martes, 27 de enero de 2015

10 MILLONES DE LUNES


Tinta china y cera sobre papel. 46x32,5 cm. 2015.

El ASCO es más de lo mismo, siempre. Aún sabiéndolo.
También el dibujo.


miércoles, 21 de enero de 2015

QUÉ, DURANTE OCHO O NUEVE PARADAS DE METRO (parámetros variables según el día y la hora). 3 POEMAS.


"Barba es alegría". Tinta y ceras sobre papel. 32,5x46 cm.
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HISTORIA

Nos conocimos
y luego
           pasaron algunos años
                        algunos murieron
                                                    y al final se nos pasó
el dolor
y los años
                como hijos que casi no fueron
porque por si
                     fuera poco ni siquiera
                                       nos dimos cuenta

traicionados lo justo
y tampoco nosotros
nos libramos
                    —dicen—
                                     de la primera piedra.

A parte de eso
poco más
si acaso vimos
                        cómo funcionan por dentro
                        los cambios, todos
nos quedamos
                       pequeños
cuando creíamos que
los pequeños
                     eran otros

mucho después
—según entendimos nuestro tiempo
ya no
         no pudo ser lo mismo sobre
                                             el termitero
                                             que fuimos

(todo lo dicho, la energía
que aún nos mantuvo despiertos
algunos minutos
                          tras empezar a digerir la cena):

una mala hierba
                          que no supo
                                              ni pasar desapercibida.

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RECORRIDO

(Es)
      un paseo
                   
inundar
la única salida que
                             de los elegidos tiembla
                             y sube
                                       y baja

                             sin moverse del sitio.

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TRES PERROS O MÁS

Me
    he muerto
                    de mentira

aún así sé que

tres perros o más
serán
         (no)
              están siendo
                                  mi tumba

de verdad y acabarán
por cagarme
con toda la paz
en
    sus tres o más
                          corazones,
donde
                            no saben
(aún                                   qué es) mentir. 


domingo, 18 de enero de 2015

SOBRE LA CAPACIDAD DE AMAR Y SER AMADOS





A veces, nuestra capacidad de amar —y ser amados— puede transformarse en una pequeña bola de grasa negra.

Es importante, tanto para uno mismo como para los demás, tener MUY claro que el amor (a diferencia de las drogas duras, las bicicletas elípticas, los foulards y los rotuladores permanentes) es ESO y nunca otra cosa, es lo que precisamente ha de salvarnos de las drogas duras y/o las bicicletas elípticas, de llevar foulard en público y/o volvernos adictos al aroma que desprenden las puntas de algunos rotuladores permanentes (que, como todos sabemos, no vienen de donde dicen ellos que vienen). Nuestra capacidad para "darnos al completo", de forma desinteresada y con la actitud propia de quien vive en una primavera permanente: eso, entre otras cosas, es amar.
      La predisposición, como en todo, es importante. De ahí proviene la capacidad. Cuanto más predispuestos nos hallemos, más ampliamente se desplegará el espectro de nuestra capacidad.

Pero, a veces —y nada tiene que ver que uno esté limpio por dentro o se vea de pronto atenazado por una jauría de dudas razonables o que pierda por completo la memoria tras una caída seria—, a veces nuestra capacidad de amar y ser amados puede transformarse en una pequeña bola de grasa negra, palpitante, caliente, viscosa, de tacto mórbido y que, además, flota.

Al principio, puede que incluso llegue a caer simpática. Como cuando uno ve a un perro de otra persona hacer cosas de buen perro, y de pronto ese perro se acerca a uno como si se conocieran de toda la vida, pero no. Dicha bola de grasa negra, dado que (parece que) respira y en su pálpito podemos reconocer ese hálito de vida tan propio de seres que bombean, puede llegar a "sensibilizarnos" en éste nuestro momento más flaco. Sin razón aparente, nuestra capacidad de amar y ser amados se ha desprendido de nosotros como si fuera un tumor líquido que, por un proceso parecido al de la osmosis, ha conseguido filtrarse de dentro hacia fuera como si nuestra carne y piel fueran una rejilla o un colador. Cuando esto está pasando, el espectáculo es francamente REPUGNANTE. Uno siente como si le hubieran arrancado de dentro algo harto importante, un órgano vital más relacionado con el alma que con cualquier armazón carnal.
    Pero, sin embargo, al verla ahí respirando y palpitando y haciendo como que nos mira a pesar de no tener ojos ni nada que se le parezca, puede llegar a despertar en nosotros un sentimiento de condescendencia. Cosa que NO, NO NOS CONVIENE EN ABSOLUTO.

