jueves 15 de marzo de 2012

MÉTODO VANITY ÜBER ALLES



Próximamente en tu quiosco, y no es broma.

En breve más datos. Pero que quede claro que lo va a petar.


viernes 9 de marzo de 2012

EGODROME (HOSTED BY V.D.)



Riot Egodrome (véase entrevista sui generis bajo el prisma sumamente particular y estiloso de Vanity Dust).

Para echarle un vistazo, aquí. 


PALABRAS CLAVES DE BÚSQUEDA II



Y eso es todo.

Sin comentarios.

(Para saber más sobre la mierda de palabras de búsqueda con las que la "gente" llega a mi bitácora, puedes hacer click AQUÍ).

jueves 8 de marzo de 2012

PARED MAESTRA



Puro lirismo de extrarradio,
o sobre la no-necesidad de acabar lo que empiezas.


Supongamos que tengo enfrente de mí la siguiente escena: una cucaracha, o más bien lo que queda de ella, es porteada por un numeroso grupo de hormigas. La tierra sobre la que se desarrolla la acción es oscura y esponjosa.

Vale.

Dado que técnicamente soy un poeta, automáticamente reflexiono líricamente sobre ello. Tras seguir durante unos instantes los acontecimientos (poseyendo así todos los datos necesarios para crear en mi cabeza la cartografía de todos los valores, físicos e inmateriales, que me suscita la visión), empiezo por ejemplo a cuestionarme cosas tipo quién soy yo o los porqués de tal revelación espontánea y si esto ha sido casual o realmente debía yo ver aquello para completar el rompecabezas que supone ser y estar en este mundo. 

¿Cuál es el mensaje poético? ¿Soy la cucaracha? ¿Son las hormigas las que me representan? O quizá sea yo la tierra que soporta toda esa crueldad que, en definitiva, no es más que la rutina de un mundo nacido para autodestruirse, depredarse, volver a la oscuridad primigenia de la nada y a la total ausencia de formas sensibles de vida.

Me enciendo un cigarrillo, cómo no. Poniendo cara así como de tío interesante, saco de un soplo mi libreta y me apresuro a capturar la retahíla de mensajes cifrados que, gracias a mis superpoderes poéticos, solo yo soy capaz de ver y comprender. Febril, ordeno los conceptos aplastados por una inútil letra de médico que, horas más tarde (en casa, frente al ordenador, con los primeros ardores de la vaporización alcohólica trepándome las mejillas) seré incapaz de desencriptar. 

Cojonudo, ¿no? Pues una cosa: que sepáis que todo eso es una mierda empalada. Un mojón padre, una chorrada, un engañabobos king size. Una patraña, la trasnochada putada que representa no haber entendido de la misa la media. Este epílogo tiene como función demostrar que la poesía NO EXISTE. 
O, mejor dicho: existe pero tú no lo sabes.

Y no puedes saberlo por una sencillísima razón: porque la poesía no puede materializarse. No puede mostrarse más allá de los intimísimos límites del sujeto emisor. En su lugar, a modo de vil estafa, se presenta EL POEMA. El poema, como ya demostraré más tarde, no es más que la cáscara inútil de una esencia que por naturaleza no puede coexistir con formas físicas y transmitibles. El poema existe, mientras que la poesía es

Y eso como mucho a duras penas, puedes creerme. 


(...)



lunes 5 de marzo de 2012

MUSSOLINA en QUIMERA



Reseña de Unai Velasco. 

(Para leer bien el texto, clickad sobre la imagen y después, con el botón derecho del Mauser, abridlo en una pestaña nueva. Contar hasta tres y disparar).

miércoles 29 de febrero de 2012

COSAS BUENAS Y MALAS DE SER JOVEN MUJER (PARTE II, Y ÚLTIMA)



Ana Botella haciendo alarde de su habitual nivel de entrega (Foto cortesía de Job, el del libro de)


Pero no todo aquello relacionado con la senectud es tan negativo en otros planos más desvinculados, quizás, de la mundana planicie por la que diariamente transitamos como pingüinos somnolientos y afectados. 

