sábado, 14 de julio de 2018

PAISAJES DE TÚ A TÚ (nueva Serie). Primera entrega.


Hola. Hoy os presento una nueva serie de obras gráficas. Esto quiere decir que, a través de una base de motivos comunes (principalmente, conceptuales y estéticos), un número indeterminado de nuevas imágenes —mías, que las he hecho yo— acabarán, eventualmente, por formar un conjunto cerrado y más o menos cohesionado. Los álbumes de cromos funcionan de forma muy similar. Los achaques de la edad, también. La comida china. 

Pues vale. A ver qué quería yo decir. Una serie. Me gusta eso. Tengo varias. Algunas más numerosas, otras no tanto. Esta es nueva. Acabo de empezar. He decidido titularla "PAISAJES DE TÚ A TÚ". Eso se debe, principalmente, a tres motivos.

Primero. Son paisajes.

Segundo. Son paisajes naturales, próximos, fácilmente reconocibles. Es decir, existe la posibilidad de encontrarse en ellos. De tú a tú.

Tercero. Comercialmente, NO puede fallar. Modestia aparte, creo que como título es INMEJORABLE. Fácil de recordar, rebosante de humanidad, honesto en fondo y forma. Juega en la liga de los eslóganes clásicos de toda la vida. Nata de la hostia. Desde luego, todo un acierto por mi parte.

La razón de que me haya decidido a pintar paisajes ciertamente profundos de mi amada tierra, se fundamenta en una inusitada coyuntura de febril optimismo, renovadísimas ganas de aportar y un sentimiento innovador TREMENDO.  Quiero decir, me gusta pensar que en este bellísimo país todavía quedan por descubrir parajes inhóspitos y maravillosos, de ralo carisma, más o menos practicables y, por qué no, de tú a tú. Volver a mirar los horizontes de ésta España nuestra con ojos nuevos, ¿sí? Quiero decir, metafóricamente hablando. Mis ojos son los de siempre, no me los he cambiado. Pero es una cosa que va por dentro: me he dicho a mí mismo "Riot, anda, pinta paisajes", porque ahora que ya estoy entrando en la edad madura necesito reorientar mis motivaciones. Pensar un poco más EN LOS DEMÁS, no sé si me explico. Me digo "si lo porto a dos carrillos, eh, ¿por qué no compartirlo, caramba?". Y así. Por eso he empezado a pintar paisajes. He hecho cuatro, y luego cuando pueda haré más. Va a ser una experiencia muy bonita, creo.

Bueno. Y ya está. Espero que podamos compartir juntos muchos paseos —sumamente afables, a poder ser— por estos bellos, discretos rinconcitos de uno de los países más meritorios y corajosos del mundo entero. 

Y nunca os olvidéis de prestar PERO QUE MUCHÍSMA atención a vuestro alrededor: siempre, si así se quiere ver, estaréis rodeados de un buen montón de pedacitos de Dios. Gente que merece ser conocida. Un melocotonero de amistades al alcance de la mano, latifundios de maizales humanos listos para ser desgranados a base de amor y compasión. De tú a tú. En el paisaje. 


Hasta la próxima y un abrazo muy grande a todos, todos. DE VERDAD.



La Llamada del Alce (El Bierzo)

Shaggy Iceberg (Melilla Simpar)

Ávila's Dream / Nuestra Rotonda Especial

Santillana del Mar (Merendero "Los Tocayos")





miércoles, 4 de julio de 2018

A propósito del GOPNIK ART (o: la Vanguardia Artística REAL pertenece a la derecha Kinki-gutural, y ésta aún no lo sabe)


El Jarcor No Tiene Parangón

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Gopnik es el término que cataloga a una clase determinada de individuos/as, no mayores de 30 años, aparecidos en la Rusia post-soviética. Muy similares a los canis, calorros, kies o kinkis en España, turros en Argentina, flaites en Chile, chavs en Reino Unido o neds en Escocia.