Pronto uno descubre por qué: esa pequeña bola de grasa negra, opaca, brillante como si la hubieran barnizado con vaselina en gel, así tan adorable y gelatinosa como se nos muestra, no tardará en empezar a devanear violenta y aleatoriamente a nuestro alrededor. Está buscando una salida. Y eso, amigo mío, es porque TE ODIA. Le caes fatal, has de saberlo desde el principio. A partir de aquí, todo gesto afable que puedas percibir de esa bola de grasa negra es, sin duda, un truco malintencionado para hacerte bajar la guardia. Porque uno, tan pronto como se ve privado de la capacidad de amar y ser amado —y, para más inri, dicha capacidad se materializa en un histérico grumo de algo parecido al petróleo crudo, además de saltarse a la torera toda ley física y/o lógica—, uno se siente como si acabara de ser violado por una docena de mandriles. Por turnos. Uno siente como, mandril tras mandril, sus orificios corporales pierdieran paulatinamente toda esa dignidad que tanto costó aunar en su día. Desgraciadamente, esta sensación de suciedad y doliente dilatación suele ser permanente en la mayoría de los casos. Una pena, cierto es. Pero más nos vale, llegados al presente punto, empezar a asumir la situación tal y como viene. Y, por supuesto, obrar en consecuencia.

Pueden pasar dos cosas: o que uno se encuentre en una habitación cerrada (situación óptima, teniendo en cuenta el funesto carácter general del asunto) o bien, por la razón que fuere, uno se encuentre al aire libre (situación altamente comprometida). Vamos por partes. 

En una habitación cerrada, lo más lógico será intentar darle caza como si de una alimaña se tratara. Si bien es cierto que las alimañas no vuelan mucho, esa bola de grasa negra que fue nuestra capacidad de amar y ser amados se encontrará con los naturales límites arquitectónicos del aposento. Presa de los nervios, acorralada y sin posibilidad de huir, lo más probable es que nuestra capacidad de amar y ser amados intente asfixiarnos con su propia masa corporal. Vendría a ser como si alguien te lanzase a la cara una enorme bola de tocino hirviente. La diferencia es que, por un lado, nadie te tira nada: es el propio tocino el que te busca las vueltas. Por otro, el tocino suele ser translúcido, mucho más poroso que la sustancia base en la que se ha convertido nuestra capacidad de amar y ser amados. Nos encontramos ante una materia muy poco común, de alta densidad y con la capacidad de producir y emitir calor: al contacto, es capaz de multiplicar por 600 la temperatura propia de un objeto conductor. Si esto sucede sobre un ser vivo —TÚ, por ejemplo—: lo más probable es que sufras quemaduras más allá del primer grado bajo donde haga ventosa tu capacidad de amar y ser amado. Procura protegerte cara y cuello. Gusta de atacar zonas blandas, igual que las ratas. Pero su objetivo no será per se abrasarte la piel, sino acabar contigo de una forma —si cabe— más permanente. A estas alturas, tu capacidad para amar y ser amado solo entiende una cosa: o ella, o tú. Harías bien en hacer lo mismo. No la recuperarás, pero ahí aún tienes la oportunidad de resarcirte. Siempre, claro está, que no caigas antes.  

Si, por el contrario, todo este engorroso incidente se sucede en campo abierto, lo más seguro es que nuestra capacidad de amar y ser amados huya en dirección diametralmente opuesta a nosotros. No porque no quiera hacernos daño (de hecho, dañarnos físicamente es lo que probablemente más desea en el mundo), sino porque prefiere perdernos de vista a enfrentarse directamente. Tanto es su odio hacia quien antaño hubiera hecho uso de ella, que su objetivo primordial es el desapego total y permanente.
      De poco va a servir que intentemos perseguirla. No solo porque su ingravidez de inmediato nos pondría en evidencia; nuestra capacidad de amar y ser amados, una vez asume su forma en el exterior, puede aumentar y disminuir su volumen a voluntad si se halla en el hábitat correcto. O, mejor dicho, si no se halla en un hábitat del todo incorrecto. Esto es, un cuarto cerrado.
      Así las cosas, lo más normal es que, tras marcarse unas cuantas elipses de reconocimiento, desaparezca de súbito frente a los ojos de uno. Pues bien conocida es la manera más propia que tiene nuestra capacidad de amar y ser amados para tomar ventaja: desaparecer a ojos vista. No deja de estar: solo es que esa viscosa masa negra que hace un momento pululaba tan vistosamente ante uno y su tamaño podía compararse con el de una pelota de voleibol, en décimas de segundo éste se reduce al de la mitad de una mota de polvo estándar. Eso sí, su odio hacia uno NUNCA mengua, solo crece y crece exponencialmente desde el primer instante en que vio la luz del sol.