La vejez, decrepitud camuflada en ridículos pasajes pretendidamente serenos y reflexivos: senos precipitados al vacío, tan susceptibles a ser sustituidos tal cual se tercie por la arrogante insolencia de dos nuevas peritas primaverales. Un rostro por lo general ajado si no se es adinerada y con posibles. Y ni así: incluso esas pencas caen ante la inquisitorial inquina de la madre naturaleza y de la madrastra gravedad. Nada salva a esas gallinas de caldo ante el paredón de la edad, devastación insobornable a la postre, inherentemente rigurosa e imparcial. Eso, debo apuntar ahora que viene a colación, es algo MUY hermoso. No me refiero a los pormenores estéticos del ciclo de la vida, ni al operandi maquiavélico de la bella y cruel línea espacio-temporal, que en su unilateralidad todo nos lo da y todo nos lo quita. No. Me refiero a que mola mucho ver a estas tipas sufrir. Pasarlo mal sabiéndose moribundas y acabadas. La democracia existe, por mucho que los nuevos hippies intenten negarlo. Hay que saber ver más allá de las hostias macanudas que nos han sido asignadas por ley y decreto. La justicia poética, el día de San Martín, y sobretodo el Apocalipsis, que siempre ha sido algo lento que camina por el pasillo de casa en pijama y zapatillas. 

Al tema. 
A la hora de robar a alguien, cualquier persona en su sano juicio intentará siempre atracar a alguien más débil. Me refiero al robo con amenaza, por la fuerza, de barrio. El de toda la vida. Bien. No me imagino a un tipo que no sea absolutamente subnormal robando a un sujeto que pueda salirle, por así decirlo, contradictorio. 

Ejemplo práctico: tú robando al campeón mundial de moai-thai y combate combinado. Un fiera del vale-tudo, un survivor de la arena, tigre de dos patas. Uno de esos que con tan sólo unos calzoncillos de satén serigrafiado y unas rodilleras puede matarte mínimo tres veces.
No, yo tampoco. A eso me refiero. 
Vas a otra cosa.
Y debo decir, para la seguridad de la mayoría, que SI NO SE ESTÁ TOTALMENTE SEGURO DE PODER DOBLEGAR AL OBJETIVO, MEJOR ES DESISTIR. Cuidado con los flacos, que tienen un pronto malísimo. Y también con los tíos bajitos. La mayoría de tipos con estaturas cortas, sin llegar a ser enanos ni tener una paga por invalidez, pueden llegar a tener muy mala leche. Francisco Franco, que dios lo guarde en su hot holy glory hole, era bajito pero bien que puso a los sediciosos en su sitio, madalena en mano. En definitiva, eso: que la pretendida igualdad de condiciones o toda presuposición de ventajas que podamos hipotetizar a nuestro favor en base a presuposiciones infundadas -o, por lo pronto, no certificadas- son movida imprudente

Y sí, caemos en el tópico de la vieja y tú en plan Torete dando el tirón bla bla bla... 
Bueno. Eso está bien, pero hay que ser más-de-visión.   

Como en la parte anterior de esta disertación (véase post inmediatamente anterior), pondremos dos ejemplos prácticos. El primero, robar a una bellísima jovencita de 20 añitos rasantes. El segundo tiene como objetivo una pájara -que no es tu madre, esencial- de más de 50 y con cara de tener algo que te gustaría tener

El primer caso raya en una evidencia que bien conoce la cinematografía de género y producciones directas a video. Vas a robar a una jovencita, le sacas tu chirla, un bofetón si se tercia y hasta ahí todo normal. Pero luego... ah. Ah, amigo mío. Luego reparas en ese par de melocotones doraditos al sol. Miras esa boca llena de posibilidades, de ensanche místico y vaticinios harto felicianos. Miras los botones de su blusa, de su pantalón que clama al buen rollo y a relajarse. Y ya no sabes si robarle la cartera o el corazón.