En Rusia, la palabra urbana Gopnik ha sido acuñada para describir a los jóvenes descontentos propensos a la violencia, el incumplimiento de la ley y el abuso de sustancias.
Fuente: Wikipedia



Que vivimos tiempos aciagos, no es ninguna novedad. Han sido, son y por lo pronto serán los primeros pasos de un (quasi)nuevo siglo que, a pesar de habérselas dado de futurista —o eso se nos dejó entrever, si no mal recuerdo, a través de las películas, series, tebeos y novelas Sci-Fi de nuestra infancia ochentera—, más que futuro nos ha traído una forma macabra de regresión post-cultural(ista) generosamente adobada con tintes sádicos, distópicos y esencialmente vengativos.

No voy a entrar más en ningún análisis fuera de lo que hoy me concierne: lo que véis, justo eso, y cómo lo vivís. Ese ES, ni más ni menos, el contexto. Y ahora, una vez sacudida del lomo la responsabilidad de explicar por enésima vez lo obvio, vamos con lo que me ocupa en esta humilde —a la par que clarividente— disertación. Así que, al lío.



EPIC GOPNIK PERFORMANZ VS LA MEDIOCRE DIALÉCTICA (PSEUDO)POSTCULTURAL 

El "arte" de la "performance" (o "arte en vivo", aplicable a escenarios efímeros fundamentados en la manifestación de expresiones corporales con una voluntad comunicacional presuntamente "creativa" y que no, no necesariamente han de estar —aunque podrían estarlo— vinculadas al ejercicio de la danza y/o similares) siempre ha sido una de las más grandes pedorras del arte moderno y posterior. El porqué, viene a ser lo mismo que con el resto pero aún más: campo abierto para la patochada, el esperpento críptico de ínfulas varias y, sobre todo, caldo de cultivo de las más virulentas vergüenzas ajenas —cuyo único e imbatido equivalente se halla en el culmen diarreico del videoarte Post-Fluxus— que, sin duda alguna, ha hecho las delicias de las personalidades más impostadas y antinaturales que han campado —y aún campan, para mayor desgracia— por los páramos creativos de ésta nuestra paupérrima herencia cultural contemporánea. 
     La falta absoluta de originalidad REAL.
     La asfixia de Egos.  Con mayúscula capital, esos que van con nombre propio y paga papá.
     El solemne, inclemente ABURRIMIENTO. Total ausencia de lo verdaderamente necesario.
    

Eso es Desgaste Pseudopostcultural. Supongo que el término resulta suficientemente elocuente. Pasa en las mejores familias, claro: pintura, escultura, poesía, cine, literatura en general que-no-es-poesía... Ya. Obviedades, obviedades. 

Y ahora, veamos LO NUEVO. 

Antes de entrar de pleno en ello, un par de matices previos que considero esenciales:

1. Las manifestaciones artísticas y/o filosóficas propias del talante derechista —ya sean moderadas, extremas o simplemente circunstanciales dentro de la gravedad—, tradicionalmente siempre han adolecido de una pamplinería apabullante: solo en contadísimas ocasiones —y siempre contextualizadas bajo unos severos parámetros de concrección inimitable—, la ideología fascista y/o reaccionaria ha dado algún que otro fruto de considerable interés. Marinetti, Schopenhauer, Céline... Y poco más. Jose Luís Moreno, si me apuras. 

2. Las manifestaciones artísticas y/o filosóficas propias de las clases populares con cierta tendencia al analfabetismo funcional y a la casi total falta de dotes pertinentes a su escala evolutiva (Sapiens-Sapiens, aprox), suelen no ser demasiado dignas de mención. Siempre sale, de tanto en tanto, algún retrasado mental con dotes pictóricas curiosas o un oligofrénico con cierta manita para los mosaicos; ejemplos aislados y poco significativos, en todo caso, si nos atenemos a la tónica histórica imprerante. 

