos de archivo, los retoques de photoshop han ido que se las pelan. Debo reconocer que su versión del Mao Zedong de Warhol es una risión de tamaña alcurnia. Al que se le haya ocurrido, que sepa que cuenta con todo mi respeto y admiración.

Ahí fue cuando la cosa se empezó a poner rara.

Mi primer contacto con las fuerzas vivas me pilló por sorpresa. Claro: dado que me importa UNA MIERDA, pues yo a mis cosas. Era miércoles por la mañana, cerca del Hospital de Sant Pau. De camino a casa, me encontré con una tríada de primer nivel: tres plafones en forma de triángulo, y sobre ellos superposiciones de todo el plantel. Y los últimos estaban aún frescos. Vamos, como si me hubiera tocado la lotería.

Con cuidado de conservar intactas las partes más interesantes (zonas lisas de piel, ojos, dientes, labios), empecé a recolectar suculentos jirones de material prime quality. No sé cuánto tiempo pasó, pero no pudo ser demasiado. Un minuto, no más de dos. En ese brevísimo lapso, me vi de súbito rodeado por un grupo numeroso de personas. Me miraban con muy, pero que muy poco amor. Yo, que tengo una nula confianza en mi atractivo físico, di por supuesto que no era sexo casual lo que estaban buscando. Pero, y lo digo con total sinceridad, en ese momento aún no caí en la cuenta. Fue cuando alguien, a lo lejos —por cómo me llegó el sonido, presupongo que fue desde un balcón— empezó a gritarme y a insultarme con voz de presentadora rusa de televisión. "Malparit, fill de puta! Deixa-ho estar, feixista de merda!" Luego algo como "Fora Espanya" y algo más que ya me fue imposible de entender —seguramente porque la muchacha ya estaba recogiéndose en la seguridad de su hogar, una vez aportado su grano de arena a la lucha antifascista—.

Claaaaaro. Ahí fue cuando me empezó a cuadrar lo de la gente rodeándome, en silencio, como si fueran traficantes de órganos. "Aaaaaaah. Eso es, qué tonto. Deben pensar que soy un reaccionario lleno de odio y resentimiento".

Lejos de apuntar que me sentía muy honrado por el piropo —no todos los días alguien te dice algo bonito por la calle—, empecé a intentar explicar mis verdaderas intenciones a aquella buena gente. La verdad, ahora que lo pienso, no fue un movimiento demasiado avispado.

Veámoslo así: estas buenas personas ven a un tipo calvo —por lo tanto, rapado a los efectos— arrancando caras de políticos sin miramiento alguno. Claro, si hubieran sido un poco más lúcidos, se habrían percatado de dos cosas:

1. Estaba arrancándolas TODAS. No sólo las de un partido concreto. Por lo tanto, de entrada tendría más lógica pensar que soy un enfermo mental con algún tipo de convulsión maníaca. Porque los fascistas, si algo tienen, eso es una total y absoulta falta de visión autocrítica. Por lo tanto, si hubiera sido efectivamente uno de ellos, me habría encargado de hacer de mi selección un mensaje claro y evidente. Claro, la pobre presentadora rusa no podía atender al detalle desde la lejanía de su pequeño balcón adosado. Te perdono, presentadora rusa.

2. Dato aún más relevante: despues de arrancarlas —todas ellas, con sumo cuidado—, ME LAS GUARDABA EN EL BOLSILLO. Llegados a este punto, cualquier persona con dos dedos de frente hubiera priorizado sin dudarlo la teoría del enfermo mental compulsivo sobre la que, al parecer, insistía en prevalecer a ojos de aquellos simpáticos lugareños.


(Finalizará en la próxima entrega)

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(*) Esto es mentira: la cocorota es de Iceta.