Amigos míos, es casi extravagante la cantidad de jovencitas que se sienten impresionadas por la virilidad implícita en un hombre armado con una navaja. Les encanta. Se chiflan por los tipos duros, duros y un poco intelectuales. Es decir. Como un Jean Genet pero sin ser un maricón de mierda. Extiéndome: Jean Genet, que era un invertido de la peor calaña, podría haberme llegado a gustar si y solo si:

1. No hubiera sido voluntariamente un pervertido adicto al palitroque patibulario.
2. Si lo hubiera leído (a Genet).
3. Si supiera leer (yo).

Para su desgracia, él nunca hizo un libro con dibujos. Tan preocupado como estaba por saberse en los brazos de marineros turcos y chaperos passolinianos, se cerró así mi puerta para siempre, cosa que en casos como en el de Genet (como era él y todo eso del bar Cosmos y lo de los presidiarios), no solo pasa por "eso", sino también por publicar libros sin dibujos

Bueno, al caso. Que me lío y luego me cuesta mucho hacer memoria.


Le pedimos a la jamba que se saque las botas, pues están casi nuevas y podrían dar de sí. Se agacha, y como dice el señor Chinorri, se le ven las tetas. Bien. Las tetas jóvenes son sin duda un excelente bálsamo para el alma de un hombre que sigue el sendero de la rectitud al que la virilidad invita, una vez ya te has ido por lo menos una vez a putas. Perder la virginidad con una fulana es algo de lo que todo buen padre ha de encargarse. Sigamos, pues, el ejemplo sacro de San José, pero sin llorar.

La tienes ahí y la cervatilla te suelta el monedero y la esclava de su ex. Buen momento para revisar su DNI y preguntarle "¿es acaso este tu domicilio, muchacha?". A veces no responden a la primera, pero para eso tenemos la navaja. Cuando obtenemos una respuesta que resulte veraz, es cuando decimos eso de "pues mira, no te robo pero mañana te pico a casa y te bajas un rato y damos una vuelta que te invito a un porro y te presento a mis colegas". Bien hecho chaval, buen golpe!!! Voilà: he ante tus ojos la madre de tus hijos de la gran puta.

Huelga decir que, en el otro caso (el de la penca pureta), todo se desarrolla con quirúrgica eficiencia. No acabas enamorándote de tu víctima, le robas y punto. Ni hijos, ni hipoteca, ni tener que lavarse los dientes a diario, ni paseos los domingos, ni dejar de beber, ni mentir a tus amigos porque la parienta se pone violenta. Felicidad completa, eso es: pillas la pasta y las joyas. Drogas, putas y si se tercia un bingo con los amigos. Chándales integrales para los domingos ir a comprar el pan como-un-señor. Apuestas en peleas de perros. O de gallos. O te metes la pasta por el culo. Pero sabes que estás escogiendo, y eso es mucho. Eh. Mucho. No te olvides.

Mucho. 



Ana Botella según el ojo sensibilísssimo de Lorenzo Quinn (a sus pies, maestro)


martes 28 de febrero de 2012

COSAS BUENAS Y MALAS DE SER JOVEN MUJER (PARTE I)




Soraya From Beyond (Terrorblaster remix)


Hay ocasiones en que los preludios o cualquier artefacto similar destinado a tal uso (esto es, introducir un tema) no son necesarios o bien pasa que el autor abajo firmante lo elude por la razón que sea. O bien porque considera que no es necesario o bien, como en este caso, considera que lo mejor es entrar a trapo con la cosa, sin concesiones que amilanen el embiste que propulsa al objeto del texto.

Si bien todo el párrafo anterior se caga en sí mismo -negando su propia naturaleza de preludio como razón existencial a todas luces incongruente-, siempre está uno a tiempo de tomar el timón de la nave y de paso, si se es lo suficientemente rumboso, al toro por los cuernos y/o al potrillo por las crines. 