Teniendo en cuenta estos dos aspectos, se hace incluso MÁS urgente hablar de la irrupción de una nueva vanguardia performántica agro-facha que, sin duda, se ha situado de inmediato y por méritos propios —eso pienso yo, faltaría más, que para algo me estoy marcando el presente tordo— en lo más alto de las cotas de innovación creativa: desde las cumbres más celebradas de los movimientos Surrealista y Dadà, nunca se había vuelto a ver un torrente de tal calibre en lo tocante a la agitación social filtrada a través de creatividades rabiosamente nuevas, espontáneas y, ante todo, tremendamente EFECTIVAS. Ni siquiera dignos aspirantes como el Grupo Cobra, los principales accionistas vieneses o apropiacionistas de la talla de Richard Prince o Morimura, jamás llegaron tan alto ni tan fuerte a los nuevos cielos de transgresión artística adelantada a su tiempo. Esto es debido, entre otras cosas, a su mayor o menor pretensión a la hora de llevar a cabo sus historias

Y he aquí, remarco, un punto CLAVE. Porque esto, de lo que hablo, ha pasado SIN MÁS, como la vida misma. Dicho pronto y mal, su pretensión es comparable a la de un matorral de descampado: sin saber muy bien por qué, nace. Y una vez llega a este mundo, hace lo suyo. Las razones, si es que existen, son irrelevantes. Es algo que PASA, que sucede con entereza propia de la misma Naturaleza. Solo que, en este caso, en vez de tratarse de una conjugación bioquímica de microorganismos que un buen día se organizan y emprenden su gran aventura, estamos ante un puñado de jóvenes filofascistas y semianalfabetos —seguramente en paro, provenientes de familias que redefinen el término desestructuración y de carácteres abiertamente gregarios a la par que violentos— que, igual que arraigan los matojos, han creado sin darse demasiada cuenta una de las más grandiosas manifestaciones artísticas de vanguardia vistas en los últimos 100 años. 


Ríete tú del Cabaret Voltaire.



FACHAS EN CHÁNDAL: CÁUCASO, COSMOLOGÍA
Y PORVENIR DE LA TRADICIÓN ORAL


Reconozco que es arriesgado: si bien no puedo (ni debo) negar la inmensa simpatía que me provocan los llamados Gopniks, tampoco es de recibo afirmar en un texto serio —como éste— que dicha horda de iletrados morlocks naturales de la Europa del Este más descompuesta y confundida serán, por así decirlo, eventualmente reconocidos como pioneros de una novísima expresión artística que habrá de marcar un "antes" y un "después" (nótese el uso de comillas sin miramiento ninguno: la cosa, efectivamente, va en serio). Pero, qué cojones, desglosemos un pelín el pifostio manque sea por vicio: 

En primer lugar, y eso es innegable, cumplen las premisas de lo que se requiere a la hora de nombrar a una vanguardia artística como tal, en pleno derecho de facultades y corroborada más allá de planos teóricos (de hecho, aquí no creo que haya plano teórico ni de puta coña, por lo que la práctica resultante deviene aún, si cabe, más real). Y, ¿qué premisas son esas?

01. Expresión lúdica y creativa con intenciones de comunicar una idea, sea individual o colectiva. En principio, sin ánimo de lucro: solo desbocados torrentes de pura pasión sociópata.

02. Originalidad incuestionable y ausencia —como poco, parcial— de referentes estéticos directos. Iconoclastia. Devenires turbios. Quinta marcha, totalmente.

03. Su acción conlleva una reacción real, interactiva y voluntaria por parte del espectador/a: éste/a, a su vez, se muestra VERDADERAMENTE sorprendido: ergo, se genera una pauta insólita en la cognición del sujeto paciente, dando lugar a un nuevo parámetro sociocultural inexplorado. Esto es, creación de nuevas visiones culturales.

Detengámonos un momento en este último punto (03) y, gracias al apoyo de testimonios audiovisuales, veamos como EFECTIVAMENTE el proceder HardBasser de estos jóvenes Gopniks, pioneros de expresión corporal futurista, logran, tan solo siendo ELLOS MISMOS, reacciones mucho más notables que las provocadas por la totalidad de performances —más allá de que sean o no filomaricas— que actualmente pueden darse en cualquier museo, centro cultural o galería de renombre: 
Prostejov's Grand Chavaladah, dejando huella