A modo de conclusión: déjemoslo estar. Como en muchas otros asuntos de la vida, aquí solo hay una resolución posible. Atiende las quemaduras, intenta no pensar en los mandriles. Come algo caliente, con sustancia. Bebe mucha agua, o lo que te guste beber. Rellenar de nuevo el cojín es un muy digno primer paso. Cuando antes comprendas, mejor.

Y cómprate tu propio perro, aunque sea solo por disimular.


FOTOS (muy) ALEATORIAS de un NO-LUGAR (que no cualquiera)











El Barrio.

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Fotografías digitales, decoloradas y encuadradas en Photoshop. 

De un no-lugar, o bien lugar-no de: dependerá de quién o qué seas.
Nada también vale.

Fisionomía-arquitectura.


miércoles, 7 de enero de 2015

EXCLUSIVA: YA PUEDES ESCUCHAR "COJEANDO ES MEJOR Ep", MI PRIMER REGALO MUSICAL AL MUNDO



Está mal que lo diga yo, pero hoy es un gran día para todos. Porque hoy, la magia de la música ha llegado hasta mis posibles creativos. Siendo como soy un artista inquieto, siempre insatifecho, en permanente búsqueda de nuevos vergeles en los que poder rebozarme —pues, para mí, el milagro de crear belleza siempre viene acompañado de un bizantinismo exhuberante, hedonista como soy, en perpetua fluctuación con las claves que aúnan la genialidad con el ponerse finito de córdoba—, hoy he encontrado una nueva vía expresiva con la que darme al mundo. 

Sí, amigos. Así de generoso soy, así de frescote me lo traigo: porque, dado que NO PUEDO PARAR DE CREAR, lo mejor (y más humano) es compartirlo tal y como sale. Y hoy, para mayor júbilo del mundo de las artes (así, en general), os puedo tender mi privilegiada mano creadora con ALGO QUE IMPORTA.

Cuatro canciones directas del corazón. Una música nueva, de inusitado fulgor, que no entiende de embustes ni de robar la droga a los colegas. Tenéis a vuestro alcance "COJEANDO ES MEJOR Ep": sin duda, un punto de inflexión en la manera de entender y de sentir LA MÚSICA. 

Podría estar un buen rato hablando de ello, pero: qué diablos. Aunque haya sido yo el genio creador, ¿no es mejor que viváis la experiencia en vuestras propias carnes? Para facilitar dicha tarea, me he tomado LA MOLESTIA de crear una página en Jamelgo, portal de difusión musical la mar de saladete y, lo que es aún mejor, gratuito. Así las cosas, EN ESTE LINK podréis escuchar y descargar DE GRATIS esta obra capital de la nueva música ligera. De cascos. 

Ya me diréis. Desde Whitney Houston que no se había logrado aglutinar tanto feeling en un código binario. 

Hala, a vibrar
De nada.




domingo, 28 de diciembre de 2014

PRÁCTICO EXPRESS DE CÓMO DEJAR A ALGUIEN (en 6 sencillos pasos)




Lo primero –y esencial para poder proseguir– es estar con alguien. No nos estamos refiriendo exclusivamente a una pareja sentimental: cualquier situación en la que uno esté específicamente con alguien puede servir –esto es, no a su lado en plan ni-fú-ni-fá, sino allí de forma completamente consciente y pretendida, independientemente de la razón de tal binomio–, por lo que la separación activa de ambos por iniciativa de usted es del todo factible.

A continuación, detallamos los pasos a seguir para dejar a alguien.