El tema es líquido. Física y metafóricamente. 
Vamos a ello.
Cuando voy a comprar, a un supermercado o donde sea, siempre puede pasar que delante mío haga cola para pagar en caja una mujer con tampones, compresas, papel de WC (que no por genérico resulta incluido, sea más bien por afinidad), desodorante vaginal... Ungüentos del útero. Enseres de higiene íntima.
Como hombre de naturaleza testosterónica y en lo más mínimo atenazado por el fantasma de la homosexualidad -el cual, en estos tiempos díscolos que corren, campa a sus anchas entre la juventud de mano del espectro de las drogas y las revistas de estetismo masculino-, he comprobado a lo largo de mis experiencias de campo que hay cosas por las que no debo preocuparme. Es decir, a pesar de que mi barriga y mi papada y mi ascendente irritabilidad estén totalmente fuera de control, siempre será mi carácter intelectual y mi severa virilidad las que marquen el rictus de mis relaciones íntimas con el bello sexo. Las flatulencias, los sarpullidos más o menos virulentos, la hediondez que a ritmo marcial acompasa a mi decadencia formal, el mortecino tono de la piel que recubre mis graves nalgas, el pernicioso humor tóxico proveniente del interior de mi ombligo: pormenores que palidecen en su pretendido gesto desmerecedor ante la imposición de un efluvio mental incuestionable y de calidad superior. Un devenir perteneciente al mosaico universal de la(s) evolución(ones) humana(s), integrado -como bien es sabido- por individuos en su gran mayoría varones. Y esto es así, por mucho que insistan en su -erróneamente consentido- pataleo genemético. 

Volvamos a la cola del súper: ahí tenemos los dos objetos posibles. El primero, una mujer rigurosamente joven con enseres de higiene íntima. El segundo, una mujer madura -por no decir crepuscular- con idénticos enseres. Amigos: me brillan los ojos precisamente cuando algo tan evidente es capaz de reflejar en ellos el beso del axioma, el beneplácito incuestionable de la verdad, pura y dura, sin ambages ni sofismos. Un abismo es lo que separa la sensualidad implícita que emana una doncella de apenas 20 añitos con un paquete de tampones en la mano, de la repulsión que nos causa ver a una penca de más de cincuenta blandiendo como si nada su pack ahorro de Tena Lady. Voy a tratar de ilustrarlo más profusamente, para aliviar cualquier neblina que pudiera empañar vuestro entendimiento ante tan flagrante y devastador cuadro.

1. Hembra de 20 años. Digamos que tiene un cuerpo meritorio, inspeccionable. Digamos (y es tan solo un decir) que con su sensualidad merece los favores que, a cambio de su capacidad para henchir de júblilo el alma de un hombre, recibirá tanto a titulo educacional como filosofíco como puramente intelectual. Pues bien, dicha joven en edad de merecer porta in da hand un primoroso paquetito con tampones de los pequeños, de los que no son de calibre 45. Ahí lo llevas: nuestra intelectualidad masculina, si bien un tanto magullada por los retruécanos de oscuras voluntades que ciertos movimientos de resentidas han querido "comercializar" como modus operandi acorde con las necesidades de este nuevo milenio, veremos en tan delicada figura un sosiego para nuestras espuelas, melladas y carcomidas de tanto levantar el país. Aroma correcto y poco malicioso, o como decía el grandísimo Salvador Sostres, "vagina que por suerte aún no apesta a ácido úrico"(sic). Observamos que los tampones son pequeños, y por tanto de aquí obtenemos que todavía "no está la goma dada del todo", lo cual anima aún más nuestras voluntades de colmarla de conocimiento viril y sudoroso. No, amigos: no nos da asco pensar en su periodo, no es para nosotros un problema pensar en cómo le va a sangrar la chocha en breve. Todo está bien, en paz, en armonía con el universo. Nuestro paladar no conoce así llaga alguna y estamos igualmente dispuestos a perdonarle esa veleidad que mensualmente supone la menstruación, a modo de condescendencia y de templada aceptación. Le preguntaríamos incluso el nombre, nos interesaríamos por sus maneras de malgastar el tiempo. Todo por gentileza y dadivosidad, aspectos muy propios de nuestro sexo, en pos a una mejor realización de sus objetivos de cara a alcanzar la madurez que, como decía Schopenhauer, nunca es -en la hembra, se entiende- ni completa ni real. Pero a pesar de lo que advertiera el alemán, decidme amigos míos: no es acaso un placer dejarse engañar por una hermosa pícara de culo terso y despreocupados modales, siempre y cuando sea su tersa carne, manque sea sangrante cual crudo bistec, la que nos proporcione ese merecido descanso que aliviará la tensión que descansa históricamente sobre nuestros recios hombros? Qué diablos, pues claro que sí. 