Vamos a ver: un grupo (numeroso) de indocumentados enmascarados —lo de las máscaras y pasamontañas, ya es un tema en sí mismo—, mancillando lo que encuentran a su paso a base de coreografías lunáticas y zapateados imposibles en clave passepartout, portando chandalada militante y sudaderas con motivos abiertamente anti-sociales, todo ello SIN HABLAR. Asimismo, siempre on the move de forma presuntamente aleatoria y con una clara motivación por el faltonismo y la jodienda sistemático-cachonda de capas bienestantes de la sociedad (propietarios, madres, gente en coche...). Todo filtrado a través de parámetros propios de las ruinas post-comunistas, cráter altamente desatendido en ese pánfilo continente que es Europa. A mí, esto me lleva a la esencia del Dadà más puro y rupturista, pero aún mejor: ninguno de ellos, y eso casi que podemos darlo por sentado, puede permitirse dejar su curro —en caso de que lo tenga, tema peliagudo— para pasarse la mayor parte de su vida jugando al ajedrez. Es decir, estamos ante una vanguardia que, aún y basándose en fundamentos eminentemente artísticos (música, danza, performance de la buena, y hasta un puntito de representación Kabuki con regusto a felpudo chabolero), en ningún momento abandona su noción de causa: la reivindicación de su desfavorecimiento social, su querencia por la violencia, las drogas baratas, el alcoholazo de garrafón y una innegable prestancia coyuntural —ya sea en rotondas, restaurantes chinos, centros comerciales, bocas de metro o descampados trufados de chutas—, nada tiene que envidiarle a los movimientos más destacados de la Historia del Arte socialmente incisivo. De hecho, estoy casi seguro que todo esto mola MUCHO MÁS que el Mayo del 68 y que la Universalización del Flamenquito y el Porno-Terrorismo más sobaquero y la irrupción del postmodernismo en la literatura de aquí y los breakdancings sardanistas, todo junto y multiplicado por tres. Vamos, es que ni le llega a la cremallera de la pernera del chandalamen. 

No sé si me he explicado. Veamos un poco más de lo que digo, para ir reafirmando el concepto:

FP Madness

Noción de espectáculo

Hardest Novecento


Vale.
    Pues eso era. Un poco atropellado quizá, pero la sustancia ahí la llevas.


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El Jarcor No Tiene Parangón II (Spleen)

El Jarcor No Tiene Parangón III (Primus Magnificus)






miércoles, 27 de junio de 2018

LA LEYENDA DE YOVERAK Y SU ABUELO


Hace poco descubrí una leyenda popular, al parecer muy antigua, que me habría sido de gran ayuda por aquel entonces. En realidad, es un cuento —y ya sabéis lo que pasa con los cuentos, con lo que nos cuentan—. Pero entiendo que la consideren más una leyenda popular que propiamente un cuento, ya que su valor metafórico tiene un bagaje añadido de liturgia que lo eleva a un nivel ligeramente superior. Situado en plano religioso, si así se quiere ver. Su mensaje no es solo una ficción que incluye una constatada lectura entre líneas: su aplicación, naturalmente más altiva, abarca niveles más propios del Corpus Social Absoluto que de individuos puntuales con ínfulas didácticas y querencia por la —siempre sobrevalorada— tradición oral. 

La leyenda dice lo siguiente:


Cuentan que, hace muchísimo tiempo, cuando las montañas todavía no habían crecido y las nubes eran apenas gasecillos agitados con ganas de recorrer mundo, un abuelo y su nieto salieron a cazar. El abuelo, un hombre sabio y muy respetado dentro de la comunidad, había tomado bajo su responsabilidad la educación de su nieto, que apenas había empezado a experimentar los espasmos hormonales de la pubertad. El chico se llamaba Yoverak, y ante todo quería que su abuelo se sintiera orgulloso de él. Lo obedecía en todo, observaba sus maneras con gran detenimiento y se aplicaba al máximo en todas sus enseñanzas. Algún día, cuando fuera mayor, iba a convertirse en un guerrero sabio y honorable como su abuelo.
     Esa era su vida, en eso pensaban y a eso se dedicaban: el abuelo enseñaba y el nieto aprendía.

Habían partido de su aldea natal con la primera luz de la mañana, con la idea de llegar a los bosques antes del mediodía. En los bosques vivían todos los animales de la creación. Convivían en equilibrio, el ciclo de la vida se completaba satisfactoriamente cada año. Nuevos nacían, viejos morían. Algunos servían de alimento, otros se dedicaban a abonar con sus heces la tierra para que volviera a brotar la vida, y entre todos mantenían un sistema en harmonía y perfecta interacción.