1. Diga "me voy". Dígalo en voz alta y clara, y a poder ser acompañe la sentencia con un contacto visual sólido. En el caso de estar acompañado por alguien ciego, resulta lícito permutar dicho contacto visual –del todo inútil, como puede imaginarse– por un contacto físico de voluntad exclusiva y unilateral (agarrar del brazo y apretar ligeramente, palmear la espalda, presionar su hombro con el de su acompañante como si fuera un bolo a punto de irse al garete. Cosas así). Cuidado con resultar demasiado agresivo: su intención ha de ser meramente la de llamar su atención, sin dar pie a males mayores.

2. Lo más probable es que nuestro acompañante, siempre y cuando le coja desprevenido –eso esperemos, porque así la cosa tiene más gracia–, le pregunte a propósito de su repentina marcha. "¿Y eso?" Nuestra respuesta ha de ser contundente pero sin dejar espacio a ramificaciones argumentales que pudieran entorpecer el proceso. Por ejemplo: resulta mucho más recomendable un "porque sí" entonado al límite de lo hebefrénico que un serpenteo dubitativo por argumentaciones inventadas sobre la marcha y sujetas a un forzado tejemaneje de improvisaciones, del tipo "es que tengo que ir a…" o "resulta que me acabo de acordar de que…". Tales concesiones solo pueden conducirle a un estrepitoso fracaso del que se arrepentirá el resto de sus días: hay veces en que la vida solo nos da una oportunidad.
     En el caso –improbable aunque posible– de que nuestro acompañante se pronuncie en clave de negación de una forma directa y sin ambages, su actitud no deberá variar en absoluto. Conviene hacer hincapié en que ya se está cruzando ese puente, y que la mendicidad nunca fue un oficio de valientes. Veamos un esquema conversacional arquetípico de esta situación, donde lo único que no habrá de cambiar son las líneas discursivas de usted. Desde el principio:

Usted: Me voy.
Acompañante: ¡No!
Usted: Porque sí.
Acompañante: ¿Eh? No comprendo. ¿Porque sí qué?
Usted: Porque sí.
Acompañante: ¿Pero el qué?
Usted: Porque sí.
Acompañante: No te entiendo… ¿Porque sí no te vas o no te vas porque sí?
Usted: Porque sí.
Acompañante: Joder, pero ¿porque sí qué? ¿A qué te refieres? ¿Por qué solo dices eso? ¿Te encuentras mal o…?
Usted: Me voy.

Y vuelta a empezar. Así sin parar, hasta que la cosa se ponga rara.

3. Cuando la cosa se ponga rara (sea porque sí o por cualquier otra consecuencia natural derivada de la situación), es importante que no se vaya. A partir de este punto, cualquier contacto visual –o físico, en su defecto– no es recomendable. Por lo que a usted respecta, está todo dicho. Su acompañante, que para su desgracia no goza de toda la información, seguramente volverá a increparle con preguntas típicas del que se siente atrapado por las arenas movedizas del desconcierto.
      Dependiendo de la formación y entereza de su recién abandonado acompañante, la siguiente ronda actitudinal oscilará entre los abismales límites de la lógica y la agresividad formal del perdedor incipiente. El despecho, la proverbial carcajada falsa y seca –siempre culminada con un "en fin" farfullado entre dientes–, brusca vuelta a ese violento silencio que tan bien conocemos todos, o quizá una elocuente mueca de estupefacción encañonada al vacío: sea cual sea su movimiento, usted no ceda. Enróquese en su voluntad de marchar y en su legítimo derecho al libre albedrío. Ahora, usted controla los hilos. Que tales embistes no le amedrenten; todo lo contrario, sepa que la desesperación es pésima consejera y que nadie tiene que salir de ahí herido sin razón, por lo menos a estas alturas. No haga nada de lo que pueda arrepentirse. Usted, fuerte como un tronco. Recuerde: se está yendo. Es su decisión. No pueden ponerse puertas al campo.

4. Espere a que se calmen las aguas. Todo el mundo tiene un límite, y su acompañante no puede ser una excepción. En todo caso de que sí lo fuera, consultar punto 4.1. Si, tal y como prevemos, efectivamente alcanza su tope en un tiempo razonable, lo más probable es que acabe por callarse. Como suele ser habitual en la mayoría de acompañantes, intentará volver a la normalidad de su binomio entre ambos: hará ver que no ha pasado nada. O puede que empiece a darse aires, como si estuviera indignado o algo parecido. Sea cual sea su reacción, nuestra posición ha de permanecer invariable y seguir –desde este punto, más que nunca– las instrucciones al pie de la letra.