Pero la cosa se jode cuando lo que tenemos delante no es una cachorrilla de apenas la veintena: cuando lo que tenemos delante es algo parecido a nuestra madre pero no es nuestra madre, la cosa vira hacia matices mucho más espesos, barrosos y de opaca ignominia. Vamos: que, como se suele decir, hemos pisado mierda.

Ahí está ella sin ningún tipo de voluntad de retraer en público su comportamiento. Abrazando el tenso retractilado, entre sus huesudos dedos podemos leer "Tena Lady". Compresas con alas. XL. Cosas grandes, enormes, que nos se van a ir por mucho que tires de la cadena. Sabe dios que va a costar lo suyo, mucho, la hostia en monociclo. Vinagre´s on the air. Escapes de orina provenientes de una hucha arrugada y desfalcada de todo bien, miserable y reseca como piedras oscenses afiladas al sol; nada que hacer cuando está todo perdido, puro asco y terror, nada excepto huir y cenar en el bingo y dormir en el coche. Eso, es eso lo que nos espera acaso? Tener que cenar escalopa rebozada in extremis con pimientos verdes salteados en el Bingo y luego dormir en el coche? Gastar dinero en prostitutas? Es cierto -y todo el mundo lo sabe- que las prostitutas alivian cosa fina este grandísimo atolladero de herpes labiales con sus servicios dedicados y esencialmente mentirosos. Los rumanos, inútiles como son para la mayoría de las cosas, cierto es que nos han traído dos de las mejores cosas que actualmente pudiéramos guardar en la caja de herramientas de nuestra alma: la prostitución de menores y el turbofolk. Cómo son de suyos, estos canallas. En el fondo los adoro.  

Sangre revenida y escapes de orina. No, amigos: las mujeres mayores que no son nuestras madres no deben mostrarse como tales (mujeres, no madres). Su condición de "efluviantes", productoras de fluidos hediondos y espesos, ovulaciones de regustos arenosos, desérticos. Su manera de mearse encima. Aquí es cuando uno puede olvidarse de ese estimulante "entre pan y pan, hamburguesa", ya que toda mención que metaforice con elementos culinarios -cuando se habla de mujeres demasiado maduras- puede provocar una arcada de proporciones colosales, de esas que devienen en esguince o desgarro del costillar. Harían falta mil puños que morderse para paliar la histérica pataleta que a un esteta le puede venir encima ante tal despropósito de fondo y forma. Es mucho el dolor, amigos, y aún más la revuelta: una cima aún más escarpada que la que Sísifo tuvo que medrarse día tras día por negarse a vivir en un infierno que, sin duda, debía ser mucho más dulce y considerado que el que en esta diatriba nos ocupa.

Resumen: o matamos a todas las mujeres mayores de 50 que no sean nuestras madres o bien, en un acceso de humanidad sin parangón, las recluimos allá donde no nos obliguen a contemplar espectáculos de tal demencia estética. No así a las jovencitas de hermosos rostros y culos pétreos, que pueden mearse encima y menstruar todo lo que quieran.


Gracias y adelante siempre.