Cuando el abuelo y el nieto llegaron cerca de la entrada a los bosques, se sentaron al lado de un arroyo y abrieron sus zurrones. El nieto sacó del suyo una mazorca de maíz tostado, un pedazo de carne salada envuelto en pétalos de umalqztlap, y un antifaz dorado. El abuelo sacó del suyo una bota de cuero rebosante de licor dulce,
una navaja, un collar de colmillos, un par de pergaminos enrollados y un carboncillo. 
      Ambos dejaron reposar sus arcos y carcajs sobre la hierba fresca.

El nieto, que no había dicho ni una palabra desde que habían salido, mostraba en el rostro una expresión taciturna. El abuelo, reparando en sus mohines, le preguntó: “¿qué sucede, joven Yoverak?”
 

Sin apenas valor para mirar a los ojos de su abuelo, el muchacho respondió en voz baja: “es que no quiero. Hoy no, abuelo, por favor”.

“Pero, ¿qué me dices, joven Yoverak? ¿A qué se debe tan repentina pereza?”, le inquirió su abuelo, mientras desenrollaba cuidadosamente los pergaminos con ambas manos.
     “Pues eso, abuelo, que no me apetece. Es tan frío el aire de la mañana… ¡Y siempre tengo que estar mucho rato! Si sigo así voy a enfermar, creceré mal y nunca podré llegar a ser un gran guerrero sabio como tú”. Yoverak, que iba vestido con un pañal de cáñamo y un chaleco de piel de lobo, se aferraba a las ropas como si quisiera incrustarlas en su cuerpo y no sacárselas nunca jamás.

El abuelo, que no era ajeno a los temperamentales accesos de carácter de su bienamado nieto, forzó una ligera carcajada. Luego, sin decir nada, colocó frente a él los dos papiros y el carboncillo a su lado. Cuando acabó de situar los elementos en su justo lugar, abrió la bota de licor y se propinó un trago largo. Engulló durante casi un minuto, sin parar, dejando que el ardiente néctar fluyera libremente por su garganta para de inmediato aposentarse en su sedienta tripa. Cuando acabó de beber, sacó de su zurrón un grueso cigarro confeccionado con picaduras de tabaco, escamas de piel seca y cabellos cuidadosamente seleccionados de entre los seis hombres más bellos y vigorosos de la tribu. Lo encendió con una yesca que rascó en la piedra, le propinó una profunda calada. Retuvo el humo durante más de medio minuto. Le lloraban los ojos. Su nieto, que conocía bien el ritual, se sentó de espaldas frente a él. El abuelo, cuando tuvo enfrente de su boca la joven nuca de Yoverak, dejó ir lentamente el humo sobre ella. En un instante, la cabeza del joven Yoverak estaba rodeada de una densa nebulosa blanquecina. Intentó no toser, pero no pudo evitarlo.

“Joven Yoverak… Me decepcionas”. El abuelo, al escuchar la tos ronca de su nieto al verse expuesto a la nube de cigarro, lo agarró del pelo y se lo estiró hacia atrás. El cuello del joven Yoverak se tensó en un arco, al tiempo que sus facciones se contraían por la presión. “Aaah, Yoverak… Así es como tratas los regalos de tu abuelo, despreciando mis enseñanzas más preciadas”.

Yoverak, apenas sin poder mover la cabeza, intentó virar la mirada para encontrarse con la de su abuelo: “abuelo, gran vergüenza me consume, no era mi intención toser el humo usado de tu cigarro… Ruego tu perdón, he sido indigno pero habré de compensar mi falta con creces, cumpliendo tus designios hoy y siempre”.

“Ya veremos, joven Yoverak, si así ha de ser. Entonces, ¿has cambiado de parecer? ¿Ya has vencido a la maligna pereza que ha intentado alejarte de tus sagradas obligaciones?”, preguntó el abuelo, soltándole el pelo como si dejara ir un puñado de espigas después de haberlas desgranado. “Sí, abuelo. He vencido al demonio de la pereza”, contestó su nieto, aliviado por haberse liberado de la presión de aquellos huesudos dedos de Toktamqentzal.