   4.1. Si su acompañante alardea de un saque fuera de lo normal, lo más seguro es que continúe preguntando en círculos a fin de obtener una respuesta satisfactoria. Si esto pasara, debe escoger entre usted y él: solo uno de los dos volverá a ver mañana la luz de un nuevo día.

5. Intuya cuándo es el momento. Cuando lo note dentro de usted, avance sin miedo un paso más en su tarea de largarse con viento fresco: vuelva a decir "me voy". Esta vez, dígalo más fuerte y como si estuviera cantando. Dótelo de una melodía al gusto, alárguelo tanto como crea conveniente. Si le da vergüenza marcarse una tonadilla, también puede repetirlo muchas veces, a secas y sin melodía, pero tan rápido como pueda. No haga pausas entre "me voy" y "me voy", entiéndalo como si se tratara de una palabra larguísima y sin acentos. Le recordamos que cualquier contacto visual y/o físico está del todo desaconsejado por el momento: solo hará que poner las cosas más difíciles entre ambos.
     Repita cualquiera de estas dos operaciones tantas veces como sea necesario, incluso puede alternarlas si gusta. Hágalo sin tasa alguna hasta conseguir que su acompañante, agotado a causa de tan demencial comportamiento, opte por marcharse por su propio pie. El tiempo necesario para que esto suceda puede variar en relación a la naturaleza de su binomio, el tiempo que hace que se conocen, la confianza que ambos depositaron en el otro, la fragilidad emocional de su acompañante y la agresividad formal de sus "me voy". Estadísticamente, está comprobado que esta parte de la operación no suele durar más de hora y media: si la cosa se alargara más, pruebe a gritar más y a acompañarlo con convulsiones (pueden ser fingidas, siempre y cuando éstas resulten lo suficientemente convincentes).

6. Si todo ha ido como debiera, su acompañante decidirá alejarse de usted. Bajo ninguna circunstancia debemos permitir que esto suceda: atentos al primer indicio, porque tal y como nuestro acompañante haga el más mínimo amago de alejarse de donde se encuentran, usted habrá de seguirlo. Aproximándose lo máximo posible sin llegar al contacto físico, irá a donde él vaya. Sin excepción. Usted deberá estar preparado para cruzar semáforos en rojo, saltar vallas, acelerar su paso al trote y correr si la ocasión lo requiere, empujar a toda la gente que se cruce en su camino… Y todo ello, sin parar de recordarle que "se va". Aquí recomendamos añadir nuevas palabras a nuestro mantra, como por ejemplo "para siempre" y "nada podrá hacerme cambiar de opinión". La cosa podría quedar así: "me voy me voy me voy me voy para siempre, ¿me oyes? ¿ME ESTÁS OYENDO, HIJO DE PUTA? ¡Para siempre me voy! Me voy me voy me voy me voy me voy nada podrá hacerme cambiar de opinión", etc.
      Es algo sabido que nadie puede huir indefinidamente. Así que, antes o después, su acompañante comprenderá que no hay escapatoria. Ni tampoco lugar donde esconderse, siempre y cuando usted haya preservado la distancia mínima entre ambos. Así las cosas, cuando cese la persecución por agotamiento o por cualquier otra forma de hartazgo, la cosa podría ponerse violenta. Aunque cueste creerlo, hay muchas personas que pueden volverse francamente agresivas en según qué situaciones de asedio indiscriminado.
      Deje que los golpes se vayan alternando de forma natural: uno él, uno usted. No dude en utilizar todos los medios a su alcance para tomar la ventaja: piedras, botellas rotas, puñados de arena directos a los ojos y, si fuera ciego, empujarlo con los pies hasta derribarlo. Un ciego que cae al suelo en una pelea es como un gigantesco pato de feria: fallar es técnicamente imposible. En definitiva, haga todo lo posible por alzarse victorioso. Esto es importante.
       Y luego márchese.
      No mire atrás. Mire al cielo. Alce la vista, merece la pena: hoy es primer día del resto de sus días.




sábado, 27 de diciembre de 2014

{BONUSTRACK} - COUCHÉ NIGHTMARE meets LA CAIXAH








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Y Aquí, la foto original después de haber pasado por la vicaría. Pobre muchacha, tan joven y ya siendo objeto de deseo para una entidad bancaria. En fin: la culpa es de los padres, como se suele decir.

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#OperaciónPandora es terrorismo. No a la política del miedo.