“Pues ya sabes lo que tienes que hacer. Está todo preparado… No perdamos más tiempo, joven Yoverak, porque si no el calor del mediodía nos robará las mejores presas de los bosques”.

Yoverak empezó, pues, a hacer lo que le pertocaba. En primer lugar, se puso el antifaz dorado. Tras quedase completamente desnudo, se mostró por completo frente a la rigurosa mirada de su abuelo. Se puso de cuclillas, dejando sus genitales colgando entre las piernas, y empezó a dar saltitos de rana. El abuelo, que en ese momento ya había empezado a ponerse cómodo y con su collar de colmillos rodeándole el cuello, retomó su cigarro y bebió más licor de su bota, alternando caladas y tragos, mirando fijamente a su hermoso nieto con la mirada atenta del que se sabe al mando de la situación.

“Salta, salta Yoverak. Date la vuelta… Las nalgas. Ábretelas, déjame ver cómo van las cosas por ahí”. Yoverak, haciendo alarde de una obediencia incondicional, se dio la vuelta y se abrió las nalgas con las manos, dejando que la luz del día bañara su esfínter. Movió un poco las caderas, sin soltar las nalgas en ningún momento. Abrió un poco más las piernas.
      “Ah, joven Yoverak… ¡Empiezas a tomar formas de gran guerrero! Cada vez lo tienes todo más oscuro, ¡demos gracias a los dioses de la aldea! ¿Sientes los latidos del corazón en la cabeza de tu pequeña culebra?”

El abuelo, enrojecido por la caricia del agua de fuego, empezó a bocetar sobre el pergamino. “No te muevas ahora, joven Yoverak, porque estoy capturando tu espíritu… Baja un poco más la espalda. Más abierto… Más. Un poco más. No seas perezoso, Yoverak, te lo advierto, o nada de esto servirá para nada”.

Durante un buen rato, el abuelo estuvo retratando a su nieto Yoverak en escorzo. Dado que sus ojos ya no eran lo que fueron en tiempos, el anciano tuvo que acercar su cara hasta prácticamente tocar con la punta de la nariz el ano de su nieto. Tuvo que hacerlo dos veces, quedándose ahí durante el tiempo necesario para captar la esencia deseada. “Joven Yoverak, has de saber que tu fragancia es propia de un espíritu poderoso… El sudor afrutado y acre de los grandes guerreros baña generosamente tu herramienta. Felicidades.”

El joven Yoverak, incapaz de disimular su alegría, lanzó al aire su grito de guerra a pleno pulmón. Luego, abuelo y nieto tomaron un refrescante baño en la parte profunda del arroyo, secaron sus cuerpos desnudos al sol y se dispusieron para la jornada de caza.

Al llegar a la entrada de los bosques, vieron como un cervatillo comía brotes tiernos en campo abierto. Ajeno a cualquier peligro, aquel jovial animalito parecía ser la representación misma de la felicidad en la tierra.

El abuelo, al divisar la pieza, le dijo al joven Yoverak: “ése de ahí. Mátalo”. El joven Yoverak, que conocía bien las leyes de los bosques, se quedó dubitativo ante las indicaciones de su abuelo.
   “Abuelo… ¿No deberíamos dejar que se hiciera adulto? Matar a cervatillos no es bueno para los bosques, pues las crías son las que en un futuro habrán de procrear para mantener el equilibrio de…”

“Que lo mates”. El abuelo cortó en seco el razonamiento de Yoverak, impidiéndole finalizar su argumento. “Mátalo, ya. Dale con una flecha en el muslo. Y luego otra, en el otro muslo. Hay que impedir que escape”. 

Yoverak se quedó patidifuso. No sabía cómo debía reaccionar: su abuelo, sabio mentor y modelo a seguir, estaba pidiéndole que hiciera algo que estaba MAL. Además, ¿en los muslos? ¿Por qué no hacerlo, en todo caso, directamente en la cabeza o en el pecho?

“Yoverak… A ver si nos entendemos”, profirió el abuelo, con tono marcadamente inquisitorial. “Quiero que cojas esta flechita, que la pongas en este arco tan fabuloso que YO, sí, YO te regalé para tu último día del nacimiento, que apuntes a ese hijoputa y que se la claves en el M-U-S-L-O. ¿Sabes lo que son los muslos, verdad? Tú tienes dos bien preciosos, fíjate”. El abuelo, manoseándole y pellizcándole en el interior de los muslos, se acercó a Yoverak tanto que el joven sentía el aliento de su abuelo abrasándole las mejillas. Era caliente, olía a alcohol y jugo gástrico. Yoverak estaba paralizado, su mente y su corazón nunca antes habían estado tan contrariados.

El abuelo, al ver que su nieto no reaccionaba, prosiguió con su diatriba: “Yoverak, Yoverak, Yoveraaaaaak. Me estoy poniendo de muy mal humor. Sabes… Me da la impresión de que no va a ser posible eso del “gran guerrero”, del “espíritu poderoso”… Porque ahora mismo, Yoverak querido, estoy… Estoy dándome cuenta de que eres PEOR QUE UNA MUJER. Coge el arco, Yoverak. Coge la puta flecha, ahora. Quiero… Te EXIJO, como tu maestro y tu respetable, que le claves a ese desgraciado un buen pinchazo en cada pata. En CADA PATA, Yoverak, y más te vale que le lleguen hasta el hueso. Porque, como no lo hagas y eso sea AHORA MISMO, te voy a convertir en una mujer. ¿Sabes cómo se usa a una mujer? No, claro, tú que coño vas a saber, si te bajaron los huevos antesdeayer. Pero ya te enterarás, vaya que sí. Te vas a enterar cada mañana, tarde y noche. Porque como no hagas lo que te digo, te aseguro que no te vas a poder sentar en una canoa en meses, ¿te queda claro? Voy a dejar que te usen todos como si fueras un joxqlamezqtol de fregar chozas. Y adivina. Vas a tener que llevar doble pañal el resto de tu miserable vida, Yoverak, porque me voy a asegurar de que en la boca de tu cueva te quepa un oso a dos patas”. 

El joven Yoverak, que a duras penas lograba contener las lágrimas, miró a su abuelo con los ojos rotos de un adulto. Por primera vez, en su mirada podía descubrirse el pálido velo que, una vez nos amortaja en vida, nos acompaña hasta la muerte, mostrándonos el camino. Esa mortaja, ausente de toda luz y opaca como agua de pantano, había entrado en él como un desfile de ciegos. El frío tacto de la punta de la flecha entre sus dedos, gomoso el arco bañado en ámbar; sus tintineantes testículos de niño hirviéndole, contraídos por los nervios y la crispación del atolladero. Y su abuelo, esperando a que se decidiera a crecer de una vez, o bien convertirse en mujer.

Yoverak tensó finalmente el arco. Apuntó, disparó la flecha y ésta se clavó con una estocada seca en uno de los muslos traseros del cervatillo. El animal, súbitamente atropellado por el dolor, se dobló sobre sus patas delanteras. Yoverak echó mano de su carcaj y extrajo una segunda flecha, que acabó por clavarse en el nacimiento de una de las patas delanteras. El animal aulló de dolor, y viéndose herido de gravedad intentó revolverse en una fallida maniobra de huida.

“¡Ja! Míralo, ¡valiente cabrón!” Grito el abuelo entre gorgoteos de satisfacción. “Se piensa que va a ir a alguna parte, menudos cojones… ¡Yoverak, ven! Vamos a acercarnos, ¡corre! ¡Antes de que se desangre demasiado!” 

Yoverak y su abuelo se acercaron al trote hasta donde yacía el cervatillo herido. Cuando llegaron a su lado, el abuelo empezó a golpearle el hocico con el mango de la navaja. “Mira Yoverak, mira como le chorrea el hocico… Si les das fuerte y seco en el hocico, es para ellos peor que para nosotros una patada en la entrepierna. No lo soportan, ¿sabes? Mira, mira como se le arruga… Toma, prueba tú”.

Yokerak cogió la navaja por la hoja y, tras unos instantes de indecisión —que rápidamente fueron señalados por el ceño fruncido de su abuelo, a modo de último aviso—, empezó a golpear el hocico del cervatillo. Cada vez que le asestaba un golpe seco en la punta, el cervatillo emitía un sonido gutural profundo, ahogado. Sus ojos se licuaban hasta dejar caer las lágrimas. Yokerak, en algún momento, empezó a golpear con cierta noción musical: ta, ta-tá, tat-ta-tá, ta, ta-ta-tá… El abuelo, que de mientras iba revolviendo la flecha dentro la herida de la pata trasera, estalló en una sonora carcajada.

“¡Muy bien, chico! Así se hace, ¡con ritmo, joder! ¡Dale con la punta afilada, a ver si le gusta! Vamos a ensancharle las fosas al mamonazo, ¿qué te parece?”

Y así fue como pasaron el día, Yoverak y su abuelo, justo en la entrada de los bosques. Estuvieron hasta que la tarde se volvió naranja: el cervatillo había muerto horas antes, pero ellos encontraron variadas formas de aprovechar el material.

De mientras, en su aldea natal, el ejército de colonos ya había acabado de masacrar diligentemente a todos los hombres adultos, disponiéndose a violar a las mujeres y esclavizar a los niños.

Fin.

lunes, 18 de junio de 2018

EXTRACTO 22: EL GRAN SECRETO DE CÁNOVAS DEL CASTILLO (Exclusiva)


Don Cánovas en Frescura (imagen de archivo)

"Desde los históricos criptogramas (originalmente llamados umbrales) de los Sumarios Reales atribuidos a la II Dinastía Ab-Ruiz Montornés (ubicada en algún momento entre los años 1208 y 99 a.C), no se habían detectado literaturas ocultas bajo un sistema tan sofisticado e intrincado como el usado (¿y acaso creado?) por Don Cánovas. Esto es, y valga como prístina asunción teórica oficial y consensuada unánimemente por los especialistas aquí presentes: de la primera a la última página de su obra, las palabras (y, más concretamente, las letras) se extienden a lo ancho y largo de los muchos párrafos que componen su discurso escrito, llenando así la totalidad de páginas comprendidas en cada volumen. Esto, no nos engañemos, pasa casi en todos los libros y obras impresas basadas mayoritariamente en textos. Ahora bien. En el caso de Don Cánovas, si reordenamos un número suficiente de letras incluidas en su obra bajo reglas de riguroso cumplimiento, antes o después obtenemos un mensaje que se va dibujando como una constelación de trazado casi quirúrgico. De la misma forma que el impecable mecanismo de un reloj: una vez éste se pone en marcha, se somete automáticamente a un pulso de parámetros matemáticos de indeleble prestancia, señoriales al máximo, tal y como cabría esperar de una mente tan espectacularmente lubricada como la de Don Cánovas. Tal y como el segundero mueve al minutero y éste mueve a su vez la manecilla más corta (que, por eliminación, es la encargada de apuntar las horas), la impactante excelencia criptográfica de Don Cánovas nos va guiando por entre delicadísimos entresijos a seso y fuego hasta llevarnos, en el mejor de los casos, a la obtención de un mensaje nuevo, completo en fondo y forma."


(Extracto del Extracto 22, documento inédito originalmente hallado
en [clasificado] y expuesto a la luz en este blog por vez primera). 



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EXTRACTO 22 (COMPLETO, REPRODUCCIÓN FOTOGRÁFICA ORIGINAL):





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domingo, 10 de junio de 2018

DA CUCUTRASH // Couché Nightmare 09062018


Amphetamine Refugee

Ángulo Muerto

Esto va a salir F-E-N-O-M-E-N-A-L

Hardest Pitote (Da Cucutrash)

Razorback de Henares

Headshot

La Higiene Amorosa de Antaño

Madre Soltera (Nivel: 3)



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martes, 24 de abril de 2018

EL CONTINENTE BALDÍO (Geopolítico)



EL CONTINENTE BALDÍO (Geopolítico).


Collage y Mixta sobre papel. 34x46,5 cm. Abril 2018.


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apretando nuestros ojos sin párpados, esperando que llamen a la puerta

T.S. Eliot, La Tierra Baldía (II: Una partida de Ajedrez). Fragmento.